Hoy el mundo es mucho más feo, más oscuro y sobre todo más triste. De pronto hoy es un día como para no levantarse, para no aceptarlo. Ha muerto Concha Caballero. Concha era una persona luminosa, de las que llenan todo un mundo. Concha era una sonrisa inmensa y positiva, capaz de tirar ella sola para adelante con lo que fuera. Una luchadora comprometida y una amiga protectora y leal. Acaban de darme la noticia y se me acumulan las imágenes. Los días enteros en su casa de Palomares disfrutando del arroz de Antonio y de una charla inacabable. Concha siempre tenía la opinión más acertada sobre la actualidad política, la solución más mesurada. A pesar de sus muchos años de militancia comunista, o quizás por eso, era una persona abierta, ajena a cualquier totalitarismo, llena de imaginación. Apostaba siempre por lo más nuevo, lo más diferente, los más jóvenes. Concha era profundamente progresista. Feminista. Andalucista hasta la médula. Sus amigos y sus adversarios del período en que actuó como portavoz de izquierda unida en el Parlamento la recordarán siempre por sus maneras dialogantes y su forma cariñosa y respetuosa de defender a muerte sus ideas. Sin concesiones, pero sin lastimar nunca a nadie. Supo retirarse de la política sin estridencias. Volvió a su instituto y se volcó en sus clases con una pasión absoluta, como todo lo que hacía. Se centraba en cada uno de sus estudiantes, en sus vidas y sus problemas con la misma pasión con la que antes dedicaba sus días enteros al parlamento o a la política. Era una persona buena. De lo mejor que ha dado nunca Andalucía. Alguien que no podíamos darnos el lujo de perder. La única que no debería haberse ido. Sus amigos no vamos a superarlo y su alegría nos va a faltar ya para siempre.