Con los buitres ocurre como con el colesterol, que los hay buenos y los hay malos. Los 13 que la Consejería de Medio Ambiente de Andalucía  ha cedido a Francia para su reintroducción en los Pirineos son de los primeros. Los que han comprado al Ayuntamiento de Madrid miles de viviendas sociales construidas con dinero público y están expulsando a sus inquilinos son de los segundos. Buitres buenos, buitres malos. Entre los buitres buenos hay peligro de extinción y entre los malos hay peligro de sobrepoblación. En esta foto, la consejera andaluza de Medio Ambiente, María Jesús Serrano, está acariciando un buitre andaluz y ¿ven? no pasa nada: es un buitre bueno. Es un buitre pero parece un bebé asustado o un cachorro desvalido esperando que le hagan arrumacos; si la consejera estuviera, en cambio, acariciando un buitre madrileño se le habría borrado rápidamente la sonrisa. Ñam, ñam, una política menos y si es socialista, mucho mejor. Las autoridades saben qué hacer para evitar la extinción de los buitres buenos, pero no saben cómo diablos evitar la sobrepoblación de los buitres malos. Es uno de los problemas que arrastramos desde que estalló la crisis y que no sabemos resolver, con el agravante de que los buitres buenos solo comen carne muerta mientras que los malos solo comen carne viva, preferiblemente familias pobres que no llegan a fin de mes para pagar el alquiler. Necesitamos con urgencia una política medioambiental lo bastante audaz como para espantar de una vez por todas a los buitres malos. O acabamos con ellos o acabarán devorándonos. En realidad, ya lo están haciendo. Desde hace siete años. Ñam ñam.