De entre mis traumas infantiles destaca el de no haber podido ver en su día el estreno de La Túnica Sagrada (Henry Costner, 1953), una estupenda película de romanos que se estrenó con el sistema de Cinemascope y que llegó a mi pueblo a mediados de los cincuenta, estando en su cima el género (Quo Vadis?, Rey de Reyes, etc.) que una década después, con el primer apogeo de la televisión, se instauró definitivamente en la Semana Santa, hasta el punto de que no había Pascua Florida en que las parrillas de TV1 y TV2 primero y luego las de todas las cadenas privadas en abierto y de pago no se llenaran de títulos bíblicos y del género que más o menos casaban con las celebraciones litúrgicas; antes de abandonar la abstinencia cuaresmal, se observaba un luto lúdico, por estar el Señor muerto, y ni La Rosa del Azafrán cantábamos en casa; solo el desahogo de la música clásica y del canto gregoriano. Luego, tras la ilusión jacobina de los setenta, cuando estuvo a punto de no salir más de una cofradía y sus titulares a procesionar por culpa de los costaleros sindicalizados y de sus elevadísimos cachés, las aguas volvieron a sus cauces y se produjo la reinvención popular de la Semana Santa, hasta el punto de que relevantes personajes de la política de izquierdas como el presidente castellano manchego y luego de las Cortes, José Bono, se confesaban cristianos practicantes, y luego mucho más recientemente, Susana Díaz, presidenta andaluza, ejerce de trianera total y, en consecuencia, de partidaria de la Semana Grande. En la Red circula una foto suya con varal de mando y mantilla, de concejal, junto al torero mediático y adicto al famoseo Fran Rivera Ordóñez, desfilando procesionalmente por las calles de Sevilla. El caso es que el pasado miércoles tuve ocasión de revisar Ben-Hur en Canal+ y de someter a mi próstata a la prueba de asiento de la que en su estreno en cines se nos eximía, al dividir la proyección en dos mitades de hora y media con la preceptiva pausa mingitoria y/o del ambigú. Bueno, pues yo en casa guardé la abstención urinaria y debí ganarme un anticipo del Cielo porque me porté como un campeón contra todo pronóstico, abducido como llegué a estar por la magia de un Charlton Heston en su mejor forma juvenil y, además, inflamado por la misma llama de amor viva que, en su día, hizo arder de lo mismo a Teresa de Jesús, también hebrea, hace ahora 500 años. El film de William Wyler me pareció absolutamente demodé aunque conserva la majestuosidad de sus movimientos de masas y de unos decorados que, no por la evidencia de su cartón piedra, dejaban de agradar a los espectadores. Cómo sería la eficacia del melodrama, que me simpatizó la historia de los paleocristianos cutres y llorones y me sorprendí a mí mismo haciendo pucheros cuando Jesús le cura la lepra de cinco años a la madre y a la hermana del joven Ben-Hur, solo por haber pasado a su lado con la cruz a cuestas. Luego me reprendí a mí mismo por la debilidad y prometí informar a Susana para ver si me explica, desde su religiosidad sociológica, el misterio en virtud del que se me abrieron las carnes y se me pusieron andaluzamente de gallina. Aunque lo que más me preocupa es que lea esto Cospedal, tan adicta también a la toca-mantilla y a la teja de Parasceve, y le crezca el argumentario de cabecera para apaciguar meapilas desconcertados, y vayan a la asamblea de los 600 con Rajoy y les aumenten los ánimos y la autoestima frente a Podemos y a Ciudadanos y a las secuelas de la Gürtel y luego se la peguen tan gorda, que no tengamos derechona a la que vencer por culpa de Jesucristo bendito y Ben-Hur y del jefe de programación de Canal+ y la madre que los parió respectivamente. Y el Jueves Santo comiendo con mi amigo Miguel el Curica, granadino irreductible y eurcomunista numantino, me confiesa que él también ve muchas pelis de romanos y me corrige el dato de la madre y hermana de Ben-Hur, que no las libró del calabozo sino de la Ciudad de los Leprosos, a dónde habían sido trasladadas por orden del tribuno Mesala. Dice que él también se emociona con esas pelis porque son mu bonicas y que esté atento porque el Viernes Santo echan Los Diez Mandamientos . No me la pierdo; ya os contaré...