La campaña electoral de Andalucía nos ha dejado a todos exhaustos: a los líderes, exhaustos de hablar y a los ciudadanos, exhaustos de escuchar. Han sido 56 días agotadores. No 15, sino 56, pues desde que el Susana Díaz anunció oficialmente la convocatoria anticipada de elecciones todo ha sido campaña electoral. A partir de ese día no hubo argumento, reproche, promesa o convocatoria que no llevara el inequívoco sello de la campaña electoral, en cuyo tramo final la periodicidad en la emisión de los mismos mensajes se acorta tanto que la audiencia queda inevitablemente saturada, como ocurre con esos anuncios de la radio que se oyen con gusto los primeros días pero se acaban odiando al cabo de unas semanas de machacona repetición. Pero lo que cansa al publico en general no cansa a los fieles seguidores en particular, que han respondido atentamente a la llamada de sus líderes, conscientes de la importancia crucial de la cita andaluza de mañana. NO HA SIDO UNA CAMPAÑA SUCIA Al contrario de lo que hubiera podido pensarse inicialmente, la andaluza del 22M no ha sido una campaña sucia. Las habido mucho más en el pasado. En otras ocasiones ha habido insultos y mentiras de mucho mayor calado y los partidos hasta se han denunciado a los tribunales unos a otros. Esta vez la única –y extravagante– denuncia ha sido la presentada por Moreno Bonilla contra Susana Díaz a raíz de una información publicada por este periódico donde se detallaba por qué la administración educativa rechazó, como había denunciado el propio Moreno, la petición de plaza escolar del líder del PP para sus hijos, escolarizados finalmente en un exclusivo centro privado de educación segregada y fundado por los Legionarios de Cristo. Se han dicho palabras muy duras, pero rara vez personalizadas. Los partidos han hablado de casta, de robo, de saqueo, de corrupción, de venalidad, de clientelismo… pero apenas señalando con el dedo a nadie con sus nombres y sus apellidos. Quien llegó más lejos en sus acusaciones personalizadas fue, sorpresivamente o quizá no tanto, el exfiscal anticorrupción Jiménez Villarejo, que en el mitin de Málaga citó expresamente a los expresidentes Chaves y Griñán para decir a los presentes, a propósito de los ERE: “Estáis gobernados por una casta que ha hecho del delito su instrumento para gobernar” POCAS IDEAS PERO MUY REPETIDAS Los analistas y también los ciudadanos suelen quejarse de que los partidos ofrecen pocas ideas o que hay poco contraste de propuestas en las campañas electorales. Es cierto, pero también lo es que rara vez una propuesta concreta logra abrirse paso hasta la cima de la página y convertirse en titular: en realidad solo lo consigue cuando nadie se toma muy en serio la promesa –véase Mariano Rajoy y su millón de empleos– y pocas veces más. Por lo demás, cuando se observa con atención cuáles son las ideas centrales de los programas electorales se advierte en ellos un asombroso parecido donde las diferencias son más de grado y de entonación que de fondo y de contenido. En la izquierda se propone aproximadamente lo mismo: financiación pública y blindaje jurídico de la sanidad, la educación y la dependencia; reformas institucionales que garanticen la transparencia en las cuentas públicas; sobriedad en los sueldos de los altos cargos; alguna forma de banca pública; alguna forma de progresividad fiscal; leyes para impedir los desahucios… En la izquierda todos son socialdemócratas, tanto lo que lo saben que lo son como los que no. Y tampoco en la derecha las diferencias pueden ser grandes porque la derecha está casi toda en el PP y éste suele tener pocas diferencias consigo mismo. A veces le ha ocurrido, como sucedió con el aborto, pero rara, muy rara vez. DE REPENTE, OTRO PARTIDO Pero la verdadera novedad de esta campaña no ha estado en los programas ni en las promesas, sino en el número de contendientes. Esa ha sido la novedad. Cuando Díaz anunció la convocatoria, los actores en liza eran estos: PP, PSOE, IU, Podemos y UPyD. El Partido Andalucista ha venido intentando hacerse un hueco, pero no lo ha conseguido. Unas semanas después el número de actores era el mismo, pero UPyD había sido súbita y casi mágicamente sustituido por Ciudadanos. ¿Qué había pasado para que un partido prácticamente desconocido se abriera espacio en el competitivo mercado electoral andaluz? La respuesta es fácil de resumir: nadie lo sabe. Ni siquiera quienes viven de saber estas cosas. Lo único que se parece saberse es que Ciudadanos se alimenta de la franja más moderada del PP y que su futuro en Andalucía y en España es una (interesantísima) incógnita. LÍDERES Y SIGLAS Y esta ha sido también, dicho sea con las debidas precauciones, la campaña de los nombres propios más que la campaña de las siglas. En el Partido Socialista, sin ningún género de dudas. El PSOE andaluz se llama Susana. No Susana para los amigos y Díaz para los demás: no, Susana para todos. Su nombre y su persona han sido la gran baza socialista, aunque su doble tropiezo en los debates televisivos ha restado fulgor a su hasta entonces arrolladora figura. A su manera, el Partido Popular también ha intentado que el foco de su campaña estuviera personalizado en Juan Manuel Moreno, llamado y rotulado siempre 'Juanma'. Finalmente no ha cuajado la imagen de una confrontación personalizada en Juanma/Susana-Susana/Juanma, como hubiera querido el PP. El PSOE no estaba dispuesto a iluminar las sombras de Moreno con la luz de Susana. Incluso en IU, poco dada a los personalismos desde el largo adiós de Julio Anguita, la balanza de la campaña se ha inclinado al final hacia Antonio Maíllo. En verdad, debería haberlo hecho mucho antes, pues Maíllo ha demostrado ser, personalmente, un candidato atractivo en términos de mercadotecnia televisiva y electoral, tan decisiva en una campaña. SIGLAS Y LÍDERES Y también en Ciudadanos y Podemos los nombres han pesado no menos que las siglas. En el primer caso, sin ninguna duda: si a Ciudadanos se le resta Albert Rivera y sus solventes y resultonas apariciones televisivas, se queda casi en nada; no en Cataluña, pero sí en Andalucía. ¿Será capaz de volar solo sin Rivera después del 22M? ¿Podemos es Pablo Iglesias? Desde luego que no. Pero sin Pablo Iglesias Podemos no habría llegado a ser Podemos. Su desaparición de la escena política no tendría en relación a su partido el mismo efecto que la de Rivera en relación a Ciudadanos, pero sigue siendo la imagen de marca de Podemos, su más telegénico y eficiente logo. En pura lógica de estrategia de campaña no se entiende mucho que no haya venido más a Andalucía: tal vez las razones son meramente económicas, dado que Iglesias llena los velódromos y pabellones a los que acude, pero contratar esos espacios es muy caro y Podemos no tiene dinero para hacerlo.