El célebre endecasílabo de Quevedo parece escrito para describir lo que está pasando, y no como mero recurso literario o retórico, sino como definición casi matemática de la velocidad a la que están transcurriendo las vicisitudes de la política española. Lo que ayer era verdad hoy ha dejado de serlo, y lo que hoy lo es mañana puede que no lo sea. [cita alineacion="izquierda" ancho="100%"]PABLO[/cita] Ayer apenas, Pablo Iglesias era el rey pero de pronto ha sido relegado a un segundo plano que, visto su tono desabrido y oídas sus palabras broncas de este martes, el líder de Podemos no esperaba. Pero que no desespere: el siguiente verso del metafísico soneto de Quevedo es ‘hoy se está yendo sin parar un punto’. [cita alineacion="izquierda" ancho="100%"]MARIANO[/cita] Ayer apenas, Mariano Rajoy se creía el más hábil de los líderes, un tipo astuto que sabía medir sus tiempos como nadie. ¿Intentar la investidura? No, no, que lo intente el señor Sánchez, que tanto lo desea y tantos apoyos cree tener. La astucia ratonera y ventajista del presidente le ha jugado hoy una mala pasada. Pedro Sánchez ha salido a la plaza a enfrentarse al toro de la investidura mientras que el diestro que encabezaba el cartel se ha quedado en los tendidos fumándose un puro y, de paso, avergonzando a sus perplejos seguidores. No obstante, eso es hoy; mañana, ya veremos. Si Sánchez fracasa en su intento, será el momento de Rajoy y puede que entonces sí se decida a hacer lo que no ha hecho ahora. [cita alineacion="izquierda" ancho="100%"]PEDRO[/cita] Ayer apenas, Pedro Sánchez era un muerto viviente y hoy se pasea fresco como una rosa por los Madriles. El líder socialista se ha venido arriba tras el encargo del rey para formar Gobierno: ha guiñado el ojo a Ciudadanos, ha sentado a Podemos en la sala de espera y ha tranquilizado a los suyos. Quienes en su partido quieren matarlo han guardado las navajas cabriteras: no para siempre, pero sí de momento. No es probable que Pedro consiga ser presidente, pero el hecho de intentarlo sin hacer disparates puede reforzarlo internamente. Recuérdese que el público no solo admira al ganador del partido: también aplaude y ensalza al que lo pierde habiendo hecho todo lo que estaba en su mano para ganarlo. Sánchez puede perder el gran partido de la investidura y aun así cosechar el reconocimiento y la admiración del público. [cita alineacion="izquierda" ancho="100%"]ALBERT[/cita] Ayer apenas, Albert Rivera arrastraba sus 40 diputados por los corredores del Congreso como los fantasmas arrastraban sus cadenas por las lóbregas galerías de un viejo castillo, y hoy en cambio es otra vez un caballero de brillante armadura. Al girar el rey Pedro su mirada hacia Albert, quien ayer era ‘sesgo alfil’ o 'peón ladino' se ha convertido hoy en ‘torre directa’, que podríamos decir saqueando un soneto de Borges sobre el ajedrez. Todos pensaban que para Rivera era malísimo que se repitieran las elecciones, pero lo cierto es que sumados los errores de Rajoy con sus todavía conjeturales aciertos bien pudiera ocurrir que una nueva cita con las urnas no lo hundiera, sino más bien todo lo contrario. [cita alineacion="izquierda" ancho="100%"]ALBERTO[/cita] Ayer apenas, Alberto Garzón era un indigente con un millón de votos al que Pablo Iglesias no desdeñaba darle una limosna porque a fin de cuentas siempre fue buen chico, solo que ha tenido mala suerte. Hoy, en cambio, si juega bien sus cartas y llega a cerrar algún tipo de acuerdo con el Partido Socialista, Izquierda Unida dejará de ser percibida como una menguada y pesarosa familia al borde desde desahucio, al tiempo que el margen de Pablo Iglesias para ponerse de nuevo caritativo con Garzón y estupendo con Sánchez se habrá reducido drásticamente. Todo eso ocurría ayer y todo esto ocurre hoy. Pero, ciertamente, mañana aún no ha llegado. En realidad, aunque las elecciones fueron hace más de 40 días el partido propiamente dicho no comenzó hasta ayer. Quedan, pues, muchos minutos por delante.