En el mismo rasero ha situado hoy Javier Arenas los insultos que se profieren a Andalucía -habitualmente realizados por dirigentes de su formación- con los que recibe su partido. El líder del PP-A ha afirmado que "No vamos a permitir ni a dejar sin contestar ningún ataque a Andalucía, ni tampoco ningún ataque a España, pero tampoco vamos dejar sin contestar ningún ataque al PP".

De estas manifestaciones cabe deducir que para Arenas es similar un ataque o una ofensa contra los andaluces que una crítica política a su formación. Algo lógico en su pensamiento si se tiene en cuenta que cuantas veces Andalucía o los andaluces han sido blanco de vejaciones verbales por miembros del PP, en esas mismas ocasiones el dirigente popular ha guardado silencio y solo en contadas ocasiones ha pedido que se silencien los ataques. Esta actitud contrasta con la tremenda celeridad que demuestra cuando se critica la política de su partido. En este último caso la respuesta es rápida y contundente.

Esta actitud es propia de aquellos que, entregados profesionalmente a la actividad política desde décadas, por no decir desde siempre y durante toda una vida, consideran el partido como el patrimonio que mejor hay que guardar. Una línea propia del pensamiento único que ve en el partido no solo una unidad de destino sino el todo absoluto: el pasado, el presente y el futuro personal.

A Arenas la defensa de Andalucía no le implica ya ningún beneficio personal. Su reino no es de este mundo del sur. Su futuro político, si lo tiene, es en Madrid. Y los réditos personales los encontrará en la defensa y salvaguardia de la imagen de su formación. Es la política mezquina frente a la gran política de los intereses de un territorio y de sus ciudadanos.

 

* Juan Luis Valenzuela es Coordinador de ELPLURAL.COM en Andalucía

jlvalenzuela@elplural.com