Jerez de la Frontera, viernes 28 de septiembre. Pablo Casado: “Necesitamos un nuevo gobierno en Andalucía, tenemos que cambiar la red clientelar que han creado [los socialistas]”.

Sevilla, sábado 29 de septiembre. Inés Arrimadas: “El clientelismo, la sensación generalizada de que o tienes el carné de un partido o no puedes tener más oportunidades en la vida, es algo que lastra el futuro de esta comunidad”.

Aunque en realidad nunca se fue del todo, ante la inminencia de las elecciones andaluzas regresa con renovados bríos a la agenda política el fantasma del clientelismo como causa primera que explicaría el gobierno ininterrumpido del PSOE durante los últimos 36 años, que serán 40 si los socialistas vuelven a gobernar.

Una anomalía

El presidente nacional del PP, Pablo Casado, reformulaba así el antiguo reproche del ‘voto cautivo’: “Es inédito y una anomalía que en Andalucía siga gobernando el PSOE tras 40 años de nefasta gestión. ¿Qué pasa, que los andaluces sois de peor condición y no tenéis capacidad de probar otras siglas políticas, otras ideas sociales?”.

La desafortunada formulación de Casado tenía su inmediata réplica de la presidenta de la Junta, Susana Díaz, que exigía al líder del PP que pidiera disculpas porque “a través del insulto y la ofensa” nunca se ganaría la confianza de los andaluces.

Con ese punto de sobreactuación propio de los futbolistas cuando simulan teatralmente un dolor insoportable tras la entrada de un contrario, otros dirigentes y cargos socialistas se irían sumando a lo largo del viernes y el sábado a las críticas de Díaz a Casado, a quien a su vez salían a defender los suyos con el presidente regional Juanma Moreno a la cabeza.

¡Así no se ruge!

Casado y Arrimadas recordaban sin pretenderlo a los protagonistas de aquella polémica relatada por Carlos Luis Álvarez ‘Cándido’ en la que los contertulios de cierto café de Oviedo discutían con fiereza sobre si los leones rugían hacia dentro o hacia fuera. 

Cuando, algún tiempo después, un circo llegó a la ciudad, uno de los polemistas se acercó a la carpa para azuzar a los felinos, cuyo rugido no era como él y los suyos habían teorizado, sino como sostenían sus adversarios, ante lo cual, ni corto ni perezoso, le espetó al león: “¡Así no se ruge!”.

Lo que Casado con sus palabras y Arrimadas con las suyas han venido a decirles a los electores andaluces es algo parecido: “¡Así no se vota!”.

De Escuredo a Griñán

Ciertamente, la primera victoria socialista en Andalucía fue hace 36 años, en 1982 con Rafael Escuredo como cabeza de cartel, de manera que, si el PSOE vuelve a gobernar tras las próximas elecciones, habrá cumplido 40 años ininterrumpidamente en el poder. De los 36 años de gobierno, ocho lo fueron en coalición con el Partido Andalucista (1996-2004) y tres con Izquierda Unida (2012-2015).

A los detractores del ‘régimen andaluz’ habría que preguntarles cuántos años exactamente se debe haber gobernado sin interrupción para poder ser acusado de ganar las elecciones gracias al clientelismo: ¿si son 36 años como en Andalucía la acusación es legítima, pero si son 31 como en Castilla y León ya no lo es?

Es obvio, en efecto, que Andalucía es la única comunidad española donde no ha habido alternancia. Menos obvio es el por qué de esa hegemonía que a punto estuvo de truncarse en 2012, cuando el PP de Javier Arenas venció al PSOE de José Antonio Griñán, aunque una coalición de la izquierda le vetaría el ansiado acceso a San Telmo.

Por un puñado de votos

Aunque con formulaciones distintas –voto cautivo, régimen…–, las redes clientelares han sido desde finales de los años 80 la explicación preferida de la derecha para justificar sus derrotas en Andalucía.

Paradójicamente, cuando con mayor resentimiento se manejó el argumento del clientelismo fue tras aquel 25 de marzo de 2012 en que Arenas se quedó a solo cinco escaños de Griñán: 1.567.207 votos populares frente a 1.523.465 votos socialistas, que sumados a las 437.445 papeletas logradas por la Izquierda Unida de Diego Valderas trocaron en pesadilla el sueño popular. Aun así, entre 2008 y 2012, el PSOE se había dejado en el camino nueve escaños y medio millón de votos.

La decepción del PP se tradujo en innumerables invectivas lanzadas desde los medios conservadores, que desempolvaron sin complejos el argumento del voto cautivo que con tanta cautela se habían guardado para no ofender a quienes habrían de llevar a Javier Arenas a la Presidencia de la Junta.

Pensadores temerarios

Habría bastado con que unos pocos cientos de miles de andaluces más de los que lo hicieron hubieran votado debidamente para que Andalucía diera un salto de gigante en la consideración de los analistas, sociólogos, articulistas, pensadores e intelectuales orgánicos e inorgánicos de la derecha española: Hermann Tertsch, Salvador Sostres, Pedro J. Ramírez, Ignacio Camacho, Antonio Burgos, Santiago González, Emilio Campmany…todos ellos desempolvaron en pocas horas el vil armamento de antaño para explicar lo sucedido.

Uno de los cráneos privilegiados del periodismo andaluz explicaba aquella amarga derrota tirando de artimética: “Si se hace el ejercicio de dividir el número de votos del PSOE en las últimas elecciones por cuatro –término medio de una familia–, saldrá muy aproximadamente el número de aquellos que viven de alguna manera del presupuesto público”. La cita es literal.

Era 2012 pero podría haber sido hoy. Las derechas se veían dolorosamente obligadas a rescatar su tesis de toda la vida: los andaluces seguían siendo unos paniaguados dedicados en cuerpo y alma a vivir a costa de la España que trabajaba como había que trabajar, emprendía como había que emprender y, sobre todo sobre todo, votaba como había que votar.