Cuando en los años sesenta (ay) del pasado siglo, coincidía yo con Rojas Marcos y otras futuras figuras de la política española posterior en la Universidad de Sevilla (González, Guerra, Aumente, Castilla del Pino, Rubiales, ambas dos Hermosínes, etc.) nadie se podía figurar que la  imagen y el proyecto político de Alejandro iban a caer tan abajo.  No digo tan "bajos" porque ello implicaría desestima y desprecio que nunca les tuve ni a aquella ni a este. Adornaban a Rojas Marcos varias prendas propias de los políticos con futuro en aquel momento clave y revuelto para nuestra historia andaluza y nacional: cabeza bien amueblada,frente despierta, mirada soñadora, piquito de oro atiplado en un agudo agradable y suavemente meridional, vivacidad mental y un amor sincero del que nunca dudé por España y por Andalucía. Resumidas esas premisas ¿qué puede explicar la agonía y muerte de la formación que él fundó y que en 1979 llegó a ser segundo partido andaluz ex-aequo hasta acabar con su autodisolución del pasado miércoles, en Sevilla, con el protagonismo absoluto del que fuera primer Secretario General? En aquellos primeros comicios tras la muerte de Franco (15-06-77 a Cortes Constituyentes; 06-12-78 a Referendum Constitucional; 31-01-79 a Segundas Elecciones Legislativas y 29-02-79 a Primeras Elecciones Municipales) el  Partido Socialista de Andalucía (Andalucista) fue el segundo partido más votado en las Municipales granadinas y el segundo en las sevillanas, lo que provocó el trueque de Granada por Sevilla donde accedió a la alcadía andalucista Luis Uruñuela, compañero de Felipe González en el bufete laboralista que ambos compartían con el también andalucista Luis Uruñuela, mientras que Arturo González Arcas (PSA) siendo el más votado en Granada, tuvo que ceder la alcaldía al socialista Antonio Jara, segundo en la lista (PSOE) tras un brevísimo periodo de Antonio Camacho que fue quien la había encabezado en primera instancia. Convendría que Alejandro recordara que fue su iniciativa por gobernar Sevilla a cualquier  precio lo que provocó lo que el electorado granadino entendió como un cambalache contra la voluntad popular que además vino a consagrar la figura de Antonio Jara como un gobernante dinámico granadino que puso en orden las arcas municipales con diversas iniciativas a favor de la ciudad y de la ciudadanía granadinas  y, al fin del primer mandato municipal, Amparo Rubiales y Víctor Pérez Escolano en Sevilla y José Miguel Castillo en Granada abandonaron el Grupo Municipal Comunista y se integraron en el Socialista mientras los andalucistas empezaron un lento e inexorable declive, no porque el pueblo andaluz se desinteresara en la política o en votarlos sino porque tampoco les perdonó que sostuvieran la gobernabilidad de Suárez a cambio de tener grupo parlamentario propio, con fórcex, saltándose el reglamento de la Cámara. Y así fueron ocurriendo diferentes y nuevos renuncios en el ámbito nacional y en el andaluz que acabaron, no ya con el interés del pueblo por la política del Partido Andalucista, sino con el cada vez mayor desinterés hasta llegar a la muerte por consunción en las mismas urnas en vez de haber cumplido la tarea con la que sus primeros líderes soñaron: la de convertirse en una fuerte formación nacionalista que, como en Cataluña o Euskadi impidió centroespañolizar la política en sus respectivos territorios "nacionales" e influir en la del tablero "español" conforme le iban apretando al "Estado Español" el dogal centrífugo de sus idearios. Cosa que, desde la perspectiva actual, tampoco hubiera sido la mejor salida para España ni para nuestra tierra andaluza donde el PSOE(A) ha sabido convertirse en la auténtica horma del zapato de la derechona más tradicional y en el contrapunto del resto de los nacionalismos periféricos que solo esperan la claudicación más farisea del españolismo retrógrado a quien le hubiera importado un bledo achantarse por ejemplo ante las actuales exigencias catalanistas para repartirse luego ellos desde Madrid (con vascos, navarros y catalanes) las prebendas de los conciertos económicos y los excedentes financieros dejando a las llamadas regiones pobres condenadas ad infinitum a pagar los platos rotos de una negociación timorata y víctima del engaño de los trileros centralistas. Suerte hemos tenido quienes ahora nos vemos abocados a defender a cara de perro nuestros derechos, convertidos en históricos desde aquel bendito 28-F, sin líderes andalucistas de viejo cuño que como Alejandro hubieran embrollado la claridad histórica de nuestras reivindicaciones principales: desarrollo al máximo de nuestro Estatuto en paridad absoluta con los 18 restantes y encajado en una renovada Constitución Federal que armonice la convivencia fraternal de los pueblos de España. Hay que ver, Alejandro, lo que va de ayer a hoy y lo que puede llegar a ir a poco que se aclare una mijititilla más el mapa sociopolítico de Andalucia. Quien tenga entendederas para entender, que entienda. Puede que el paso que acabas de formalizar esta semana tengan que darlo también otros grupos políticos que todavía están más altaneros que don Rodrigo en la horca.