Después de su “Pastora Soler”, como bien ha bautizado su ataque de pánico escénico el pasado mes de diciembre, Sabina ha sabido demostrar que delante del escenario le queda aún mucho que rodar. En la gira nostálgica de “500 noches para una crisis” y en los suelos del Auditorio FIBES, el flaco de Úbeda ha realizado su segunda parada andaluza, repitiendo cartel en Sevilla este miércoles. Puntual y ataviado con traje verde y bombín, Joaquín ha salido al escenario a las nueve de la noche bajo un telón rojo fundido y una orquesta conocida, donde no faltaban, gente ya de su familia, los reconocidos Pancho Varona, Antonio García de Diego, Mara Barros y Jaime Asúa. No es un “chiquillo”. Eso queda más que claro, pero a sus 66 años rebosa vitalidad y recuerda aquellas horas bajas que llegaron tras el éxito de uno de sus discos más reconocidos, como fue en el año 99, 19 días y 500 noches. “Después de este disco, me desenamoré, al poco tiempo me volví a enamorar y tuve que dejar los bares”. Fue entonces cuando Joaquín comenzar a garabatear, a poner caras y ojos a algunas de sus historias a través de sus caricaturas, como las que se mostraban de fondo en cada una de las canciones del concierto. UN CANTAUTOR DE BARBA CORTA Ahora, 19 días y 500 noches, Barbi Superstar, Una canción para la Magdalena… un repertorio inédito de hace una década y media, pero que Sabina vuelve a transmitir con la misma intensidad y con la misma voz desagarrada. Casualmente fue el primer disco donde no se hicieron arreglos, paro dar al público sabinero el tono más original de este madrileño nacido en Úbeda. A medida que avanza el concierto, relata algunas de sus vivencias. Sus noches en el sótano de la Mandrágora, las horas muertas junto a la guitarra y un público minúsculo. Muy pronto cambió aquella figura. “No quería ser cantautor de barba larga”, relata. Más bien buscaba imitar a un guitarrista rockero y con chupa de cuero, como el de la banda madrileña de los Alarma, grupo de la movida. Con esa imagen canalla y bohemio nocturno conquistó el Madrid de los 80 y no tardó en traspasar fronteras para llenar teatros como hizo anoche en Sevilla. “A sus cincuenta y diez, cincuenta y quince dice que aparenta” y es que para Sabina la lista de cosas por hacer aún resulta muy muy larga. “Recuerden que el traje de madera que estrenaré no está siquiera plantado”. Y el “cura que ha de darme la extremaunción no es todavía monaguillo”. UNA DE DYLAN No ha faltado la mención a uno sus maestros de cabecera, al grande de Minessota, como él lo llama Robert  Zimmerman, conocido como Bob Dylan. Su versión de It ain’t me babe, adaptada al castellano y rebautizada como 'Ese no soy yo', ha sido una de las novedades más sorprendentes de la noche. Parecía que el tiempo se había detenido. Col los ojos cerrados parecías estar escuchando su gira de 'Nos sobran los motivos' del año 2001. Su voz parecía intacta, al igual que sus canciones más brillantes, entre las que se encuentra el clásico de despedida en sus conciertos 'Noches de Boda'. Sabina recomienda en medio de la caótica realidad, que “ser cobarde no merezca la pena”, que "no nos compren por menos de nada” y que no nos vendan amor sin espina. Aquella primera versión la cantaría junto a su amiga eterna Chavela Vargas. Hoy, junto a su banda, ha vuelto a levantar todas las butacas de miles y miles de seguidores que le piden sin decirle nada que siga el mito, que siga haciendo lo que hace, que no desaparezca. Larga vida al maestro.