Seis y cuarto de la tarde del 11 de junio. Parlamento de Andalucía. El presidente de la Cámara anuncia el resultado de la votación, a la que han faltado dos diputadas del PP: 56 votos a favor, 51 en contra y ninguna abstención. Hay euforia en las filas socialistas y tal vez alivio en el resto de los grupos. Susana Díaz Pacheco es ya la nueva presidenta de la Junta de Andalucía, 80 días después de haber ganado con holgura pero sin mayoría suficiente unas elecciones cuyo adelanto cogió desprevenido al resto de formaciones. Como también cogió desprevenida a la propia presidenta en funciones la resistencia de los partidos de la oposición a facilitar la investidura con su abstención. EL DINERO TEME A PODEMOS Las negociaciones hasta llegar a este jueves 11 de junio han sido, más que duras, imposibles: la celebración de las municipales y autonómicas ha sido la razón principal del retraso en hacerse efectiva la investidura, muy particularmente en el caso de Ciudadanos, que es quien finalmente la ha propiciado con sus nueve votos favorables. Con Podemos parecía inicialmente que el PSOE iba a alcanzar algún tipo de compromiso para lograr su abstención, pero finalmente no ha sido posible. "Nunca quieran un acuerdo con nosotros", se quejan en la formación morada. "Nunca fueron razonables", replican en el PSOE. Lo cierto es que Díaz se siente cómoda con su nuevo socio. Y no solo ella. Fuentes de la patronal andaluza comentaron de manera informal a Andalucesdiario su satisfacción –y alivio– por que el acuerdo de investidura hubiera sido con Ciudadanos y no con Podemos. E incluso no ocultaron sus temores por el 'efecto huida' que pueda tener en los inversores el pacto del PSOE con la marca blanca de Podemos en ciudades como por ejemplo Marbella, donde fuentes conocedoras del sector turístico susurraron a este periódico que "dos hoteles que iban a construirse se han echado atrás". ¿Por qué? "El dinero es miedoso", contestaron. VARIOS BESOS Y UN APRETÓN DE MAOS Justo después de la proclamación y de los aplausos consiguientes, el líder del PP Juan Manuel Moreno se levantaba de su escaño y se dirigía al banco del Gobierno para felicitar a Susana Díaz, que agradeció el gesto de cortesía de su oponente. Inmediatamente después la presidenta se apresuraba a saludar al resto de portavoces: abrazo y dos besos al portavoz socialista Mario Jiménez y a su consejero de Presidencia, Manuel Jimenez Barrios; dos besos al portavoz de Ciudadanos, Juan Marín; otros dos al de IU, Antonio Maíllo; y… un frío apretón de manos a la líder de Podemos, Teresa Rodríguez. El gesto lo decía todo: las relaciones personales y políticas entre las dos dirigentes de la izquierda andaluza no pasan por su mejor momento. La presidenta, que aun así aseguró tener “la mano tendida” a todos los grupos, está obsesionada con la idea de no perder el tiempo y recuperar los “80 días” perdidos desde las elecciones. En realidad, Díaz exagera un poco: el primer pleno de investidura se celebró el 5 de mayo, de manera que la ‘pérdida’ habría sido en realidad de 36 días, no de 80. Otra cosa es que esos días hayan parecido más 80 que 36: tan intensas y cargadas de incertidumbre han sido estas últimas semanas en la política andaluza. DOS MEDIDAS URGENTES En su primera comparecencia ante los medios, Susana Díaz no perdió el tiempo y se apresuró a anunciar su dos primeras medidas de gobierno: el plan de apoyo y de becas para los estudiantes que tienen que examinarse del título de idiomas B1, de manera que “el pago de esos exámenes no impida que ningún joven” en esta comunidad pueda terminar sus estudios universitarios por falta de recursos; y el paquete de medidas para evitar desahucios que incluyó en su discurso de investidura. En principio, Díaz tomará posesión el próximo domingo y formará de inmediato su nuevo equipo para tenerlo listo a principios de la semana que viene. ¿Cambiará a muchos miembros de su actual equipo? Todo indica que sí, pero, al igual que cuando formó su primer gobierno en el otoño de 2013, tampoco ahora la presidenta ha dado pista alguna.