Republicanos en Atocha
Manifestación republicana.
Opinión

Viva la (Tercera) República (Española)

'No sería ocioso plantearnos la conveniencia de articular un amplísimo moviminto sociopolítico y nacional para encauzar a las aspiraciones republicanas'

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Dom, 15 Abr 2018

La semana pasada titulé esta columna VIVA LUTERO por la irrupción un año más de la primavera laica y esta, dado que ayer fue catorce de abril, la titulo VIVA LA REPÚBLICA, pero no una república cualquiera, porque la audiencia que me sigue sabe que no me refiero a la Francesa, ni a la Sudafricana, que son instituciones reales y muy respetables, por supuesto, ni a la hipotética Catalana, que es un ente de dudosa existencia y problemática legalidad aunque obviamente legítimo, sino a la también hipotétca aunque muy deseable Tercera República Española, que fue postergada del ideario de muchos republicanos españoles cuando, a la muerte del Dictador, se planteó el reconocimiento de la Oposición Democrática por sus sucesores a cambio del aplazamiento de las aspiraciones republicanas antifranquistas, a propuesta del PCE y de su Secretario General Santiago Carrillo.

Todo el mundo sabe y reconoce que la naturaleza de una República no es intrínsecamente buena ni mala sino una formula de gobierno con pros y contras cuya bondad y aciertos dependerán de su capacidad para reflejar y satisfacer las legítimas aspiraciones populares expresadas y ejercidas democráticamente en el marco de un estado social de derecho.

Pero el pacto tácito constitucional que en España firmamos y sellamos a la muerte de Franco y con motivo de los Pactos de la Moncloa, ha entrado en una crisis de deterioro en los últimos tiempos y solo se puede salir de ella consiguiendo otros acuerdos para superar el impass actual o rompiendo las hostilidades y planteando otras alternativas políticas diferentes en virtud de la nueva correlación de fuerzas y de los intereses en juego cuando es evidente la crisis de la Monarquía y la aparición de nuevas fuerzas en el campo de la oposición que conforman un panorama bien diferente en lo cualitativo y en lo cuantitativo entre quienes aspiran a representar el campo republicano. 

Aceptado lo cual, podríamos pensar que nos acercamos a unos tiempos críticos y en cierto modo semejantes a los que precedieron a la primavera de 1931 y propiciaron la transformación pacífica del Régimen Monárquico en otro Republicano cuya legitimidad acabó truncada por el resultado sedicioso del levantamiento anticonstitucional y profundamente antidemocrático del general Franco, que desembocó en la Guerra Civil y a cuyos inicios aparecieron no menos signos de agotamiento de los que ahora contemplamos, tanto en la estructa territorial del Estado (Cuestión Catalana, Vasca, etc.) como en el diseño y contraposición del sistema de clases y capas sociales que lo integran (papel y derechos de los colectivos judiciales, sindicales y de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado) así como la aparición y el papel de nuevos colectivos en la arquitectura social y de su intervención en la solución de los enfrentamientos parciales o antagónicos (colectivos femeninos, jóvenes, jubilados, personas en paro y exclusión social, movimientos vecinales, etc.). 

Por lo cual no sería ocioso ni falto de oportunidad plantearnos la conveniencia de articular un amplísimo moviminto sociopolítico y nacional que pudiera ofecerse como cauce a las aspiraciones ciudadanas hacia una Tercera República Española construido sobre unos elementos operativos que podrían llamarse Comités para la Defensa y Construcción de la III República Española que bien deberían disfrutar de una mayor aspiración a la legalidad y a la tolerancia que sus homónimos y paralelos actuales gozan ahora, tanto en el ámbto regional como en el nacional e internacional. No estaría de más reclamar esta iniciativa para defender su legitimidad cuando comiencen las negociaciones entre las instancias nacionales y las regionales reivindicando lo mucho que tengamos que decir al respecto quienes integramos comunidades como la andaluza, afectadas directamente por su participación en el desenvolvimiento socioeconómico y cultural de esas otras, como la catalana, que ahora se reclama republicana y nacional, contando en su seno con varios millones de personas de origen no catalán que también nos sentimos republicanas, democráticas, españolas, europeas y universales en el marco de un renovado Estado Español republicano y federal.