Una de las imágenes de su viaje a Cataluña que Toni Martín han subido a su cuenta de Facebook.
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Un dirigente del PP andaluz se siente "gilipollas" al descubrir que los catalanes son gente amable

Tras un viaje a Girona, Toni Martín lamenta haberse “tragado esos estereotipos que tan poco me han gustan cuando los aludidos somos los andaluces”

Román Herreros
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Mar, 10 Ene 2017

En medios catalanes se han hecho eco de la noticia con una mezcla de satisfacción y estupor. Tras haber pasado unos días de vacaciones en Cataluña, el vicesecretario de Coordinación Política del PP andaluz, Toni Martín, publicaba el pasado 2 de enero en su cuenta personal de Facebook un emotivo relato de su experiencia ideológico-vacacional, que en uno de los párrafos del texto resumía de esta forma autocrítica:

“Así que me voy un poco con sensación de ser gilipollas. De que a mis 50 años, y con todo lo viajado que ya vamos estando, sea yo capaz de tragarme todavía esos estereotipos, esos clichés que tan poco me han gustado siempre cuando los aludidos somos nosotros, los andaluces. Con esos tópicos malignos de unos y otros, y con la que está cayendo políticamente por aquí, tan sólo contribuimos a extender el odio y el rechazo. Y como yo, estando aquí, pienso que estoy en mi casa, debería haberme negado a prejuzgar a nadie porque sí”.

La 'caída del caballo'

Su mensaje ha logrado que pincharan el botoncito de ‘Me gusta’ cerca de 25.000 usuarios, unos 11.000 de ellos también lo han compartido. Martín, que ilustra el texto con la foto de un helado en la puerta la heladería Rocambolesc de Girona, explicaba así su paulina ‘caída del caballo’, gracias a la cual ha visto la verdadera realidad de Cataluña, muy alejada de las visiones tremendistas tantas veces difundidas por dirigentes de su propio partido:

“Venía yo buscando a ese (todos tenemos un amigo que le ha pasado) que le dices buenos días y te contesta en catalán, y le dices "perdón, es que no le entiendo" y te sigue hablando en catalán. Pero no lo he encontrado. Buscaba también –continuaba el 'converso' Martín– al que no te mira o lo hace con cara de asco (todos tenemos algún amigo que le ha pasado) cuando ve que eres de otra parte de España. Pero oye, ni rastro”.

Gente amable (muy amable)

Del mismo modo que aquellos católicos de antaño que al salir de su pueblo para visitar una gran ciudad comprobaban que sus habitantes no eran los diablos pecadores tantas veces denunciados por su párroco, Martín ha podido comprobar en su viaje a Girona que los catalanes no eran tan malos como durante años los ha pintado la derecha española: 

“Dejo con mi familia Girona después de seis días sin haber encontrado más que gente amable (muy amable), y simpática (muy simpática). Nos hemos movido mucho estos días: ciudad, campo, costa, montaña...y desde el tío de la gasolinera, hasta la señora de la panadería, pasando por los vecinos de aquí al lado, o la de la tienda en la que compré la botella de vino del Empordá que le llevo a mi amigo Luipe, hemos recibido más sonrisas y educación que en mucho tiempo”.

Antes de concluir su narración, el sorprendido viajero del sur pone este ejemplo para demostrar a sus lectores que los catalanes se conducen como la gente normal, ni más ni menos: “Me han preguntado por mi ciudad, por si me lo estaba pasando bien en Cataluña, le han hecho carantoñas a mis niños, me han ayudado en lo que han podido y en lo que he necesitado...”.