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No tenemos cinco sentidos, sino 33. Estos son algunos.

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Lun, 6 Feb 2017

Llevamos toda la vida equivocados. Los seres humanos no tenemos cinco sentidos. Tenemos muchísimos más. Si entendemos un sentido como algo en nuestro organismo que nos permite relacionarnos con el exterior, los neurocientíficos están convencidos de que en realidad tenemos entre 22 y 33 sentidos. Ahí es nada.

La culpa es de Aristóteles

Para estos especialistas, la culpa es de Aristóteles. El filósofo griego describió los cinco sentidos que siempre hemos rezado desde el cole (vista, gusto, tacto, olfato y oído) dentro de los esquemas que dividían el Universo en cinco partes. Como cinco eran los elementos que lo componían todo, cinco los sentidos con los que podíamos percibir esa realidad.

Aunque esta manifestación de los neurocientíficos está basada en sesudas investigaciones, muchos de estos sentidos que permanecen ocultos a nuestro entendimiento son muy fáciles de detectar y entender. Por ejemplo:

Seis sentidos más

El equilibrio. Esa capacidad que tenemos los humanos para mantener el equilibrio. No solo sobre nuestros pies de bípedos. También cuando montamos en bicicleta o cuando, los muy entrenados, realizan acrobacias.

Propia percepción. Esa habilidad para saber qué están haciendo partes de nuestro cuerpo sin que tengamos que estar mirando constantemente. Por ejemplo, cuando escribimos en el ordenador sin mirar al teclado o cuando tejemos lana viendo la tele. O cuando tocamos algún instrumento musical.

Cinestesia. La capacidad que tenemos para movernos. Para desplazarnos, percibir la velocidad, cambiar de dirección y mantener la orientación. Saber qué es delante, detrás, arriba y abajo. Y poder ir en la dirección que elijamos.

Termocepción. Otro muy fácil de comprender. Sabemos cuándo hace frío o cuando nos morimos de calor. No es igual que el tacto, ya que este implica que toquemos algún objeto para comprobar su temperatura. Este sentido hace referencia a nuestra capacidad para detectar la temperatura ambiente. Algo esencial para nuestra supervivencia.

Cronocepción. Otra capacidad esencial. La de ser capaces de percibir el paso del tiempo y lo que ello comporta. Sin necesidad de establecer de manera arbitraria y convenida la medida del tiempo, antes ya éramos conscientes de que el tiempo pasaba. Y por ello surgió la necesidad de medirlo.

Nociocepción. Esta percepción hace referencia a la sensación de dolor. No solo a nuestra capacidad de sentir dolor y de cuantificarlo. También a que sepamos anticiparlo y saber, a grandes rasgos, qué grado de amenaza suponen para nosotros ciertos acontecimientos en función del daño que pueden causarnos.