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Cinco libros de literatura erótica mejores que las Sombras de Grey

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Dom, 12 Mar 2017

Si de verdad quieres saber qué es la "literatura erótica", olvida la Wikipedia. Sería como llamar "Passiflora edulis" o "maracuyá" a la fruta de la pasión. Porque el erotismo no se entiende sin ella: la pasión. Es deseo, es instinto, es pulsión. Según Bataille, lo que diferencia nuestro instinto sexual del de los animales es precisamente el erotismo, la búsqueda consciente de un fin, la voluptuosidad de la unión. Tal vez por eso, para muchos autores, la componente erótica le confiera al sexo, bien como a su representación artística, un carácter sagrado, casi divinal. Así en el cuerpo, como en la literatura.

 

Libros afrodisíacos

En estos libros, clasificados como eróticos, el tiempo suele discurrir lento, no hay lugar para la inmediatez; la contemplación es minuciosa, y los cuerpos son un fruto jugoso, cálido, acidulado, que se gozan mutuamente.

Así es la literatura erótica: te provoca, te excita, te da placer, y no me refiero a lo estrictamente literario.

Quedémonos con la reflexión de Vargas Llosa: "Un libro erótico, a la vez que produce un placer estético, es un libro que tiene también que hacer las veces de un afrodisíaco. Si no te crea una sensación de entusiasmo y de apetito sexual no termina de cumplir enteramente su función". Para comprobarlo, te dejamos cinco ejemplos, de esos que seguro llegaron a estar prohibidos, a ser quemados o escondidos en los "Infiernos" de la Biblioteca del Vaticano...

[caption id="attachment_9165" align="alignnone" width="484"]El Amante - Marguerite Duras Tusquets[/caption]

 

1. El Amante, Margarite Duras

"Se vuelve brutal, su sentimiento es desesperado, se arroja encima de mí, come los pechos infantiles, grita, insulta. Cierro los ojos a un placer tan intenso. Pienso: lo tiene por costumbre, eso es lo que hace en la vida, el amor, sólo eso. Las manos son expertas, maravillosas, perfectas. He tenido mucha suerte, es evidente, es como un oficio que tiene, sin saberlo tiene el saber exacto de lo que hay que hacer, de lo que hay que decir."

[caption id="attachment_9166" align="alignnone" width="446"]Las tres hijas de su madre Tusquets[/caption]

2. Las Tres hijas de su madre, Pierre Louÿs

"Como no puede alcanzarse el corazón femenino más que por tres vías… y como tengo una inteligencia prodigiosamente hábil en adivinar los más complicados enigmas… lo entendí. Pero esa nueva sorpresa me dejaba sin palabras; no contesté nada. Otorgaba incluso a ese mutismo un cierto aire de imbecilidad, con el fin de dejar que Mauricette explicara por sí misma su misterio. Lanzó un suspiro sonriendo, me echó una mirada de desesperación que significaba: «¡Dios mío! ¡Qué tontos son los hombres!», y luego se inquietó; y fue su turno de hacerme preguntas.
—¿Qué te gusta hacer? ¿Qué prefieres?
—El amor, señorita.
—Pero está prohibido… ¿Y qué es lo que no te gusta nada, nada?
—Esa manita, aunque sea muy bonita. No la quiero por nada en el mundo.
—Mala suerte que yo… —dijo ella muy turbada—… no pueda chupar… ¿Habrías querido mi boca?

[caption id="attachment_9164" align="alignnone" width="423"]El Amante de Lady Chaterlley, D. H. Lawrence Alianza Editorial[/caption]

3. El Amante de Lady Chaterlley, D. H. Lawrence

"Volvió a tomarla en sus brazos, la atrajo hacia sí y de repente se volvió pequeña en el abrazo, pequeña y agradecida. Había desaparecido, la resistencia había desaparecido y empezó a diluirse en un maravilloso estado de paz. Y mientras iba disolviéndose, pequeña y hermosa en sus brazos, se iba haciendo infinitamente deseable para él; todos sus vasos sanguíneos parecían escaldados por un intenso y tierno deseo de ella, de su suavidad, de la intensa belleza de ella en sus brazos, inundando su sangre. Y delicadamente, con aquella maravillosa caricia ausente de su mano, en un deseo puro y leve, delicadamente acarició la pendiente sedosa de sus caderas, bajando y bajando entre sus nalgas tiernas y templadas, llegando más y más cerca de su verdadero centro vital. Y ella lo sentía como una llamarada de deseo, tierno al mismo tiempo, y se sentía fundir en aquella llama. Se abandonó. (…) Cedió con un estremecimiento como de agonía y se abrió por completo a él."

[caption id="attachment_9168" align="alignnone" width="489"]¿Qué es Teresa? Es... los castaños en flor, José Pierre Tusquets[/caption]

4. ¿Qué es Teresa? Es... los castaños en flor, José Pierre

"Y, en un momento dado, jugando, me puso entre los labios una cereza en orujo. Lo que siguió se produjo con tal rapidez y precisión que nos quedamos un instante como heridos por un rayo: en el mismo momento en que mis dientes se cerraban sobre la cereza, el pulgar y el índice de mi mano derecha llegaban a la punta del seno izquierdo de Teresa con una seguridad tanto más sorprendente cuanto que ella, de espaldas a la chimenea, única fuente de luz, era para mí sólo una silueta a contraluz de trazos indiscernibles en la oscuridad. Y como el gesto de la recolección hizo madurar repentinamente el fruto, la cereza que tenía en el extremo de mis dedos tenía casi el mismo tamaño que la que mordía."

[caption id="attachment_9167" align="alignnone" width="461"]Lolita Anagrama[/caption]

5. Lolita, Vladimir Nabokov

“Yo permanecía en mi estrecha franja, fijando los ojos en su pelo revuelto, en el brillo de su carne de nínfula, en la media cadera y el medio hombro confusamente entrevistos, tratando de sondear la profundidad de su sueño por el ritmo de su respiración. Hice una mediocre imitación de alguien que despierta. Permanecimos acostados, sin movernos. Después le acaricié el pelo, y nos besamos suavemente. Su beso, para mi delirante confusión, tenía algunos cómicos refinamientos de ondulaciones y sondeos. Como para comprobar si yo estaba satisfecho y había aprendido la lección, se apartó para observarme. Sus pómulos estaban enrojecidos, el labio inferior le brillaba, mi desmayo era inminente. De pronto, con un ímpetu de rudo entusiasmo (signo de una nínfula), puso su boca contra mi oreja… pero durante un rato mi mente no pudo analizar en palabras el cálido trueno de su susurro, y ella rio, y se apartó el pelo de la cara, y volvió a intentarlo, y a poco la curiosa sensación de vivir en un insensato mundo de sueños recién creado donde todo era lícito, se apoderó de mí, a medida que comprendía lo que mi nínfula acababa de sugerirme. Respondí que no sabía qué juego habían inventado ella y Charlie.
—¿Quieres decir que nunca… ?”

 

Artículo remitido por: Lou S.