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De los tazos a Pokémon Go: Por qué ahora salir a la calle mola más

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Vie, 22 Jul 2016

Si de pequeño jugaste con los tazos de Pokémon o con sus videojuegos es muy probable que cuando oíste por primera vez Pokémon Go notarás un cosquilleo que no era más que tu yo pequeño saltando de alegría. Desde este mismo verano ha sido posible cumplir el sueño que muchos hemos tenido: ser entrenadores Pokémon.

¡Por fin nos convertimos en entrenadores Pokémon!

Cuando el profesor dice Se pueden encontrar Pokémon en todas partes se descubre lo más interesante del juego: será dinámico y nuestro personaje caminará junto a nosotros, lo que significa que nuestra ciudad será el Pueblo Paleta con el que hemos soñado y a cada esquina nos esperará un Pokémon, habrá gimnasios y pokeparadas en las que abastecerse. Podremos formar parte de un equipo y, por fin, cumplir con lo que siempre oíamos en la tele: ¡Hacernos con todos!

La revolución fitness llega con la búsqueda Pokémon

Pasear por la ciudad se ha convertido en un espectáculo orquestado por entrenadores. Encontrarse a gente de la generación milennial con las miradas fijas en los móviles es más comprensible que nunca: probablemente haya un Snorlax cerca. Si la fiebre de Pokémon Go sigue así, pronto vamos a ser la generación que más ha caminado: A veces para abrir un huevo hace falta una caminata de 10km.  Lo que es cierto es que estamos saliendo a la calle y basando nuestras actividades en la movilidad: cuánto caminaremos y cuántos Pokémon podremos encontrarnos.

Resurge la comunidad que una vez formamos

Y así como en su momento nos jugábamos los tazos en el patio del colegio o activábamos los infrarrojos para pasarnos los Pokémon, ahora hemos podido volver a notar esa comunidad. Ya se están llevando a cabo quedadas para jugar (pronto se espera en Madrid la más grande) y entre equipos hay hermandad y se comparten trucos y secretos.
Por supuesto, no todo lo que reluce es oro y Pokémon Go también trae consigo problemas, pero por ahora vamos a quedarnos con la felicidad de volver mejor que nunca a nuestra infancia.