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¿Sobreviviríamos a una guerra nuclear a pequeña escala?

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Jue, 17 Nov 2016

Bueno, pues ya está. Contra todo pronóstico, Donald Trump ganó las elecciones americanas. Y más allá de sus comentarios racistas y machistas, hay algo que todavía debemos tener más en cuenta. Ahora el botón nuclear está bajo su dedo corto y regordete. Así que mejor que vayamos, al menos, pensando algunos detalles. Como si sobreviviríamos en el caso de que el tío Trump lo apriete.

Trump, Putin y Kim Jong Un

Está bastante claro que no. Porque todos imaginamos una escalada nuclear descontrolada. Estados Unidos tirando una bomba sobre el país árabe o asiático que se le antoje al señor Trump. Putin tomando represalias sobre alguna ciudad europea o Israel. El magnate-presidente respondiendo en las cercanías de Moscú y, de pronto, Kim Jong Un que ve que la fiesta ha empezado sin él, se anima y arrasa todo el oeste asiático. Sin duda ahí no quedarían ni las piedras.

Pakistán contra India

Pero el panorama es más preocupante. Porque una guerra nuclear a semejante escala es difícil de imaginar. Pero qué pasaría en el caso de una guerra nuclear local entre dos países fronterizos con ciertas rencillas y dientes nucleares. Qué sucedería si de pronto se les escapan un par de misiles, por ejemplo, a Pakistán (arsenal nuclear de entre 90 y 110 bombas) e India (entre 40 y 95). Y así siguen hasta digamos lanzarse bombas equivalentes a 50 veces la que cayó sobre Hiroshima. Puede parecer una guerra lejana, pero la verdad es que estamos todos fastidiados.

Invierno nuclear

Porque entraría en juego el conocido invierno nuclear. El hollín provocado por los hongos nucleares, esas nubes que se forman al estallar la bomba, está compuesto principalmente por carbono incandescente. Ese carbono ascendería hasta la estratosfera y se extendería por todo el planeta empujado por las corrientes de aire y la rotación terrestres. El carbono absorbería los rayos solares. De este modo, la atmósfera subiría de temperatura, pero en la superficie terrestre y el mar descendería radicalmente. Pero esto no ha hecho más que empezar.

El ascenso de temperatura en la estratosfera haría desaparecer todo el ozono. Sin ozono, los rayos ultravioleta del Sol alcanzarían la Tierra libremente, friendo literalmente todo lo que alcancen. Así que cultivos y personas están expuestos a dos fenómenos contrapuestos pero igual de nocivos. El frío y las radiaciones ultravioleta. Y en el mar, la subida de temperaturas y la falta de luz solar acabarían con el microplancton y, por extensión de la cadena trófica, con gran parte de la vida marina. Estas condiciones se mantendrían al menos durante una década.

Así que el panorama sería estupendo. Diez años con el cielo lleno de hollín carbónico. Las radiaciones ultravioleta traspasándonos la piel. Nada que comer en la tierra ni en el mar. Y un frío atroz. La supervivencia de  los que no murieran a causa de las explosiones nucleares se antoja imposible durante todo ese tiempo.

Y eso solo si dos naciones desencadenan una guerra nuclear. Con tan solo medio centenar de bombas. Es decir, el 0,3% de las que actualmente hay en el mundo.