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Cómo salvar una ballena varada

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Lun, 14 Nov 2016

Curioso animal el ser humano. El caso de las ballenas es paradigmático. La mitad de la humanidad se empeña en salvar las ballenas. En salvarlas de la otra mitad, claro. Nos dan miedo hasta los animales más pequeños, pero luego nos acercamos a una orca de varias toneladas con dientes como cuchillos solo para tratar de mantenerla con vida.

Una orca de cuatro toneladas

La pasada primavera se vivió uno de estos episodios del que informó el medio canadiense The Globe and Mail. El cetáceo en cuestión es uno que normalmente no suele encontrarse varado en una playa. Se trataba de una hembra de orca de unas cuatro toneladas que literalmente encalló en las rocas de la costa de la Columbia Británica en el oeste de Canadá. Según el investigador de cetáceos de la zona Hermann Mauter la orca pudo terminar encajada al despistarse mientras perseguía una foca. Lo cierto es que la bajada de la marea dejó al enorme mamífero acuático fuera del agua. Mauter asegura que el animal comenzó a emitir fuertes ruidos según iba emergiendo.

Y ahí en donde aparecieron un grupo de humanos. Pacientes, valientes y decididos. Y con ciertos conocimientos de cómo proceder. Obviamente no podían pretender mover al animal. Además de su peso, al estar encajada entre las rocas, cualquier intentando de desplazarla dañaría al animal.

Lo único que se podía hacer

Hicieron lo único que podían hacer. Mantener la piel del animal mojada para que la pérdida de humedad no lo matara. Aunque la orca respiraba con dificultad, debido a que fuera del agua su propio peso aplasta sus pulmones, el cetáceo aguantaba. Redujeron el número de personas que se acercaban para no estresar más a la orca. Incluso Mauter le habló al animal “diciéndole que todo iría bien, tratando de calmarla”, asegura romántico. Pero había que hacer algo más.

Para evitar que también las mantas, sabanas y toallas se secaran y para hidratar más la piel del animal, la regaron constantemente con una manguera y cubos. Así operaron pacientemente durante nada menos que ocho horas. El objetivo era claro, mantener vivo al animal hasta que la marea subiera y por ella misma pudiera liberarse y nadar a alta mar.

Ocho horas después

Lentas pero inexorables pasaron las horas. El agua fue cubriendo rápidamente al animal, con la velocidad a la que se mueven las mareas en el Pacífico norte. Así, sola, la orca se liberó de su encierro. Y gracias a ese grupo de humanos pudo sobrevivir y volver a nadar libre. “Cuando la orca volvió al mar pudimos oír claramente el suspiro de alivio del animal. Como cuando por fin bebes agua después de estar sediento”, aseguró Marven Robinson, otro de los salvadores. Un grupo de personas que vivieron una experiencia que jamás olvidarán.

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