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En el MoMA limpian los picassos a escupitajos

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Lun, 7 Nov 2016

Quien más quien menos ha vivido esta situación de niño. Llegabas de jugar y tu padre o tu madre te veía la cara llena de churretones. Entonces agarraba un pañuelo, siempre de tela, te hacía sacar la lengua, humedecía el trapo con tu saliva y te dejaba la cara reluciente. A veces, incluso utilizaba su propia baba. Puede ser que visto con la perspectiva del tiempo te parezca una guarrada. Pero te equivocas, hasta en el MoMA utilizan esa técnica para limpiar sus valiosísimos cuadros.

Botes de sopa Campbell's chupados

Como lo lees. En el prestigioso Museo de Arte Moderno de Nueva York los conservadores utilizan saliva para limpiar el polvo de los cuadros. Picassos, warhols, vangoghs, dalís y hoppers relucientes a base de escupitajos. Y no es que hayan inventado nada. Esta técnica, al parecer, lleva siglos utilizándose. Lo que ha sucedido ahora es que el propio museo lo ha admitido.

La forma de comunicarlo no ha podido ser más curiosa. Han incluido la información sobre la peculiar forma de limpiar los cuadros en la nueva audioguía de la institución. Ha sido Anny Aviram, una conservadora del museo con más de 40 años de experiencia, quien lo ha revelado a la artista Nina Katchadourian, encargada de renovar este servicio. En la nueva guía acústica del MoMA se describe con detalle la lucha que los conservadores libran contra uno de sus mayores enemigos: el polvo.

Explicación científica

Esta técnica para limpiar las obras de arte de valor incalculable puede sonar pelín guarrindonga, pero lo cierto es que cuenta con todas las garantías científicas. La saliva contiene amilasa, una enzima que disuelve la estructura del polvo, facilitando su retirada. Así lo describe un informe del Instituto Internacional para la Conservación de Obras Artísticas e Históricas. De hecho, la amilasa se emplea como detergente para eliminar el polvo y la tierra atrapada en tejidos. En la boca tiene la función de disolver las largas cadenas de glucógeno para convertirlas en azúcares simples.

Recuérdalo la próxima vez que te chupes un dedo para quitar esa mancha sobre la mesa. Puede parecer una guarrada pero en realidad estás empleando un detergente que además no genera residuos. Eso sí, lávate las manos después.