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Antes de la Realidad Virtual estaba el Videoarte

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Dom, 16 Oct 2016

¿Realidad Virtual? ¡Yo, soy tu padre! Antes de que pudiéramos experimentar otros mundos con unas gafas de VR, antes de que los medios se hubieran hecho audiovisuales para no desaparecer y fueran el contenido más consumido por el público. Antes incluso de que cualquiera con un simple móvil y una conexión a internet pudiera tener su propio canal de vídeo… nada más nacer un soporte electrónico — que no digital— llamado vídeo, nació su utilización como forma de expresión artística.

Y es que los humanos en cuanto encontramos algo con lo que expresarnos, lo hacemos. Bien grabando en una piedra con otra, bien encontrando un pigmento para darle color, o bien juntando imágenes que capturamos con artilugios inventandos.

Y a esa forma de expresión artística la llamaron Videoarte.

Una forma de comunicación que no sólo utiliza las imágenes grabadas, lo que no sería mucho más que un nuevo formato de cine, sino que integra el espacio en la obra. A eso entonces, lo llamamos videoinstalación, y permite al artista decirnos no sólo qué tememos que ver, sino cómo.

El videoarte tiene por tanto mucho de performance, y de espectáculo, y de museo. Es difícil disfrutar del auténtico video arte en tu casa., salvo que puedas adquirir una de las obras (que no es un DVD) y pedirle al artista que la instale en ella.

Al mismo tiempo y al contrario de lo que ocurre con el consumo audiovisual en los hogares ahora, en eso que llamamos multipantalla y que consiste en mirar muchas cosas a la vez, el videoarte exige del espectador su atención plena.

Las primeras obras de videoarte eran, claro está, sólo exploración de una herramienta que tenía limitaciones en la calidad de fotografía con respecto al celuloide, pero a cambio contaba con otra frescura, facilidad de producción y gama de efectos visuales propia que atrajo a los artistas a experimentar con ello. Estamos hablando en realidad del formato televisión, puesto que los equipos empleados estaban concebidos para ese medio y por supuesto, era necesario un televisor para ver las obras.

La televisión en la sala de exposiciones.

Se considera a Wolf Vostell el creador de la primera obra en vídeo que incorpora un televisor. Se expuso en la galería Parnass y consistía en una habitación oscura con paredes pintadas de negro en donde colocó tres televisores. Se llama La Habitación Negra y actualmente se expone en el MUseo Berlinische Galerie, de Berlin. Era 1963 y ese mismo año expuso en la Smolin Gallery de Nueva York una instalación llamada 6 TV Dé-coll/age. Esa obra pertenece ahora a la colección permanente del Museo Reina Sofía.

Una forma de arte basada en vivir la experiencia.

Lo que estaba claro es que estirar las posibilidades artísticas del nuevo formato no se iba a quedar en contar historias. Eso sería, insistimos, sólo cine o televisión —telefilms que dicen los americanos— y pretender que un espectador se siente en una galería o museo “solo” a ver una historia, no es plan. Así que inmediatamente el videoarte giró hacia imágenes conceptuales y sobre todo, experiencias completas, muchas de ellas inmersivas. Montajes multipantalla, envolvente… algo parecido a lo que ahora hacen algunos con la realidad virtual, pero en plan Lego.

Una retrospectiva en Madrid.

Si no viviste aquella época o quieres revivirla, estás de suerte. El Centro de Artes de Vanguardia La Neomudéjar, una sala autogestionada que se suma a la oferta museística de la capital extendiendo el “Paseo del Arte” más allá de Atocha, en sentido contrario al Reina Sofía, exhibe hasta el 13 de noviembre la muestra  Cruces y Convergencias. Una retrospectiva de los últimos 40 años de videoarte. 32 artistas y más de 100 piezas que son todo un homenaje y un esfuerzo por la difusión de esta especialidad. Y lo mejor, es que las obras se integran como un guante en el espacio, una vieja nave taller de la industria ferroviaria que por sí sola es una maravilla si te gusta la arqueología industrial, los lugares especiales y las atmósferas únicas. Pocas veces continente y contenido se funden como en esta exposición. No podemos más que recomendarte que la visites, y como aperitivo, te dejamos nuestro granito de arena videoartístico. Ponte la pantalla completa y los audífonos para escucharlo bien, y que lo disfrutes.

 

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Web de la exposición: Cruces y Convergencias.

La Neomudéjar

C/ Antonio Nebrija, s/n
28007 Madrid
teléfono 915 283 349

Horarios de apertura:
Miercoles, Jueves, Viernes, Sábados y Domingos de 11:00 a 15:00 y de 17:00 a 21:00.
*Los horarios de la librería son los mismos que los del Centro de Artes.

Precio Exposiciones:

Regular: 4,00 Eur.
Reducido: 3,00 a (parados, estudiantes, mayores de 65 años y familia numerosa)
Gratuito: Miembros del ICOM acreditados.
Horario de libre acceso Miercoles 11:00 a 14:00h.