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‘La casa de los gatos’, un refugio de niños y animales en la Alepo asediada

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Vie, 11 Nov 2016

Sabido es que la ciudad siria de Alepo se encuentra bajo el cerco militar. Pero, en medio del horror del fuego cruzado, queda espacio para la esperanza en ‘La casa de los gatos’, en el barrio de Masaken Hanano, en poder de los rebeldes.

Un conductor de ambulancia, Mohamed Ala Ayil, y sus tres hijos, de entre seis y diez años, ofrecen ayuda a los 2.000 habitantes de Alepo, y a unos 170 felinos que han ido abandonando las familias que tuvieron que dejar atrás sus casas y sus vidas por la guerra. Con fondos que le donan desde dentro y fuera de Siria, Ayil ha reinventado una vivienda abandonada donde los gatos pueden quedarse a vivir, los padres pueden ir a buscar alimento y los niños pueden disfrutar de un patio, un pequeño oasis al margen de la metralla para jugar y cuidar a los animales.

De carne a mortadela

Según cuenta la Agencia EFE, todo comenzó en los días previos al asedio iniciado el julio pasado. Ayil decidió ayudar a los gatos que veía, desde su ambulancia, vagabundeando por la ciudad, y empezó a gastarse unos cinco dólares al día para comprarles carne sobrante en las carnicerías y darles de comer. Sin embargo, avanzó el asedio y las familias continuaron su éxodo, y con elló se incrementó también el número de felinos abandonados, y Ayil tuvo queempezar a invertir ya una media de veinte dólares diarios en alimentarlos, que no se podía permitir.

Por ello, pidió ayuda creando una red de contactos en Facebook que ha derivado en el grupo de Facebook «Il Gattaro d'Aleppo», que nos conecta desde el otro punto del planeta a golpe de clic con Ayil. Con lo que va recaudando en este foro online pone a disposición de los 2.000 habitantes de la ciudad alimentos como búlgur (grano de trigo partido), azúcar, garbanzos, alubias, atún... A los gatos,  debido a delicada situación que atraviesa la ciudad, Ayil ya no les puede ofrecer carne, pero les sirve arroz con mortadela. Esta es la historia de un hombre que ha decidido no huir de su país a pesar de la guerra, para quedarse, a ayudar a quienes lo necesitan bajo las bombas.