Leequid

La agricultura, origen y víctima del cambio climático, quiere ayudar a frenarlo

0
Lun, 14 Nov 2016

La agricultura sufre las consecuencias del cambio climático, pero también está en su origen, en sus causas. Es responsable de al menos un cuarto de las emisiones mundiales de gas con efecto invernadero, al menos en un 17%, y sobre todo por la ganadería, según la OCDE.

Por ello, la reconversión de las tierras agrícolas para hacerlas más sostenibles ha sido uno de los temas centrales en las negociaciones sobre el clima que se han desarrollado estos días en Marrakech, con el leit motiv del Acuerdo de París. Así, la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) advirtió el pasado 17 de octubre del enorme desafío de reducir las emisiones y conseguir alimentar al creciente número de personas que habitan el mundo –se calcula que la población mundial pasará a 9.700 millones en 2050, desde los 3.700 que había en 1970-. Los cambios son especialmente necesarios en el continente africano, donde no está asegurado el abastecimiento alimentario en el futuro.

Reducción de fertilizantes y restauración de suelos agrícolas

Entre las medidas propuestas, reducir los fertilizantes y los productos fitosanitarios, luchar contra la erosión, restaurar suelos agrícolas desaparecidos o plantar más leguminosas (lentejas, garbanzos...); éstas últimas tienen la doble virtud de captar el nitrógeno del aire, un fertilizante natural, y de depositarlo en la tierra para el próximo cultivo.

Además, el presidente del centro Millenium en  Washington, responsable de establecer modelos matemáticos para la ONU en materia de desarrollo sostenible, Hans Herren, afirmó a AFP que "hoy el planeta produce el doble de lo que necesita en materia de alimentación: 4.600 calorías por día y por habitante, aunque sólo necesitamos 2.300 calorías", por lo que se recomienda gestionar la producción de manera más racional.

Un grupo de científicos franceses ha propuesto además un proyecto llamado "4 po 1000" o "agro-ecología", que plantea utilizar cada año un poco más los prados y los campos para bombear carbono. De esta forma se podría conseguir 0, 4 por ciento más de carbono por año en los suelos y frenar el aumento de la concentración de CO2 en la atmósfera.