Sociedad

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Rap y batallas de gallos: ¿un invento del Siglo de Oro?

La palabra "gorrón" surgió en los festejos universitarios de Salamanca y Alcalá, donde los doctorandos sufrían chanzas y rimas como iniciación

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Jue, 18 Mayo 2017

Tanta chanza se ha hecho con el gallo del pobre cantante de Eurovisión, que bien merece que se aligere su culpa hablando de otros gallos más antiguos, más mordaces y sobre todo más desconocidos.

Oficialmente el rap nació en los suburbios estadounidenses allá por los años 60, la teoría de que procede de rhythm and poetry (ritmo y poesía) es difícil de demostrar, como también lo es que naciese allí. Y eso porque otro fenómeno en la historia nos puede hacer sospechar que el rap se originó entre los estudiantes españoles del Siglo de Oro.

La imagen adusta y aburrida que el cine y las novelas nos han transmitido de los siglos XVI y XVII ha pasado por alto infinidad de aspectos chocarreros, burlones y desvergonzados de una época mucho más divertida de lo que nos pensamos.

El mundo de la Universidad, sin ir más lejos, proporcionó numerosas historias escandalosas en gran medida por la juventud de sus alumnos siempre dispuestos al jolgorio y a las bravuconadas, pero también gracias a profesores y catedráticos cizañeros que supieron instigar a las aulas.

Los festejos universitarios en los que el doctorando tenía que invitar a comer a toda la plana mayor de la Universidad dio origen al actual almuerzo al que se convida al tribunal examinador, pero también generó una palabra que usamos todos, gorrón, pues el alumno de pocos medios se veía forzado a pedir con un gorro con tal de sacar dinero para la fiesta.

La solemne universidad de Alcalá de Henares fue escenario de chocarreros recitales poéticos de los que salían escandalizados algunos profesores demasiado serios. Fiestas que destacaban por ser caras y ampulosas, con desfiles a caballo, corridas de toros, mascaradas… e incluso una serie de recitales poéticos en el que los profesores ponían a parir a los alumnos…

No se llegaba a entrar en lo personal, pero sí se insultaba con la suficiente maldad como para que el recién nombrado doctor no se dejase llevar por la soberbia de su coronación.

Estos versos burlescos eran llamados vejámenes y en ellos que cabía todo tipo de insultos, como los recitados por Góngora en su famosa obra Tenemos un doctorando en la que ya utiliza la palabra capullo como insulto. “Capullo para unos / lo que es borla para otros”.

Gracias a la filóloga Aurora Egido hoy podemos disfrutar de muchos de estos vejámenes donde los profesores se despachan a gusto con los alumnos, tal es el caso del vejamen de los doctores Juan y Alonso de Narbona, quienes no cesan de llamar al aspirante a doctor, “mamonazo vergonzante”, “caraza de hongo” o “caldo de mondongo” diciendo incluso que vuelvan a la escuela ya que no se merecen el título de doctor.

No saben más que su agüela

y pretenden capirotes;

mandad, señor Maestre escuela,

que los den muy bien de azotes

Lo interesante y quizá lo que más lo vincule con el rap sea una modalidad de vejámenes llamados gallos, consistente en la réplica y contra réplica de insultos al doctorando, es decir lo mismo que las peleas de gallos de nuestros actuales raperos. 

Los grafitis eran otra constante en los estudiantes del Siglo de Oro, realizados con almagre muchos de ellos siguen siendo visibles en la actualidad.El historiador Vicente de la Fuente llegó a presenciar los gallos de la Universidad de Alcalá de Henares allá en el siglo XIX y dijo de ellos que “los padres graves se desdeñaban de asistir a ellos, pero en cambio hacían las delicias de la turba estudiantil, de los menestrales holgazanes, mayorazgos pelones, y demás gente ordinaria”.

Pero no fue el único en presenciarlos, Fray Luis de León llegó a participar en estos recitales en junio de 1560 durante su etapa salmantina, y quizá pudo conocer unos versos recogidos por Gaspar Lucas de Hidalgo unos años después, quien cuenta como un maestro de teología decía esto de cierto fulano muy devoto del Cristo entrando en Jerusalén:

¡Oh, asno que a Dios lleváis,

Ojalá yo fuera vos!
Suplícoos, Señor, me hagáis

Como ese asno en que vais

Y dicen que le oyó Dios.

 

Miguel Zorita es cronista y licenciado en Bellas Artes y autor entre otras obras de Cervantes Madrid y el Quijote (Ed. La Librería).