martes 9 febrero 2010

02/10/2006

   El Plural / Política

  POLÍTICA

¿Tiene límites esta política de fuleros?

Ahora Zaplana dice del 11-M que “no hay que hacer especulaciones hasta que la Justicia termine su trabajo”

Zaplana es un acreditado zascandil o un charlatán de feria. O también un falsario redomado, que ha hecho de la propagación del infundio su profesión, que comparte con prósperos negocios privados, no pocos de los cuales se encuentran bajo sospecha ante la opinión pública valenciana y, por supuesto, la del conjunto de España. Hace unos días, Zaplana ejercía de fervoroso portavoz de las verdades de Pedro J. Ramírez y llevó las revelaciones de éste al Parlamento con el fin de montar una de sus grescas ultramontanas. Entre el ácido bórico y el documento falsificado por el Gobierno, Zaplana entró en éxtasis o en levitación. El PP, también.

Ahora, después del baño que ha recibido Ramírez del juez Garzón, Zaplana intenta zafarse de la tempestad y asevera que “no hay que hacer más especulaciones políticas hasta que la Justicia termine su trabajo”. ¿Quiere decir esto que el PP está dispuesto, a partir de ahora, a modificar su estrategia que básicamente gira en torno al 11-M y en torno a demonizar el proceso de paz en Euskadi? No parece probable que se produzca tal rectificación. Lo que ha dicho Zaplana sólo cabe interpretarlo como una finta. Ha levantado el pie del acelerador por el momento y punto. Pero –a la que olfatee el más mínimo resquicio favorable- Zaplana volverá a las andadas, si no lo hace antes. Que nadie lo dude.

Obsesivo boicot
Como volvieron a sus hazañas callejeras, ayer en Sevilla, la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT), el PP y sectores vinculados a la extrema derecha clásica. Es decir que, otra vez ¡y van seis en dos años!, la nueva extrema derecha y la vieja extrema derecha convirtieron una manifestación de las víctimas en un clamor contra Zapatero. La manipulación de las víctimas por los conservadores es un escarnio o una desvergüenza. Han transformado el respeto que merecen las víctimas del terror -así como la solidaridad y la ayuda que han de recibir de la sociedad española- en una plataforma de obsesivo boicot al proceso de paz en Euskadi.

“En mi nombre, no”
Los instigadores de esta otra conjura –conectados a los más dilectos inspiradores de la teoría de la conspiración sobre la autoría del 11-M- emplean también la falacia como método. Han conseguido transmitir a los sectores más reaccionarios de este país la filfa de que el presidente del Gobierno se ha rendido a ETA. “Rendición, en mi nombre, no”, vociferaban los manifestantes. ¿Pero de qué rendición hablan? ¿A qué rendición aluden? ¿Cómo han llegado a tamaña vileza los dirigentes de este magma tóxico, en el que se entremezclan desde Francisco José Alcaraz, importantes políticos de la derecha, sus conocidos periodistas gurús y relevantes líderes de ciertos poderes fácticos, tanto materiales como espirituales?

¿Tiene límites?
¿Tiene límites esta política de fuleros, dispuestos a seguir emponzoñando la convivencia democrática, tan costosamente recuperada hace unas tres décadas en España? Si para ofuscar la verdad auténtica del 11-M, Zapatero y sus ministros se dedicaran a cometer todas clase de tropelías, desde ocultar pruebas a falsificarlas, por ejemplo, según cuentan a dúo Jiménez Losantos y Ramírez, nos hallaríamos muy cercanos al infierno. Si hubiera habido una conjura conjunta del fiscal general del Estado, el Gobierno y el juez Garzón para apagar la luz del 11-M, habríamos cruzado ya el umbral del infierno.

En el infierno, voluntariamente
Si la verdad auténtica del 11-M incluyera la connivencia previa entre PSOE y ETA, con la cooperación de los terroristas islámicos, de altos jefes policiales y de los servicios secretos, habría que apagar con urgencia e irnos corriendo antes de que la salida del infierno estuviera cerrada toda la eternidad. Y si, como pregonan las mismas gentes, Zapatero se hubiera rendido a ETA, habría que quedarse voluntariamente en el infierno porque siempre se estaría mejor allí que en una España como la de ZP, gobernada por canallas.

Hipótesis monstruosas
No siendo, sin embargo, cierta ninguna de estas monstruosas hipótesis, el problema de fondo lo tienen el PP y sus comparsas que, como ha señalado Zapatero en Alcorcón, “están atrapados en sus propias falsedades”. Insistir en tales falsedades más que abominable es, a medio plazo, suicida. Políticamente suicida, claro. E.S.

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