14/05/2006
El Plural / Política
POLÍTICA
Pobres víctimas en manos de desaprensivos
Mascarada democrática en la AVT
ENRIC SOPENA
La connivencia de Alcaraz, presidente reelegido de la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT), con el PP no es preciso demostrarla. Salta a la vista incluso de los invidentes, a excepción de los fundamentalistas conservadores, los cínicos o los ignorantes. El PP ha convertido la AVT en uno de sus enclaves preferidos para la agitación o la manipulación de muchas de las víctimas o familiares de éstas y, por extensión, de un amplio sector de la opinión pública. La estremecedora brutalidad que las víctimas y su entorno inmediato han sufrido propicia, como es lógico, el ejercicio de la demagogia más elemental proyectada sobre este colectivo.
La AVT ha sido transformada de forma vil –a lo largo de estos últimos dos años- en un peligroso ariete contra la política antiterrorista de Zapatero. El primer ensayo al respecto, en enero de 2005, ha llegado a ser un gran éxito gracias sobre todo a la vergonzosa algarada montada por los fanáticos contra el entonces ministro de Defensa, José Bono. Como la derecha tiende a aprovechar, sin apenas rubor o escrúpulos, todo cuanto pueda favorecerla –incluidos en ocasiones los excrementos y las aguas fecales- la detención de dos militantes del PP, la sentencia reciente y el redoble de los tambores mediáticos afines a Génova 13 han reforzado la moral de los hooligans.
El juez de la BPS
Poco le ha importado al PP que la sentencia –por otra parte, jurídicamente endeble- la haya instado un juez que fue policía de la franquista Brigada Político Social (BPS), especializada en la vulneración de los derechos humanos más elementales. O que la celebración de la sentencia incorporara elementos tan repugnantes como el numerito extraparlamentario de los diputados de la Asamblea de Madrid o la impúdica exhibición del diputado Pujalte en el Congreso, al que con impecable exactitud, no exenta de benevolencia, retrata nuestro compañero Carlos Carnicero en su artículo de este fin de semana para elplural.com.
Entusiasmo indescriptible
Alcaraz y su equipo de acólitos, secundados por esa musa de las catástrofes fallidas que es Isabel San Sebastián –entre otros periodistas corifeos- han hecho cuanto ha estado en sus manos para dinamitar el proceso de paz en Euskadi. Execrable esfuerzo, potenciado por dos manifestaciones de la AVT y el PP conjuntamente, hasta que Rajoy giró el rumbo tras el alto el fuego permanente de ETA. Aun así, es evidente que el entusiasmo de la derecha por el aludido proceso de paz es indescriptible. Es decir, que no puede describirse al ser inexistente. O casi.
Pucherazo en toda regla
Pues bien, con el futuro de Euskadi a la vista –donde todos los ciudadanos españoles nos jugamos tanto-, la ATV celebró ayer una burda mascarada democrática. Fue un pucherazo en toda regla para impedir que el candidato opositor a Alcaraz, Pablo Broseta –cuyo padre fue asesinado por ETA-, se hiciera con el poder en el interior de esta asociación. La ATV puede seguir jugando a obstruir las conversaciones de paz con los terroristas o puede hacer lo contrario. Puede apostar por la venganza –humanamente comprensible- o por la concordia a partir de una premisa admirable: el mejor homenaje a las víctimas es que no haya ni una sola más de ahora en adelante. Alcaraz se alinea en el bando de la venganza.
Moderación y cordura
Broseta, en el de la concordia. Broseta no es un hombre de izquierdas. Su padre, distinguido militante de UCD, tampoco lo era. Pero el opositor a Alcaraz se mueve en el ámbito de la moderación y en el de la cordura. Lo que, por desgracia, resulta probablemente lo peor para los ayatolás o los neocon, tan de moda. Digámoslo con más claridad: lo peor para los Aznar, Acebes, Zaplana (el afortunado profeta de la tierra mítica) o Mayor Oreja. El ex ministro de Interior en la primera legislatura de Aznar de nuevo ha dado su auténtica talla. El viernes, desde la COPE –faltaría más- llegó a manifestar que Broseta, presentándose a los comicios de la AVT, ofendía la figura de su padre.
Oreja se quita la careta
Mayor Oreja que se creía el liberador de Euskadi -y de tal modo lo presentaban sus voceros- por fin se ha quitado la careta. Mayor Oreja no es demócrata. Un demócrata no puede decir lo que dijo: que era un “disparate” el que hubiera una candidatura alternativa a la de Alcaraz. Como no es demócrata, Oreja apoya con fervor a otro no demócrata, Alcaraz. Sus elecciones no gozarían del visto bueno ni de Putin ni de Kim Zong II. Ni siquiera el de Beb Bush, el hermano de Florida. ¡Pobres víctimas, aquellas que son víctimas a su vez de ciertos desaprensivos!
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