martes 9 febrero 2010

31/03/2009

   El Plural / Política

  POLÍTICA

La portentosa capacidad de Rajoy para faltar a la verdad

¿A qué espera Zapatero para decir ¡basta! a la posibilidad de que un embustero compulsivo se instale en La Moncloa?

Mariano Rajoy no es más que un anticuado faquir de circo. Repite una y otra vez sus obsoletos juegos de mago, pero enseguida se le ve el plumero. Cree que encandila al personal y trata en vano de conseguirlo con una sonrisa artificial, de cartón piedra. Esta noche, en TVE, ha repetido su numerito de la ambigüedad, intentando ser un falso joven. O, más bien, un vendedor de feria, capaz de decir una cosa y la contraria al mismo tiempo. Su capacidad de faltar a la verdad ha sido portentosa. En esta asignatura, en efecto, Rajoy mejora progresivamente.

Hagamos un somero ejercicio de sus mentiras, de sus reiteradas medias verdades y de su restricción mental. Interrogado sobre el balance positivo del Gobierno Zapatero, Rajoy ha declarado que alaba la rectificación –que el PP había exigido durante la primera legislatura- en la política antiterrorista y hasta ha elogiado el viaje a Chile del presidente del Gobierno para minimizar el asunto de la retirada de las tropas de Kosovo.

Absolutamente falso
Lo primero es absolutamente falso. El PP no logró que el Gobierno rectificara en su apuesta por el proceso de diálogo y búsqueda de la paz. Quien lo logró fue ETA, cuando el 30 de enero de 2007 hizo volar parte de la T-4 del aeropuerto de Barajas, ocasionando dos muertes. Fueron los terroristas los que rompieron unilateralmente el alto al fuego que ellos mismos habían ofrecido. Rajoy actuó en ese tiempo como un cínico o, simplemente, como un pelele. Con una mano hacía gestos de apoyo al Gobierno y con la otra convocaba manifestaciones de insulto y patada en el tobillo a Zapatero, con el camarada Alcaraz ejerciendo de furia española y olé.

Homenaje a la hipocresía
En cuanto a Kosovo, su afirmación resulta un homenaje a la hipocresía. El mismo Rajoy que el 20 de marzo soltaba una de sus mayores arengas catastrofistas, augurando no se sabe cuántos males, “incalculables”, se apoderarían de España como consecuencia del desastre tanto de Rodríguez Zapatero como de la ministra de Defensa, Carme Chacón, anoche se puso su careta de moderado y casi felicitaba al presidente por su viaje a Chile y su conversación con Biden.

Hombre de Estado
Luego se disfrazó de hombre de Estado y daba la impresión de que había sido él quien había blindado el sistema financiero español, a propósito de la Caja de Castilla-La Mancha. Después de que María Dolores de Cospedal –cuya pareja, por cierto, salió huyendo hace un mes como consejero de esa Caja, igual que hacen las ratas en el hundimiento de los barcos- y de que Cristóbal Montoro hubieran pronosticado, ambos, el fin del mundo, llega radiante Rajoy a la televisión del Estado y se disfrazó de Solbes.

Cartas marcadas
Otro momento estelar del jugador con cartas marcadas se produjo a raíz de la nueva ley del aborto. “Yo votaré en contra y, si es aprobada, la denunciaré ante el Tribunal Constitucional”, proclamó, mientras sugería que las gentes del PP que asistieron a la concentración representaban al partido, aunque estuvieran ahí a título personal. No supo además qué argumentar ante la pregunta de una señora claramente antiabortista acerca de qué razones llevaron al PP –durante sus dos mandatos; el segundo con mayoría absoluta- a no tocar ni una coma de las medidas pro abortistas vigentes. Metido en el jardín del aborto Rajoy trataba de acercarse al sol que más calienta. He ahí un político de firmes valores y más firmes aún convicciones.

Y viceversa
En torno a las células madre volvió a exhibir su acreditada dialéctica de donde dije digo, digo Diego y, por supuesto, viceversa. No quiso recordar cuando Esperanza Aguirre se jactaba de que su Comunidad era la que creaba menos parados, gracias a su política económica, y cómo en la actualidad oculta el creciente incremento de parados en la región de Madrid. Sobre el YAK-42 y Trillo, sobre el espionaje que salpica gravemente al Gobierno de Madrid, sobre las comisiones de investigación, sobre por qué él no desea castigar a ningún político importante de su partido sin pruebas y sobre la autoría del 11-M, Rajoy dejó de ser un faquir y se transformó en un trapecista, naturalmente con red.

Inasequible al desaliento
Mintió y, por consiguiente y siguiendo con el símil circense, se cayó del trapecio y estuvo a punto de desnucarse. Nada de cuanto alegó se sostenía. Pero le funcionó una vez más la red tupida de una derecha inasequible al desaliento y encogida de hombros ante la corrupción. Tan inasequible que ya levita soñando con una victoria en las europeas. ¿A qué espera la izquierda, con Zapatero a la cabeza, para gritar ¡basta! ante la posibilidad de que un embustero compulsivo se instale en la Moncloa?

Enric Sopena es director de El Plural

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