28/02/2009
El Plural / Política
POLÍTICA
No sólo no es delito serlo, sino que tanto el ministro como la Gran Logia, lo han desmentido
La caverna continúa satanizando a Caamaño por su supuesta masonería
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Los medios del grupo Intereconomía continúan arremetiendo contra el recién nombrado ministro de Justicia, Francisco Caamaño, por sus supuestos vínculos con la masonería. Inexplicablemente reconocen que el propio Caamaño lo ha desmentido pero no dan crédito a sus palabras y siguen satanizándolo rozando lo ridículo. En cualquier caso, la masonería es una actividad perfectamente legal por mucho que estos integristas se empeñen en perseguirla como en la época de Franco.
El semanario Alba y la revista Época prosigue los ataques de la COPE contra el ministro. Mientras la primera denuncia las “conexiones del nuevo ministro con la masonería”, la segunda no duda en definirle como “un masón campechano”. “Caamaño ha negado pertenecer a la masonería, a pesar de que formó parte hace cinco años de un premio sobre investigación histórica convocado por la Gran Logia de España (GLE)”, explica Alba.
Una polémica antigua
Ya en 2006, el semanario había clamado por este mismo asunto. En aquel momento reconoció que el actual ministro, entonces secretario de Estado lo había negado y justificó su presencia en el premio prorque era gallego y versaba sobre el Camino de Santiago. No convencida con sus explicaciones, la revista se pregunta si se impondrá de nuevo el fantasma de la masonería como durante la II República, cuando “el entonces Gran Maestre, Diego Martínez Barrios, les comunicó por escrito que en ciertas cuestiones (el divorcio, la supresión de la enseñanza religiosa, eliminación del presupuesto etc.), las orientaciones masónicas debían prevalecer sobre las directrices de su respectivo partido político”. “Estudiosos del tema aseguran que la fidelidad a la masonería está para sus miembros por encima de la disciplina de partido o de cualquier otra ideología o creencia”.
El perfil de Época
También la revista conservadora Época ha publicado un perfil de “Caamaño, un masón campechano”, además de “radical dialogante” que “no ha empezado bien con los jueces”. La publicación hace un repaso por su biografía que, en principio, es meramente académico e incluso favorable. Pero… “Se le conoce, además, por masón” asevera, citando el mismo concurso que Alba. “Nadie, entre sus cercanos, duda de su pertenencia a la Orden. Es uno de los socialistas más distinguidos de ésta. Desde la Gran Logia, ni se confirma ni se desmiente”. Es el único comentario al respecto, pero es el que aparece destacado.

La Logia desmiente
Precisamente el colaborador de este diario, Amando Hurtado, ha desmentido estas informaciones. “D. Felipe Jiménez Gálvez, Director del Consejo Rector de la Gran Logia de España hasta 2006 – y actualmente Gran Secretario de la Gran Logia Ibérica Unida - me confirma que durante el tiempo en que él desempeñó tal cargo, D.Francisco Caamaño no fue nunca miembro de dicha entidad masónica, ni de ninguna otra de la que se tuviera constancia. Tampoco les consta tal pertenencia a los dignatarios de otras corporaciones masónicas consultadas”, sostiene.
El famoso premio
Hurtado también reseña el famoso concurso en que el ministro fue Jurado, aunque da un versión bastante distinta. “En 2005, la Gran Logia de España, presidida entonces por D.Josep Corominas - que ahora preside la Gran Logia Ibérica Unida - creó el Premio Estatal de Investigación Histórica que, en aquella primera edición, había de tratar sobre “Franceses en el Camino de Santiago” (…) parecía muy idóneo que fuera un gallego, de acreditado prestigio universitario, quien presidiera el Comité de Honor. Por ello, D.Francisco Caamaño, entonces Secretario de Estado de Relaciones con las Cortes, nacido en 1963, en Ceé (Coruña), catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad de Valencia desde 2002 y Letrado del Tribunal Constitucional, a partir de 1993, fue designado para presidirlo, sin más función que la meramente representativa”, apunta.
Mensaje a “la caverna”
El colaborador de este digital también deja un mensaje claro a los inquisidores de Caamaño. “A los habitantes vitalicios de esa caverna histórica que es el nacional-catolicismo (que no es un respetable catolicismo, a secas) les siguen pareciendo utilizables los muy obsoletos timos difamatorios de todas las dictaduras, atribuyendo a la Masonería aquellos poderes ocultos de los que tanto se habló, sobre todo en las hojas parroquiales de muchos de nuestros pueblos y ciudades de finales del siglo XIX, explotando la dialéctica del miedo", sentencia.
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