08/01/2009
El Plural / Política
POLÍTICA
Chávez, el primero que expulsa al embajador de Israel y le canta las verdades del barquero
No a la equidistancia: no es lo mismo un Estado opresor que cientos de miles de palestinos oprimidos
Supongamos que el presidente venezolano, Hugo Chávez, ordenara a su Gobierno actuar contra sus enemigos de forma similar a la que practica el Estado de Israel con el pueblo palestino. Pues bien, si ahora el facherío le llama despectivamente Gorila Rojo, entonces le llamaría, y con toda razón y fundamento, el tirano sangriento de Venezuela. Sería descrito como un monstruo salvaje o un brutal dictador sin entrañas, y con toda razón y fundamento.
Fuerzas de interposición procedentes de medio mundo, a instancias de la ONU, habrían llegado hace días ya a Venezuela, procurando impedir el derramamiento de más sangre. Cuando Chávez, para defenderse de las andanadas dialécticas que le lloverían por todas partes, alegara que su Gobierno es democrático -porque había sido elegido en las urnas- deberíamos recordarle que de parecida manera se hicieron con el poder Benito Mussolini y Adolfo Hitler.
El origen de un régimen
El origen de un régimen puede ser democrático. Pero si el ejercicio de esa democracia consiste en vulnerar habitualmente los derechos humanos, masacrar a la población civil y tratar a las gentes como animales salvajes, habrá que decir sin tapujos que la democracia nunca puede servir de coartada al vandalismo, al terrorismo de Estado o a masacres con inclusión de niños, de mujeres indefensas y de hombres indefensos también. Si ciertamente Chávez presidiera un Gobierno dedicado a este género de barbaridades, la comunidad internacional habría reaccionado –entre la ira y el dolor- con la mayor contundencia acusando al Jefe de Estado de Venezuela de asesino.
La seguridad
Y no valdría que nos repitiera una y otra vez que está en peligro la seguridad de sus ciudadanos. La seguridad es sin duda sagrada, pero -invocando su nombre- un Estado de Derecho no puede recurrir a crímenes masivos, como si en lugar de seres humanos hubiera ratas. Esto no es un Estado de Derecho. Esto es literalmente la ley del más fuerte, la ley del Far West, la ley de la selva y la ley del ojo por ojo y diente por diente –o para ser exactos- la ley de cien ojos por un ojo y cien dientes por un diente. “Esto no es una guerra; esto es un genocidio”, como ha subrayado a El Plural Saif Abuskeslek, coordinador de la Red Internacional de Jóvenes Palestinos.
A la altura de las circunstancias
Pero hemos de decir que Hugo Chávez, en esta ocasión, ha estado a la altura de las graves circunstancias que se sufren en Gaza. Chávez ha sido el primer mandatario que ha expulsado de su país al embajador de Israel y le ha cantado las verdades del barquero, tras que la cifra de palestinos asesinados haya rebasado los 600. Chávez ha condenado “tajantemente las flagrantes violaciones del Derecho Internacional en las que ha incurrido el Estado de Israel”. Y ha expresado el “horror de la muerte de niños y mujeres inocentes, producto de la invasión de la franja de Gaza por tropas israelíes y del bombardeo inclemente”.
Crímenes atroces
Chávez ha advertido además que “el Gobierno venezolano no descansará hasta ver severamente castigados a los responsables de estos crímenes atroces”. Y ha precisado que “con el genocidio del pueblo palestino, el Estado de Israel nunca podrá ofrecerle a su pueblo la perspectiva de una paz tan necesaria como duradera”.
Reflexión torticera
La respuesta del Gobierno israelí ha consistido en acusar al Ejecutivo de Venezuela de mantener “estrechos lazos” con Hamás y con Irán. Particularmente significativo es el siguiente párrafo del Gobierno de Ehud Olmert: “Venezuela debe elegir en qué lado de esta guerra está. Debe elegir entre los que luchan contra el terrorismo y entre los que lo apoyan”. Semejante reflexión, sobre todo torticera, se parece -como una gota de agua a otra gota de agua- a los discursos de José María Aznar o George W. Bush en el prólogo de la invasión militar de Irak. “O se está a favor de la guerra o se está a favor de Sadam Hussein”, decían muy solemnes ambos.
Injusta equidistancia
Pues ni estamos a favor de la guerra de Israel contra los palestinos ni apoyamos las acciones violentas de Hamás o de quien sea. Pero es tramposo equiparar un Estado con una organización terrorista o, según y cómo se examine la cuestión, guerrillera. Es injusto recurrir a la equidistancia diciendo que son tan malos unos como otros. No es verdad. No es lo mismo, bajo concepto alguno, un Estado opresor que la reacción frente a él de cientos de miles de palestinos oprimidos. No fue lo mismo la invasión norteamericana de Vietnam que la réplica de los vietnamitas invadidos. No fue lo mismo la invasión norteamericana y de otros países de Irak que la defensa de su territorio por parte de los iraquíes.
Éste, también
No es lo mismo una democracia que una dictadura. Pero cuando una democracia actúa como si fuera una dictadura deja de ser democracia. El Estado de Israel está actuando con los palestinos como hicieron los nazis con los judíos. Aquel exterminio fue del todo abominable. Éste, también.
Enric Sopena es director de El Plural
Si todavía no se ha registrado como usuario de El Plural, puede hacerlo de forma gratuita haciendo clic aquí.
Si tiene alguna dificultad técnica con su cuenta de usuario en El Plural, envíe un mensaje de correo electrónico a soporte@elplural.com con la descripción detallada de su problema y nuestro centro de soporte le responderá.
El Plural no se hace responsable de las opiniones expresadas por los usuarios en este foro.
Las opiniones se eliminarán pasados 30 días de la fecha de envío.
Quiénes somos | Aviso legal | Publicidad | Contacto | Ayuda
elplural.com, 2007. Publicado bajo licencia Creative Commons