martes 9 febrero 2010

10/02/2006

   El Plural / Política

  POLÍTICA

La conspiración contra Felipe, al descubierto

Aznar, Cascos, Garzón y Pedro J., principales implicados, según Amedo

El autor es el policía José Amedo, condenado a 108 años de cárcel por su implicación en los GAL. El título del libro es elocuente: La Conspiración, el último atentado de los GAL (editorial Espejo de Tinta), El diario El País publica un amplio resumen de las revelaciones de Amedo, hombre clave, junto a su compañero Michel Domínguez, durante los años de plomo del Gobierno de Felipe González. Casi todo cuanto se dijo entonces sobre la conjura contra González ahora lo confirma Amedo.

Aznar, Álvarez Cascos, Garzón y Pedro J. Ramírez fueron la punta de lanza de todo el montaje: el frente político, el frente judicial y el frente mediático. A los dos primeros, les movía la ambición política conducida hasta la exasperación del “vale todo”. A Garzón, el despecho. Se cambió de bando y se encontró con que la Roma de Felipe tampoco pagaba traidores. Garzón quería ser ministro pero acabó siéndolo -y con doble responsabilidad (Interior y Justicia)- otro juez, Juan Alberto Belloch.

Hacedor de reyes
A Pedro J. Ramírez le movían muchas cosas. El deseo de venganza hacia González, a quien él atribuyó su destitución como director de Diario 16. También, su inagotable afán de protagonismo, su fijación obsesiva en el Watergate, su voluntad de convertirse en el periodista hacedor de reyes y, sobre todo, su sueño de llegar a ser “el Cebrián del PP.” Logró en parte sus objetivos. Se vengó de González contribuyendo de forma decisiva a la victoria de 1996 –ciertamente por los pelos- de Aznar.

El Sindicato del Crimen
Ramírez hizo posible, junto a sus compañeros del llamado Sindicato del Crimen, la ascensión de la derecha. Aznar se lo agradeció, aunque por diversas circunstancias no consiguió convertirse en el hombre fuerte del imperio mediático conservador. Lo rozó con los dedos siendo Juan Villalonga -el compañero de pupitre de Aznar- el Gran Jefe de la Telefónica privatizada. Luego pasó lo que pasó y él siguió siendo sólo el director de El Mundo. El relato de Amedo, en todo caso, deja claro que su cacareada independencia no le impidió ser, en el tiempo de la conspiración, el portavoz de Aznar y Álvarez Cascos ante Amedo o ante Garzón. A veces ejerció de portavoz y en otras ocasiones de cerebro.

Servidor de sí mismo
La narración de Amedo, naturalmente subjetiva y cuestionable -ni más ni menos que las de los otros protagonistas de tan tenebroso asunto- hace trizas la profesionalidad como magistrado de Garzón. A pesar de que intentó salirse, tiempo después, de la ratonera –una ratonera, por cierto, construida judicialmente por él-, la realidad es siempre tozuda. Amedo, en su libro, lo sitúa de nuevo en el papel ominoso de servidor más de sí mismo que de la Justicia.

Candidato por el PSOE
Amedo escribe, a propósito de un interrogatorio privado de Garzón a Michel Domínguez (lo que ya es una grave irregularidad procedimental), en abril de 1993, lo siguiente: “El juez le indicó que estaría dispuesto inicialmente a solucionar su problema si contaba todo lo que sabía. Michel le dio las claves del secuestro (de Segundo Marey), no las pruebas. En ese momento Garzón los hizo salir de su despacho para realizar una llamada telefónica. Eran las siete de la tarde. Veinte minutos más tarde volvieron a entrar en el despacho y Garzón les dijo que ya no había que decir nada, porque iba en las listas electorales de Madrid por el PSOE y que sería el próximo ministro del Interior. Él se encargaría personalmente de solucionar la situación desde su nuevo destino. Finalmente, les encargó que dijesen a Amedo que siguiese callado”.

Salvad a Damborenea
Otro episodio significativo explicado por Amedo: “Pedro J. me recibió y nos sentamos en una mesa redonda y acristalada. (…) Verás, cuando lleguen los otros (se refiere al PP), todo será diferente. José María Aznar tiene una gran capacidad política, es serio y honrado, es un hombre válido. Lo conozco muy bien. Ten confianza. Por cierto, al hilo de lo que estamos hablando, he de decirte que me ha pedido José María que te ruegue que a ser posible evites implicar en los hechos a Ricardo García Damborenea, puesto que inicialmente tiene reservada para él la candidatura a la Alcaldía de Bilbao.”

Personas con mucho poder
Le preguntó Amedo a Ramírez si estaba Aznar al corriente “de todo esto antes de que estalle”. Respuesta: “Mucho antes. Por eso te dije el primer día que nos vimos que estarías respaldado por personas con mucho poder. Está al corriente de todo. ¿No te tranquiliza que sea así?”.

“No se olvidará de este favor”
El complot, la conjura o el golpe de Estado civil de la derecha contra Felipe González emerge con gran fuerza otra vez como consecuencia del libro de Amedo. Los manejos del PP, dirigidos desde la cúpide entonces de Génova 13, provocan escalofríos. “Jose (por Aznar) me ha dicho que jamás se olvidará de este favor (…) Cascos le dijo a mi abogado que si declaraba ante Garzón lo que sabía, cuando llegasen al poder garantizaban el indulto de su cliente”. También provocan escalofríos ciertas conductas de Ramírez y de Garzón.

Además, la pinza
Los GAL fueron investigados judicialmente y llevaron a la cárcel al ex ministro del Interior, José Barrionuevo, y al secretario de Estado, Rafael Vera. Éste continúa encarcelado. Estuvo a punto incluso de ser condenado González. En la dirección del PP se debatió la conveniencia o no de que González terminara en prisión. Mucha gente de buena voluntad se creyó una tramoya destinada no a esclarecer la verdad, sino a cargarse el primer Gobierno progresista desde 1939. Las sentencias estaba dictadas antes de empezar el proceso. Era la época, además, de la pinza, urdida en la casa de Pedro J. Ramírez, que generó peligrosas complicidades entre Aznar y Anguita.

El Batallón Vasco Español
Los GAL existieron y estuvieron vinculados al aparato del Estado. La guerra sucia es repudiable, aunque no se la inventó el PSOE –que la clausuró en 1987- y convenga repasar el contexto en el que se llevó a cabo. Pero existieron también grupos como la Triple A o el Batallón Vasco Español. Amedo conoció bien este último. ¿Por qué el PP no admitió jamás que este Batallón fuera investigado? ¿Por qué el valiente juez Garzón pasó olímpicamente de este precedente de los GAL?

E. S.

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