martes 9 febrero 2010

10/10/2008

   El Plural / Política

  POLÍTICA

El presidente de AVT dice que negociar con ETA “humilla” a las víctimas

Sr. Casquero ¿es Ingrid Betancourt víctima del terrorismo o amiga de los terroristas?

Habría que preguntarle a Juan Antonio García Casquero, presidente actual de la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT), si considera a Ingrid Betancourt víctima del terrorismo o, por el contrario, amiga de los terroristas. Habría que preguntarle al continuista sucesor de Francisco José Alcaraz por qué condena -con reiteración y alevosía- la vía del diálogo y la negociación como fórmula posible, aunque no infalible, de erradicar a los terroristas. Y habría que rogarle, sobre todo, que a lo largo de su respuesta no recitara cual papagayo ni el argumentario de su organización ni el de los genoveses, que son a tales efectos la misma o similar cosa.

García Casquero no se sale ni un milímetro de la doctrina Alcaraz –que en este punto como en el de la autoría del 11-M es desde luego firme doctrina PP-, hasta el extremo de convertir sus argumentos en dogma de fe. Tiende García Casquero a insistir en que toda conversación con etarras y filoetarras acaba siendo una “humillación” para las víctimas. Eso no es cierto por una razón bien sencilla. No todas las víctimas del vandalismo terrorista opinan igual. Betancourt es un ejemplo y no es la excepción a la regla, porque resulta verdad que hay en España, y fuera de España, quienes –siendo víctimas también- no comparten esas teorías antidiálogo, tan de brocha gorda, tan simplistas y, desde luego, tan inequívocamente demagógicas.

¿Prohibido negociar?
“Estamos en alerta –ha advertido García Casquero- porque hay unas personas del PSOE que están hablando de diálogo”. ¿Ha sonado ya el cornetín de órdenes? Resuena en el campamento popular y sus coros mediáticos: queda prohibido siquiera plantear una negociación como una hipótesis. No obstante, Betancourt -rehén de las FARC durante más de seis años en la selva colombiana-, el otro día en el Parlamento europeo, declaró entre sollozos: “¡Sí, hay que negociar, hay que negociar, hay que negociar”. Defendió “la palabra y el diálogo como instrumentos indispensables para poner fin a la guerra en el mundo” y respaldó el proceso de paz del Gobierno Zapatero, aunque terminara mal.

Por encima de los fanatismos
Añadió que a veces “la palabra llega por encima de los fanatismos, y es mágica, porque puede cambiar la actitud de una persona”. Y puso broche de oro a su intervención del siguiente modo: “Gracias a la palabra que sale de lo más profundo de nuestro ser haremos la paz, con ella preservaremos la libertad de todos, gracias a ella comenzaremos a construir una nueva civilización, la del amor”. ¿Es reprobable el hermoso discurso de esta valerosa mujer? En absoluto lo es. Como no fue un acto de apoyo a ETA -todo lo contrario- la reunión de Ibarretxe y López con Otegi. ¿En qué cabeza cabe –salvo en aquellos que Betancourt definiría como atrapados por “los fanatismos”- no pueda llegar el día en el que convenga abrir de nuevo el diálogo?

Solemne aberración
De momento, lo que sí llega es el juicio a Ibarretxe y a Patxi López por el presunto delito de sentarse a hablar con Otegi. ¿Puede decirse que se trata de una solemne aberración imaginar siquiera que en esas conversaciones lo que se abordó fue cómo intensificar el número de muertos o heridos por los etarras o cómo perdonar a los asesinos o qué hacer para segregar Euskadi del conjunto de España? No se puede entender la obsesión de los dos líderes mencionados de la AVT por encarcelar a dos políticos democráticos que, con sus defectos y errores, naturalmente, osaron intercambiar puntos de vista con Otegi.

Terminal genovesa
O sí se entiende. La cúpula de la AVT es una evidente terminal genovesa. Lo ha sido en estos últimos cuatro años y continúa siéndolo en la actualidad. Parecería pertinente, pues, preguntarle por último a García Casquero si preside una asociación de víctimas del terrorismo –las cuales merecen el respeto y la solidaridad de todos- o, en realidad, a lo que se dedica es a reforzar, desde su ámbito, a la derecha política.


Enric Sopena es director de El Plural

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