martes 9 febrero 2010

10/09/2007

   El Plural / Política

  POLÍTICA

Deberá convertirse en un museo en recuerdo de los crímenes de la dictadura

¿Qué hacemos con el Valle de los Caídos?

JAUME PROS

Si nos dirigimos a Segovia, desde Madrid, veremos que a nuestra izquierda, en una ladera de la Sierra del Guadarrama en el término municipal de San Lorenzo de El Escorial, se alza una gran cruz. Una cruz que, incluso para los que la ven por primera vez, es fácil de identificar. Y es que hablo de una imagen que todos hemos visto infinidad de veces fotografiada o por televisión. A muchos -entre los que yo me incluyo- , sabedores de lo que significa aquel lugar habitual de peregrinación para los nostálgicos del franquismo, la visión en vivo y por primera vez de aquella silueta nos produce un cierto desasosiego.

Una vez dentro del recinto y a medida que nos acercamos a nuestro destino por una carretera rodeada de un extraordinario paisaje, ese desasosiego va en aumento, al tiempo que comprobamos que aquella cruz es más grande e imponente de lo que a primera vista y desde la distancia nos podía parecer.

Al llegar y tan pronto cruzamos el umbral de la basílica, el sentimiento de angustia es prácticamente inevitable, por lo oscuro y tétrico del lugar. Es como si se pudiera percibir en el aire la presencia invisible del sufrimiento y de la muerte.


Jose Antonio, el único
Entrando a la iglesia encontramos en el suelo una primera sepultura con un sencillo ramo de flores encima de la lápida; y un nombre: José Antonio. En su momento entendieron que no era necesario añadir los apellidos y posiblemente tenían razón. En España sólo hay un José Antonio que no necesita de sus apellidos para ser identificado.

Francisco Franco
A una buena distancia, al final de la iglesia y detrás del altar, hay otra sepultura. También con su correspondiente ramo de flores, idéntico al anterior. En este caso, en grandes caracteres podemos leer: Francisco Franco. Alrededor de la tumba del dictador y como si formaran parte de un decorado, veo un grupo de señoras de avanzada edad, vestidas de domingo y ostentosamente enjoyadas, que se lamentan con melancolía por un tiempo pasado que, para ellas fue, sin duda, mejor.

Esclavos republicanos
El Valle de los Caídos es, sin duda, un ejemplo de la megalomanía que caracteriza a los dictadores, independientemente de su signo. En este caso, y según aseguran los historiadores más solventes (como el propio Paul Preston), fue un medio para convertir en esclavos a miles de prisioneros republicanos condenados, según decía el propio Régimen, a la redención por el trabajo. Es decir, según un cómputo nunca claro, los días de trabajo servían para conmutar días de condena en prisión. Llegados a este punto, hay que recordar que las obras comenzaron en 1940 y no acabaron hasta 18 años más tarde.

Trampa mortal
Con todo y según aseguran supervivientes y testigos, muchos de los prisioneros nunca llegaron a disfrutar de la libertad prometida. Las condiciones laborales en jornadas interminables, la falta absoluta de seguridad y la desnutrición, hicieron que los accidentes mortales fueran muy frecuentes ¯recordemos que además de tener que mover grandes bloques de piedra, la basílica es realmente un enorme túnel excavado a pico y pala.

Fascistas en el Valle
Aún así, también hay quien defiende la existencia y vigencia del Valle de los Caídos. Recordemos, como ya he dicho antes, que estamos hablando de un lugar de peregrinación de nostálgicos del Franquismo, así como de grupos fascistas de extrema derecha.

Caídos de un solo bando
La Fundación Francisco Franco, que anualmente recibe una importante subvención por parte del Estado, entiende que el Valle de los Caídos es un homenaje a todos los caídos durante la Guerra Civil. Otros personajes, con un cierto protagonismo mediático, también defienden la simbología del lugar con argumentos pseudo-históricos.

Para Moa, un símbolo de reconciliación
Es el caso de Pío Moa (defensor de la dictadura franquista) que asegura que: “El poder socialista-separatista ha emprendido una campaña para justificar alguna acción contra un monumento concebido, con mejor o peor criterio, como símbolo de reconciliación”. Para Moa: “Según la ley ¯debemos entender que franquista, obviamente¯, no existían trabajos forzados, sinó que los presos podían trabajar, voluntariamente, para redimir penas y cobrando un pequeño sueldo. Dudo mucho de que nadie fuera obligado. (...) Sólo un preso con mucho apego a la existencia carcelaria o aversión al trabajo rehusaría tal posibilidad”.

La "Gloriosa Cruzada"
Los franquistas, según parece, ya han olvidado lo que decía el decreto fundacional cuando hablaba de las motivaciones de tan magna obra: “Perpetuar la memoria de los caídos de nuestra gloriosa Cruzada (...) La dimensión de nuestra Cruzada, los heroicos sacrificios que la Victoria encierra y la trascendencia que ha tenido para el futuro de España esta epopeya, no pueden quedar perpetuados por los sencillos monumentos con los que suelen conmemorarse en villas y ciudades los hechos salientes de nuestra historia y los episodios gloriosos de sus hijos”.

Insultante
A pesar de los insultos a las víctimas y de tanta mentira, yo, por mi parte, no considero la desaparición física del Valle de los Caídos. Aunque entiendo que no puede continuar siendo un monumento a la exaltación fascista (y sigo sin comprender como es posible que haya curas que puedan caer tan bajo como para dar misa rodeados de toda aquella simbología tan estrechamente relacionada con el horror, el dolor y la muerte).

Como Auschwitz
Alguien me dijo que la sensación que se siente al abandonar el Valle de los Caídos es similar a la que se tiene cuando se acaba de visitar el campo de exterminio de Auschwitz. Y posiblemente tenga razón. Con todo, no creo que el Valle de los Caídos deba desaparecer (lo cual tampoco me importaría demasiado). Lo que yo creo es que aquel espacio ha de redefinir su función social (si es que hoy tiene alguna).

Recuerdo y reconciliación
Ante la pregunta que da título a este artículo, más de uno responderá: “¡dejadlo como está!”. En cambio y según mi opinión, sería conveniente y necesario reconvertir el espacio en un centro de interpretación del franquismo. En una especie de museo o lugar de visita para niños y mayores, donde siempre se mantenga viva la llama del recuerdo de todos los crímenes de la dictadura.

Porque, más allá de olvidar, hay que saber trabajar por la reconciliación manteniendo viva, al mismo tiempo, la memoria colectiva de nuestra historia. Nos conviene procurar, y en eso estaremos seguramente todos de acuerdo, que nunca más vuelva a suceder una cosa similar.

Jaume Pros es técnico de Promoción Econòmica y colaborador del semanario El Vallenc
Su blog es www.jaumepros.blogspot.com 

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