06/03/2007
El Plural / Política
POLÍTICA
Rajoy aborrece la memoria histórica y huye de la reciente
Asistimos –con inquietud creciente- a la representación de un intento de golpe de Estado callejero
“Los movimientos que se están produciendo van en la línea de conseguir que estas personas que lo tienen retenido cambien de alguna manera su salvaje comportamiento y se obtenga la libertad de ese señor”, declaró Enrique Villar, a la sazón delegado del Gobierno en Euskadi. ¿Cuáles eran tales “movimientos”? ¿Quiénes eran “estas personas que lo tienen retenido”? ¿A quién tenían “retenido” o quién era “ese señor”?
No hay que ser experto en hermenéutica para contestar a tales preguntas. Los “movimientos” eran los de 43 presos de ETA que fueron acercados, entre 1996 y 1997, por orden del Gobierno Aznar, a cárceles más próximas a Euskadi. Los que retenían eran terroristas de ETA. El retenido –mejor dicho secuestrado-, “ese señor”, era Ortega Lara, funcionario de prisiones, militante del PP, cuyo prolongado calvario produjo escalofríos de pavor y de indignación entre los españoles bien nacidos.
Sinónimo edulcorado
No sólo Villar verbalizó el asunto, sino que lo hizo Mayor Oreja, ministro en ese tiempo de Interior. Habló días después de haber tomado posesión, el 6 de mayo de 1996: “Los miembros de ETA, en el supuesto de que en un momento determinado decidieran una actuación, que ojalá no se produzca, lo tienen más complicado en el sentido de que no pueden justificar que aquí se ha producido una cerrazón y una intransigencia por parte de Interior”. Esa “actuación” fue un sinónimo edulcorado del vocablo asesinato.
Los premios a De Juana
Era conocido que una de las condiciones de ETA para liberar a Ortega Lara pasaba por el traslado de presos. El Gobierno de la derecha accedió a la demanda y transportó a los presos entre los cuales figuró De Juana Chaos, que cumplía su condena por 25 atentados mortales. Fue éste uno de los premios que recibió del PP. Otro premio le llegó porque escribió un libro. Gracias a ello se le recortó sensiblemente la condena. Las amenazas vertidas en Gara años después eran peccata minuta en relación al libelo aludido.
Piadosamente
Estas gentes del PP tienen una cara de cemento armado. En lenguaje cheli o postmoderno “un morro que se lo pisan”. Lo que hicieron ellos sin apenas objeción por parte de la oposición socialista y del resto de partidos, así como por parte de la prensa progresista, ahora –a causa de un affaire menor- lo han convertido en crimen de lesa patria. Como consecuencia de su hipocresía, de su cinismo, de su doble vara de medir, vienen ensayando una especie de neoalzamiento –por fortuna de carácter virtual- al que denominan piadosamente “rebelión cívica”.
Buena parte del preludio
Asistimos –con inquietud creciente- a la gravísima representación de un intento de golpe de Estado de salón o, para ser más exactos, callejero. Esta derecha -que nunca ha terminado de abjurar del espíritu del 18 de julio- ha caído en la tentación de recrear aquel clima de fascismo ambiental, construido sobre las mayores calumnias, las más tremendas injurias, las mentiras más tenebrosas y el retorcimiento mediático de la realidad. Así fue buena parte del preludio de la “rebelión” de hace setenta años.
Concurso infatigable
Fue similar a cuanto intenta en la actualidad el PP –con el concurso infatigable de la extrema derecha- buscando, mediante recursos demagógicos como el de instrumentalizar a las víctima, que caiga el Gobierno Zapatero. El 14-M perdieron en las urnas. Antes, desde el 11-M, habían perdido la dignidad política anteponiendo sus intereses electorales a los generales. O anteponiendo los delirios de grandeza del Aznar de las Azores a las aspiraciones masivas de paz que exigía la opinión pública.
Ni están ni se les espera
No saben perder. En febrero de 1936, las izquierdas ganaron las elecciones. Las derechas no acataron el veredicto democrático y montaron la que montaron sólo cinco meses más tarde. Casi nunca la derecha supo perder. La historia lo certifica con claridad meridiana. En 2007 andan en las mismas. Felizmente, ni este país es aquel, ni el bienestar económico y social es equiparable a la miseria mayoritaria de entonces, ni el Ejército es el africano del general Franco. Ni en Europa están, ni se les espera, Mussolini y Hitler. Tanta irresponsabilidad la pagará muy cara Rajoy. Aborrece la memoria histórica y huye de la reciente: de lo que hacía su Gobierno respecto a ciertas exigencias de ETA.
E.S.
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