Viernes, 31 de Octubre de 2014
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Elena Martí
El Análisis de... Elena Martí

El fin de una página bolivariana
Fue populista, pero también sincera y sencillamente popular y, contra lo que podía parecer, un buen táctico

Tal y como permitía suponer el sombrío parte médico comunicado solo doce horas antes por el ministro de Comunicaciones, Hugo Chávez, presidente de la República de Venezuela murió a media tarde del martes, hora de Venezuela.

El vicepresidente Nicolás Maduro, designado literalmente como su sucesor apenas tomada en diciembre su decisión de ir a Cuba a operarse de cáncer, anunció emocionado, el fallecimiento y anunció que se procedía a un despliegue “militar y policial” para mantener el orden y “garantizar la paz”.

Un recorrido incomparable
Aunque América Latina ha dado muchos ejemplos de líderes  capaces de inducir cambios importantes en sus países y mezclar el carisma personal con la audacia de su conducta y hasta de crear movimientos duraderos, el caso del teniente coronel Hugo Chávez Frías, lanzado a la aventura de un golpe político-militar en 1992, es de los más sobresalientes, de los más duraderos en el tiempo y, a su modo, de los más exitosos.

Un resumen de su agitada vida da una derrota a manos del gobierno en el 92 percibida en la calle como una genuina victoria. El nuevo presidente, Rafael Caldera, llamado para relevar al corrupto Carlos Andrés Pérez, lo comprendió y amnistió a los revoltosos. Seis años después, con su flamante “Movimiento Quinta República”, Chávez ganaba la presidencial.

Después volvería a ganar hasta tres veces en las presidenciales, cuatro legislativas y dos referéndums. Solo perdió, y por un punto, un referéndum para una reforma constitucional.

El apoyo de sus adversarios
La clase política instalada no supo aceptar nunca el éxito deslumbrante del militar y, por fin, se atrevió a intentar el golpe de Estado en abril de 2003: un empresariado corto de vista y media docena de generales felones dieron un golpe e instalaron a Pedro Carmona, presidente de la patronal, en la presidencia. Pero la cosa duró un par de días, una brevedad que no impidió a José María Aznar ordenar a nuestro embajador en Caracas anunciar que se reconocía al nuevo régimen, a los golpistas.

Este fracaso de la derecha tradicional fue, paradójicamente, un apoyo al teniente coronel, visto desde entonces como un presidente constitucional valeroso y capaz de dar la vuelta a la situación. Su legitimidad aumentó y le dio alas para emprender la refundación del régimen desde los postulados socializantes y anti-imperialistas que le han caracterizado siempre.

Popular, populista y buen táctico
Chávez había prescindido desde el primer momento de la clase política instalada y apenas un par de viejos dinosaurios de la izquierda clásica, Miquilena y Rangel, le ayudaron y aconsejaron. Su camino fue en seguida el de un solitario que creó un nuevo poder salido, en lo principal, de la joven oficialidad que le asistió desde el 92. A eso añadió, de modo poco elaborado al principio, un mensaje de fuerte acento social que le acercó a La Habana y caracterizaría en adelante al régimen, descrito pronto como “socialista y bolivariano”.

El esfuerzo a favor de las clases modestas ha sido sin parangón y de ellas sacó sus mayorías electorales. No “hizo política” en el sentido habitual de la expresión, fue todo de nuevo cuño, excepto la fijación de la mirada en Cuba y la relación privilegiada con los hermanos Castro, que le enviaron las célebres misiones médicas que han obtenido un amplio reconocimiento social.

Fue, pues, populista, pero también sincera y sencillamente popular y, contra lo que podía parecer, un buen táctico. La mezcla de todo eso explica su duración.

El inmediato porvenir
El pronóstico más extendido entiende que con la muerte de Chávez morirá el “chavismo” y eso – si se recuerda el peronismo o el gaullismo y salvadas todas las diferencias – no es por completo seguro. O no lo es a corto plazo.

Si la “vieja guardia” chavista hace las cosas según la pauta establecida, que es la constitucional, y en función de sus simples previsiones, desde mañana será jefe interino del Estado el presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello y el vicepresidente Maduro hará las veces de jefe del ejecutivo.

Hacia la elección presidencial
Con los plazos tasados, Cabello deberá convocar nuevas elecciones y se da por seguro (insisto: asumiendo que el movimiento bolivariano-chavista se mantiene unido y es práctico que Maduro será el candidato… tal vez frente a quien fue el último, y relevante adversario de Chávez, Henrique Capriles, ahora gobernador del Estado Miranda y gran promesa del conservadurismo liberal.

Chávez le ganó cuando ya estaba enfermo pero nada dejaba presumir que su muerte estaba tan cerca. Capriles fue correcto, más al principio que ahora, pero la oposición, mal que bien, asumió que mientras viviera y estuviera consciente él era el presidente y había que esperar. Así lo entendió el Tribunal Supremo, pero el fin de la vida, la interesantísima vida del teniente coronel Chávez, que lo puso todo patas arriba en Venezuela y supo prevalecer, lo ha cambiado todo y hace aleatorio un pronóstico. …

Elena Martí es periodista y analista política

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