12/01/2007
El Plural / Artículos de opinión
ARTÍCULOS DE OPINIÓN
Salida de emergencia
Hijoputismo estructural
El 13 de enero la sociedad española volverá a dividirse entre los que en el fin del terror, encuentran su objetivo y los que de su manipulación pretenden cosechar votos. Los primeros saldrán a la calle con la sana intención de manifestarse en contra del terrorismo y a favor de la paz. Los segundos seguirán insultando a la inteligencia con eso de que el acto “genera división y siembra confusión en la estrategia de lucha contra ETA”. Entre ellos habrá otra diferencia notable: los primeros tienen certeza de quién es su padre.
Repasando colectivos y dirigentes con dificultades para elaborar un árbol genealógico creíble destacan por encima de todos los de la banda terrorista ETA. El hijoputismo estructural de estos tipos los ha llevado al funeral de su propia historia. Pretenden que una sociedad democrática acepte un plan de negocio por el que ellos pueden establecer cuando y como ejecutar actos de presión política que no dejan de ser atentados violentos. La credibilidad de la banda está por los suelos y la garantía de que su final es una posibilidad manifiesta es ahora aun mayor de lo que nadie podía pensar hace unos meses. La absoluta falta de criterio en la dirección etarra ha comportado un cierre que puede ser definitivo a una solución dialogada. Va a ser complicado que un gobierno, el que sea, acepte un nuevo proceso de paz después de cómo han pretendido llevar este que ya resta exánime. No han entendido nada. Era probable que no lo hicieran, pero esta era la última oportunidad. La banda de matones en la que se ha convertido ETA agonizará en los próximos meses. El mundo que les ha tocado vivir a los nuevos responsables del aparato militar no es el de sus predecesores. Hoy, un petardo en la T4 que convierte en mártires de la lucha por la libertad de Euskalerria a dos pobres inmigrantes que descansaban en sus vehículos, es una caricatura respecto a lo que otros grupos terroristas son capaces de cometer. Por desgracia lo sabemos bien.
ETA ha cerrado la puerta que aun quedaba entreabierta. Ahora es el momento de que todas las fuerzas democráticas dejen a un lado ese barullo que unos empezaron y otros amplificaron. Ha llegado el momento de los grandes hombres, los que han de conducir el nuevo proceso que acaba de abrirse. El “otro proceso” es el que los demócratas debemos arrancar. Uno en el que el juego facilón y maniqueo con el que se pretende erosionar al contrario y con el que se espera mendigar un puñado de votos enfurecidos no debe de existir. Es tiempo de unión porque el fin de ETA ahora es una posibilidad real. El proceso que ellos mismos sepultaron es la herramienta involuntaria con la que la sociedad española en su conjunto puede alcanzar la victoria frente a la barbarie. El mundo abertzale, el entorno de ETA, los seguidores de la lucha armada, los familiares de los presos y en definitiva los agentes involucrados en el bando del terror se han enmarañado en un debate interno del que aun desconocemos sus repercusiones futuras. La hipótesis de que el gobierno, enrocado firmemente en sus posiciones durante todo el proceso, fue el detonante del mayor error que ETA ha cometido en su siniestra historia cobra, estos días, una enorme fuerza.
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