martes 9 febrero 2010

23/08/2006

   El Plural / Artículos de opinión

  ARTÍCULOS DE OPINIÓN
  • ANDRÉS VILLENA OLIVER

    23/08/2006




Comentario impertinente

Ciudadano(s) Kane

Orson Welles, en su obra maestra, quiso criticar el peligro que podía suponer el excesivo poder de la prensa: la pretensión de ganar a toda costa a la competencia o el deseo de acumulación de capital suponían ignorar toda ética posible en el ejercicio de la profesión. Fue el mismo director quien representó a William Randolph Hearst (en la obra, C. F. Kane) en su mansión, disfrutando de sus influencias e inmensas propiedades. Los críticos han alabado esta obra maestra del cine, pero han escatimado un detalle: al ciudadano Kane le faltaba una piscina. Al enorme magnate le quedó pendiente construirse este espacio en un lugar público y que, a la postre, se le tuviera que pedir perdón y dar las gracias. España, un país diferente, como decían algunos anuncios en el pasado, no podía ser menos. Tenemos a nuestro Kane y, por supuesto, éste sí lleva piscina incluida.

Un famoso periodista, convencido de perseguir la verdad, persiste en el empeño de demostrar al mundo la Gran Traición: la verdad sobre el 11-M. Para ello cuenta nada más y nada menos que con otro ciudadano poderoso, con distintas maneras, pero similares objetivos. Frente a ellos, las leyes prácticamente no cuentan: muchos políticos, acobardados, bajan la cabeza ante estos grandes comunicadores, unos líderes de opinión que no ven con buenos ojos que se desobedezca a sus mandatos.

Una destacable evolución se está produciendo en el seno de la oposición conservadora: pasamos de un periodismo de partido (con una alta dosis de intereses políticos y amarillismo) a una total dirección de la política por parte de los comunicadores más influyentes. Ahora son los editoriales de estos poderosos hombres de negocios los que guían las acciones de la oposición. Del sensacionalismo de sus proclamas se contagian los políticos y, por ende, parte de la ciudadanía. No es sano para una democracia que unos intereses privados (la venta de periódicos o los oyentes de una emisora, por poner dos ejemplos) acaben guiando parte de la vida política. Los magnates de la comunicación ya han saltado del artículo al mitin, del periodismo a la cruzada y se constituyen, si nada lo remedia, en una amenaza más para nuestro aún joven sistema político.

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