19/07/2009
El Plural / Artículos de opinión
ARTÍCULOS DE OPINIÓN
Cabos Sueltos
La guerra incierta de Esperanza Aguirre
Tiene razón Esperanza Aguirre. Tras haber dicho Mariano Rajoy públicamente que el nuevo modelo de financiación autonómica es “una chapuza, insolidario, injusto y perjudicial para los españoles”, no parece coherente que las comunidades gobernadas por el PP se abstuvieran a la hora de votar en el Consejo de Política Fiscal y Financiera. La presidenta de la Comunidad de Madrid, que maneja bien el regate en corto y es una crak a la hora de marcar goles –eso sí en fuera de juego- ha visto “puerta” y le ha hecho una vaselina imparable al cancerbero genovés.
De pronto, Aguirre se ha quedado sola –entre los dirigentes de la derecha- defendiendo España. Ha evitado la ruptura, que se habría producido si hubiera votado la Comunidad de Madrid en contra, y se esfuerza en aparecer disciplinada y leal. “Yo lo he aceptado –proclama la lideresa en El Mundo- por disciplina de partido”. Reconoce humildemente que no cuenta con el apoyo “de algunos dirigentes y de algunos periodistas”, pero lanza un mensaje a las bases peperas: “Entre los militantes del PP, simpatizantes y militantes de toda España, tengo un gran apoyo, y eso es muy importante”.
Fundamentalismo patriótico
O sea, que Aguirre ha vuelto a las hostilidades sin tapujos o a la guerra contra Rajoy y su corte genovesa. Aparte de la financiación autonómica que le permite airear torticeramente el espantajo del España se rompe –talismán movilizador del fundamentalismo patriótico-, procura sacarle el máximo provecho a la pandemia de la corrupción que atenaza al PP. “Yo sí pongo la mano en el fuego por Paco Camps”, suelta Aguirre. Pero no por Bárcenas. Sabe perfectamente que el asunto Bárcenas puede llevarse por delante al mismísimo Rajoy y reza cada noche a los dioses del liberalismo salvaje para que así suceda.
Victimismo
Se acoge también al victimismo como fórmula acreditada de reconocimiento en determinados sectores de la opinión pública. Se queja y no oculta su resentimiento: “Eso de poner la mano en el fuego es una frase que no gusta en la calle Génova. Por mí nunca la han puesto, y ahí sí que no se equivocarían”. Tuvo que sacar la artillería y exhibir su poderío en la prensa más afín a ella [y más agradecida por razones conocidas –con Pedro J. Ramírez y Federico Jiménez Losantos en cabeza-] para cortar en seco la investigación interna que le encargó Rajoy a María Dolores de Cospedal en torno al affaire de los espías. E incluso para desmantelar de cuajo -dando una patada en la puerta- la Comisión Parlamentaria de Investigación en la Asamblea de Madrid.
Los espías, un lastre
Uno de los lastres de Aguirre son los espías. Éste es un affaire que no termina de desaparecer y está en manos de la justicia, a pesar de que uno de los validos de la lideresa, Francisco Granados, ande ahora haciendo inverosímiles juegos de mano a ver si se saca de la chistera alguna pócima milagrosa que borre las huellas de los espías ilegales. En definitiva, cabe subrayar que el futuro de Rajoy y el de su rival, Aguirre, pasan por los Tribunales de Justicia. Si el caso de los espías se evapora, la presidenta de Madrid podrá respirar tranquila y se podrá dedicar en cuerpo y alma a la conquista de la Moncloa. Es su última oportunidad.
Los jueces, decisivos
¿Se evaporarán los gürteles y saldrán limpios de polvo y paja, de trajes, de suntuosos regalos, de enriquecimientos colosales, de negocios sucios, de múltiples concesiones de las administraciones públicas, etc. etc. los imputados? Rajoy se encuentra en el límite, a punto de despeñarse. Pero no ha caído y puede aún salvarse. Son los jueces los que acabarán siendo decisivos. Como lo fueron en el caso Naseiro y colorín colorado este cuento se ha acabado.
Excelente síntoma
El trato formal que le ha dado a Bárcenas el juez instructor del Supremo, Francisco Monterde –un juez conservador protegido por los populares-, inventándose la categoría de imputados provisionales, es un pésimo síntoma para la credibilidad de la justicia. Y, al revés, un excelente síntoma para Rajoy. En todo caso, guerra incierta, la de Aguirre.
Enric Sopena es director de El Plural
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