martes 9 febrero 2010

12/01/2009

   El Plural / Artículos de opinión

  ARTÍCULOS DE OPINIÓN
  • ENRIC SOPENA

    12/01/2009




Cabos sueltos

También Hitler intentaba no dejar huellas del exterminio judio

Ian Kershaw, catedrático de Historia Moderna en la Universidad de Sheffield, es una de las máximas autoridades académicas del mundo sobre Adolf Hitler. Dos voluminosos y excelentes libros -publicados en España por Ediciones Península del Grup Editorial 62- consagran a Kershaw como historiador de prestigio.

El 30 de noviembre de 1937, Goebbels recogió en su diario uno de los propósitos del Führer: “Los judíos deben salir de Alemania, de toda Europa, sí. Eso llevará algo de tiempo. Pero sucederá y debe suceder. Hitler está firmemente decidido a ello”.

Hacia 1942
Hacia el año 1942, había una desbordante euforia en la Alemania nazi y en la Italia fascista. Creían ganada la II Guerra Mundial una vez masacrada la II República española, gracias al golpe de Estado de 1936 y a la guerra civil promovida por Franco y sus sicarios, respaldados por Hitler y Mussolini. Entonces, la situación de los judíos en Alemania fue empeorando cada vez más.

Amenaza terrorífica
El 30 de enero de 1942, Hitler lanzó una amenaza terrorífica: “Yo ya dije el 1 de septiembre de 1939 en el Reichstag (…) que esta guerra no se acabará como se imaginan los judíos, con el exterminio de los pueblos arios europeos, sino que el resultado de esta guerra será la aniquilación de la judeidad. Se aplicará ahora, por primera vez, la vieja ley judía: ojo por ojo, diente por diente”.

Lejana y exagerada
No obstante, parecía a muchos ingenuos todavía muy lejana –y probablemente exagerada- la advertencia del Führer acerca de la “aniquilación” de la “judeidad”. Ocurría en esa época, según Kershaw, que “con la victoria aparentemente al alcance de Alemania, estaban aumentando las presiones para intensificar la discriminación contra los judíos y para deportarlos del Reich. Las crecientes privaciones de la guerra permitían a los activistas del partido desviar hacia los judíos quejas y resentimientos cotidianos”.

Una Europa libre
“El 22 de agosto, el SS-Sturmbannführer Carltheo Zeitschel, consejero de legación de la Embajada alemán en París, redactó un memorando para el embajador, Otto Abeto, indicando que las zonas recién ocupadas del este brindaban la posibilidad de “una solución satisfactoria definitiva” para “el problema judío”. Recomendaba deportar a los judíos de toda Europa a un “territorio especial” cerrado solo para ellos (…) Si se adoptaban las sugerencias expuestas, afirmaba Zeischel, “podríamos tener Europa libre de judíos en el menos tiempo posible”.

Presión insistente
Hitler no era partidario de “una señal identificadora para los judíos”. “Pero ahora le estaban sometiendo a una presión insistente para que cambiase de opinión. A mediados de agosto, Goebbels se había convencido de que la “cuestión judía” había vuelto a hacerse “aguda” en Berlín”. Convenció, pues, a Hitler quien dio permiso a Goebbels “para obligar a los judíos a llevar una señal identificadora”. Hitler repetía: “Los judíos no van a tener en realidad muchos motivos para reírse en el futuro”. Surgía poco después la ominosa “gran estrella de David amarilla”.

Goebbels
Goebbels comentaba: “Si no es posible aún por el momento convertir Berlín en una ciudad libre de judíos, que no aparezcan al menos en público”. Y se regodeaba subrayando que el Fürher “me ha concedido permiso para deportar a los judíos de Berlín hacia el este en cuanto termine la campaña oriental”.

Una fase infernal
Kershaw señala que, en todo caso, “los planes para articular una “solución final” a la “cuestión judía” estaban a punto de entrar en una nueva fase…una nueva fase mucho más infernal que todas las anteriores”. Inevitablemente, el Holocausto se iba acercando. Y llegó de la forma más brutal, más monstruosa y más inhumana del siglo XX.

La responsabilidad de Hitler
“La responsabilidad de Hitler por el genocidio contra los judíos –sostiene el autor de los libros referidos- no puede ponerse en duda. Sin embargo, pese a todas sus diatribas públicas antijudías, que constituían la incitación más fuerte a ataques de violencia extrema cada vez más radicales y pese a todas sus sombrías insinuaciones de que se estaba cumpliendo su “profecía”, siempre procuraba ocultar las huellas de su participación en el asesinato”.

La historia no se repite
La historia nunca se repite del mismo modo. Pero los hechos más execrables –salvadas todas las distancias debidas y la dimensión concreta de unos y otros, de verdugos y víctimas- sí pueden retornar, y de hecho retornan con frecuencia, a la realidad de la vida cotidiana. El Estado de Israel no es homologable al III Reich. Pero los gobernantes de Israel han cometido desde siempre acciones objetivamente condenables a partir de los Derechos Humanos más elementales.

Desde la desesperación
Sucede ahora mismo en Israel, en un in crescendo estremecedor, que no puede bajo ningún pretexto justificarse en base a los errores y a los excesos violentos -asimismo repudiables- de las organizaciones que intentan defender a los palestinos y lo hacen desde la desesperación de tantos años de injusticias. El Gobierno de Israel no es el de Hitler. Pero sí ha cometido exterminios humanos, sistemáticos y masivos, que conducen al genocidio. Naturalmente lo niegan. Como explica Kershaw en su rigurosísimo trabajo sobre el nazismo, también Hitler “procuraba ocultar las huellas de su participación en el asesinato”.

Una democracia degenerada
Los que siempre hemos condenado el holocausto estamos legitimados para condenar lo que, estos días, acontece en Gaza y que tiene demasiados antecedentes gravísimos como para reducirlo a un episodio aislado. La matanza alcanza a más de 850 palestinos muertos, muchos de ellos niños. Por eso los ciudadanos de todos los países democráticos -mediante todos los medios legales a nuestro alcance-hemos de exigir a Israel que recupere su democracia paulatinamente degenerada y ponga fin al exterminio inacabable del pueblo palestino. En Gaza y en toda esa zona.

Enric Sopena es director de El Plural

INTRODUZCA SU OPINIÓN

Para aportar su opinión debe validarse como usuario registrado de El Plural a través del siguiente formulario.

Usuario     Contraseña   


¿Ha olvidado sus datos? Entre su dirección de e-mail en la casilla inferior y pulse enviar.

E-mail  


Si todavía no se ha registrado como usuario de El Plural, puede hacerlo de forma gratuita haciendo clic aquí.

Si tiene alguna dificultad técnica con su cuenta de usuario en El Plural, envíe un mensaje de correo electrónico a soporte@elplural.com con la descripción detallada de su problema y nuestro centro de soporte le responderá.

El Plural no se hace responsable de las opiniones expresadas por los usuarios en este foro.

Las opiniones se eliminarán pasados 30 días de la fecha de envío.

COMPRAS

elplural.com, 2007. Publicado bajo licencia Creative Commons