martes 9 febrero 2010

03/08/2008

   El Plural / Artículos de opinión

  ARTÍCULOS DE OPINIÓN
  • CARLOS CARNICERO

    03/08/2008




El Zumbido

Sebastián, el nuevo amigo de Ramírez

Acaba de posar para la portada de El Mundo disfrazado de ahorrador, con camiseta de la selección española -por supuesto sin corbata- y esgrimiendo un bombillo económico como si fuera la antorcha olímpica. La verdad que estaba un poco patético.

En paginas interiores, ya respondiendo con ingenio y buen humor, confesó con  satisfacción que el director de El Mundo le había dicho, suponemos que en una de las muchas conversaciones que mantienen, que él, ministro de Industria del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, hubiera sido un buen periodista. Lo decía el ministro con orgullo, con la convicción de quien
confiere a Ramírez criterio para valorar el periodismo. Cosas de ellos.

Miguel Sebastián acaba de caer en las garras de seducción del director de El Mundo. Que no tenga la tentación de creer que es un primer amor: Ramírez atesora flechazos que acaban sistemáticamente en episodios de maltrato y agresión, porque la esencia de este periodista es la ingratitud y la traición de las promesas conferidas, entendiendo la relación con los políticos como episodios circulares entre el amor y el odio; el final es inevitable porque las apuestas sucesivas se apuntalan sobre el enterramiento de las pasiones anteriores. Siempre con despecho.

La lista de amores liquidados de Pedro José es interminable desde los  tiempos en que pensó que la "operación reformista" era su descubrimiento de la política norteamericana adobada en España. Tuvo su corto flirt con Felipe González y acabó intentando meterlo literalmente en la cárcel, de la mano de una obscena coalición entre el juez Baltasar Garzón, el policía condenado por asesinato José Amedo y Francisco Álvarez Cascos: con los tres terminó también él en apuñalamiento político y emocional. De Alvarez Cascos se despidió con un cruce de cartas crípticas en las que se inducían secretos compartidos inconfensables.

Pidió el voto para Mariano Rajoy en las dos ocasiones en que ha sido candidato a la presidencia de Gobierno; después del 9-M y de dos años de entusiasmo por el líder del PP, de la mano de Federico Jiménez Losantos descubrió, de un día para otro, que el candidato popular era un fiasco. No se le ocurrió disculparse con sus lectores a los que con tanto entusiasmo había pedido el apoyo para Rajoy; sus responsabilidades siempre son inexistentes.

Hay muchos más ejemplos, pero este artículo tiene una longitud acotada. Es socio de Jiménez Losantos –se intercambian columnas en el periódico y espacios en la COPE- también con una pasión que se irá extinguiendo en la medida que el volumen de las sentencias judiciales del locutor le hagan especie peligrosa para la Conferencia Episcopal. Entonces descubrirá los
horrores que hoy ni siquiera intuye en sus compañero.

Tiene Ramírez algún elixir desconocido mediante el cual la seducción, al primer contacto de la piel, es inevitable. De nada sirven las advertencias de que el director de El Mundo es una mala compañía que arrastrará a la perdición a quien se le entregue, porque el aroma de su peligro atrae hasta lo irremediable.

Ahora Sebastián y Ramírez coquetean y se adoran. El ex candidato a la alcaldía de Madrid entiende el marketing como la sublimación de la política y lo suyo son, hasta ahora, sólo gestos: sin corbata, en camiseta, con bombillos ahorradores para solucionar la crisis energética, igual que Fidel Castro en Cuba, pero con cuatro años de retraso. Antes, en la sombra, desde
la oficina económica del presidente que entregó en una carrera de relevos a su amigo Taguas, la inducción de las OPAS del BBVA y de Endesa tuvieron resultados antológicos. Ahora que tiene el BOE a su disposición sólo promueve spot publicitarios.

Sólo nos queda asistir al sainete –no da siquiera para drama- en el que el desamor será manifestado en letra impresa y probablemente con acusaciones reales o falsas de corrupción. Le ocurrió incluso a Fernando Villalonga, al poco tiempo de que el director de El Mundo revelara el talento del ex presidente de Telefónica en un viaje privado de los dos para descubrir el
milagro de los Tigres Asiáticos. Aquello es historia, tan cierta como para repetirse cíclicamente en la naturaleza humana de la traición, que en el caso de Ramírez es la esencia de su vida. A Sebastián, que está haciendo el ridículo, pronto le llegará el turno de comprobarlo. Mientras tanto, el periodista, que estaba liquidando el poco prestigio que le quedaba en sus
conspiraciones para desbancar a Rajoy, ha conseguido otro ministro socialista que le preste un balón de oxigeno. No aprenden.

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