martes 9 febrero 2010

12/08/2007

   El Plural / Artículos de opinión

  ARTÍCULOS DE OPINIÓN
  • Yusuf Fernández
  • YUSUF FERNÁNDEZ

    12/08/2007




El gobierno conservador de Rasmussen pone fin a la aventura militar de Dinamarca en Iraq

El pasado 7 de agosto, un portavoz del Ejército danés, Hans Vedholm, anunció que el batallón danés, formado por 450 efectivos terrestres, había abandonado Iraq. “El batallón danés que estaba desplegado en el sur de Iraq ha salido del país,” manifestó Vedholm a la agencia AFP. Él afirmó que los últimos hombres habían llegado a Kuwait dos días antes. Sin embargo, la salida del batallón danés no significa una retirada total de Iraq. El país escandinavo ha enviado recientemente al país árabe una unidad de cuatro helicópteros y 50 soldados que realizarán tareas de reconocimiento aéreo hasta finales de diciembre, con el fin de apoyar a los militares británicos.

El 31 de julio, los daneses llevaron a cabo una ceremonia de entrega de sus responsabilidades a las fuerzas de ocupación británicas que quedan en el Campo Einherjer, el campamento militar danés que se hallaba dentro de la Base Británica de Operaciones de Contingencia en Basora, en el sur de Iraq. El batallón danés, estacionado en Basora desde 2003, estuvo bajo mando británico durante todo este tiempo. Aproximadamente unos 5.500 daneses han participado en la ilegal guerra y ocupación de Iraq. Los resultados han sido muy negativos para Dinamarca. Ocho soldados daneses han muerto y el país ha gastado 450 millones de dólares en su aventura militar en Iraq. Ha habido también informes que señalan que los daneses estaba no sólo explotaron fuertemente a trabajadores asiáticos en su base militar, sino que también les trataron como a seres infrahumanos.
Presente en la ceremonia estuvo Soeren Gade, el ministro de Defensa de Dinamarca, junto con periodistas de medios de comunicación daneses. Mientras se dirigía a las tropas danesas, felicitándolas por su “gran trabajo” en Iraq, las alarmas comenzaron a sonar y obuses y cohetes empezaron a caer en la base. Gade y los militares daneses se echaron inmediatamente al suelo para evitar ser alcanzados. Este episodio fue transmitido en directo por la televisión nacional danesa. Y su simbolismo fue, por supuesto, captado por todo el mundo.

Anders Fogh Rasmussen, el primer ministro derechista de Dinamarca, un fiel aliado de EEUU en la guerra contra Iraq, había anunciado ya el pasado mes de febrero que sacaría sus tropas del país árabe en agosto, es decir mucho antes de lo previsto. Según el corresponsal iraquí del canal danés TV2, los continuos ataques de los insurgentes convencieron al gobierno danés de que era mejor iniciar la retirada lo antes posible.

Cabe señalar que el gobierno de Rasmussen fue uno de los primeros que se unieron a la coalición liderada por EEUU que invadió Iraq en 2003. Él afirmó entonces que Iraq era una “amenaza” y tenía armas de destrucción masiva. En la actualidad, Rasmussen ha confesado en una reciente entrevista publicada por el periódico Politiken que creyó que las “tropas extranjeras serían recibidas por los iraquíes con los brazos abiertos, como libertadores.” Sin embargo, “la seguridad en Iraq no ha ido por el camino que deseábamos y habíamos esperado,” manifestó en otra entrevista concedida al periódico Berlingske Tidende.
En estos años, hubo también numerosas protestas en la propia Dinamarca en contra de la presencia de las tropas danesas en Iraq. Una encuesta publicada a principios de febrero mostró que el 64% de los daneses “se oponían” o “se oponían con vehemencia” a la presencia de sus militares en Iraq. En octubre de 2005, un grupo de 24 ciudadanos daneses interpusieron una querella contra el primer ministro danés por la participación de Dinamarca en la guerra. Según la BBC, los demandantes cuestionaron la legitimidad de la decisión del primer ministro de ir a la guerra contra Iraq. Ellos afirmaron que Rasmussen había violado la Constitución al llevar al país a una guerra sin una resolución previa del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y ceder el mando de las tropas danesas a una potencia extranjera sin la preceptiva autorización. Según la Constitución danesa, Dinamarca sólo puede ir a la guerra si el país se halla amenazado de forma directa o si existe un mandato de la ONU para iniciar las hostilidades.

En abril de 2004, un antiguo oficial de inteligencia danés, Frank Soeholm Grevil, fue acusado de violar las normas sobre secretos oficiales por haber filtrado al periódico Berlingske Tidende 10 documentos que él mismo había enviado al primer ministro en el período que precedió a la guerra de Iraq. La publicación de estos informes mostró que Rasmussen había mentido en el tema de las armas de destrucción masiva, ya que dejaban claro que era improbable que Iraq tuviera tales armas. Sin embargo, cuando Rasmussen habló en el Parlamento danés poco después de haber recibido los informes de Grevil, declaró que estaba convencido de que Iraq tenía armas de destrucción masiva. “Esto no es algo que meramente creamos. Sabemos que es cierto,” señaló.

Cuando estalló el escándalo Grevil, el Partido Socialista Popular acusó a Rasmussen de haber mentido y manipulado los datos de inteligencia sobre las armas de destrucción masiva de Iraq con el fin de justificar la alianza de Dinamarca con Washington. Un portavoz del partido, Villy Soendal, criticó también la decisión de la agencia de inteligencia danesa de llevar a Grevil ante los tribunales. “La agencia de inteligencia no busca proteger la seguridad del Estado, sino aparentemente la credibilidad del jefe del gobierno,” afirmó Soendal.

En la actualidad, la oposición ha saludado la retirada de las tropas danesas, a la que considera una victoria de su postura antibélica. Mogens Lykketoft, antiguo ministro de Exteriores y portavoz de los Socialdemócratas, manifestó a AFP que “ya era hora de que el gobierno escuchara al pueblo. Se trata de una admisión del fracaso. El gobierno comprende que no hay ninguna razón para mantener 400 ó 500 soldados en Iraq,” señaló. Otro ex ministro de Exteriores, Niels Helveg Petersen, del progresista Partido Radical manifestó que “mejor es retirarse tarde que nunca,” mientras que el también diputado de izquierda Rune Lund pidió que todos los soldados daneses abandonen definitivamente el país árabe. “No necesitamos mantener de 30 a 40 hombres allí, porque eso sería una continuación de la ilegal ocupación de Iraq,” dijo Lund.

Así pues, la escalada de la lucha contra la guerra y la ocupación en Iraq y en Dinamarca y el daño ocasionado a la propia reputación del primer ministro hicieron que la posición del gobierno conservador fuera cada vez más difícil de mantener. Una reciente encuesta de la agencia Ritzau ha mostrado que el 57% de los daneses están a favor de una investigación independiente acerca de las razones esgrimidas por el gobierno de Rasmussen para respaldar la guerra de EEUU en Iraq.

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