02/06/2008
El Plural / Macro/Vida
MACRO/VIDA
Los Estados firmantes deberán desarrollar planes de asistencia médica, rehabilitación y apoyo a las víctimas, y eliminar las bombas de sus arsenales
La prohibición de las bombas de racimo, “un hito del Derecho Internacional Humanitario"
Elena Valenciano, secretaria de Relaciones Internacionales del PSOE, aplaude el Tratado de Dublín con el que se logró, finalmente, la prohibición explícita a las bombas de racimo. La diputada socialista firma hoy un artículo en El País en el que subraya que el acuerdo, firmado la semana pasada por 109 países, constituye “un hito en el Derecho Internacional”. “No hay bombas buenas y bombas malas. Todas son armas diseñadas para matar y no distinguen entre civiles y soldados, entre hombres o niños”, apunta Valenciano.
La socialista señala que, entre 1964 y 1973, las bombas de racimo arrojadas por EE.UU en Laos superan el grueso de todas las bombas que esta potencia lanzó durante la II Guerra Mundial. En el lamentable ránking de países más flagelados por este tipo de armamento, Vietnam está escoltada por Líbano, Kosovo, Irak, y Camboya.
Peligro latente
Son bombas que, aunque no se hayan cobrado víctimas en el momento de ser arrojadas, permanecen activas y causan cada año miles de víctimas inocentes. En Líbano, un año después del alto el fuego, había 200 víctimas accidentales de estos artefactos, en tanto en Laos la cifra asciende a 12.000.
“Mamá, ¿el pulgar crece?”
La secretaria de Relaciones Internacionales recoge el testimonio desgarrador de Zahra, un niño de libanés de 12 años: “No puedo jugar. No salgo. Antes lo pasaba bien con mis amigos. Pero ya no puedo jugar con ellos. Bromean sobre mis dedos y sobre mi pulgar. Dicen que no me volverá a crecer. Sólo pido que me vuelva a crecer el pulgar y que mi mano vuevla a estar bien. Sólo eso”. Pero los pulgares no crecen. En palabras de Valenciano, sólo se puede intentar que Zahra recupere sus ganas de jugar.
Las personas por encima de las armas
Un primer paso es la firma del Tratado prohibiendo la producción, uso, venta y almacenamiento de este tipo de armamento, y el compromiso de “ayudar a personas que como Zahra han perdido parte de su cuerpo y toda su ilusión”. “Estoy orgulloso de que los países hayan priorizado a las personas por encima de las armas”, sostuvo en Dublín Branislav Dapetanovi, un superviviente de estas bombas.
Ausencias notorias
Y aunque el acuerdo nace sin la firma –ni tan siquiera la participación en las negociaciones- de Estados Unidos, China, Israel y Rusia, principales productores de estas denostables armas, es una apuesta rotunda para defender los “principios del derecho Internacional Humanitario”. La esperanza es que, como ocurriera con las minas antipersona, la presión internacional acabe forzando a estos países a respetar el Tratado.
Compromiso electoral
La secretaria de Relaciones Internacionales del PSOE subraya que, con este compromiso, el Gobierno cumple con su promesa electoral de luchar contra las bombas de racimo y el comercio de armas. Postura, pese a sus palabras, ambigua teniendo en cuenta que en España hay dos fabricantes de este tipo de armamento, y que la delegación nacional pidió excepciones para suscribir el acuerdo –al final acabó aceptándose el pacto sin las enmiendas propuestas-.
Defensa da los primeros pasos
Pese a esto, el viernes pasado Defensa admitió que la totalidad del arsenal español debería ser destruido, ya que los requisitos fijados en el borrador de tratado para posibles excepciones son muy rigurosos, según informó El País. “Además de destruir su propio arsenal, España se propone colaborar en la recogida y desactivación de estos proyectiles, lo que ya está haciendo en el sur de Líbano”, señaló el diario. “En diciembre, al menos 30 Estados deberán ratificar el Tratado para que entre en vigor. España será uno de ellos”, concluye Valenciano.
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