martes 9 febrero 2010

01/05/2008

   El Plural / Art. Opinión

  ART. OPINIÓN
  • ÍGOR R. IGLESIAS

    01/05/2008




La Isla

“El Congreso no es nadie”

El recién nombrado académico Javier Marías ha deslegitimado al Parlamento, donde en función de las reglas democráticas se decide cómo ha de funcionar este país. El escritor considera "intolerable" que en España haya determinados grupos que pretendan "cambiar la lengua por decreto" y aseguró a la prensa, a la que considera “cazurra”, que el Congreso de los Diputados "no es nadie para imponer nada en el ámbito de la lengua".

La Agencia EFE recogió en vísperas de su ingreso en la Real Academia Española, hecho efectivo este domingo, las palabras de Javier Marías, quien comentó que "el Congreso se permitió imponer oficialmente que se tuviera que decir A Coruña y Girona, cuando, si se habla en castellano, lo lógico sería decir La Coruña y Gerona. Intentar que por decreto se diga de una manera que no es la normal, eso es intolerable, es una usurpación de atribuciones y es también algo dictatorial".

No le falta razón a Marías cuando dice algo tan elemental como que A Coruña es el nombre en gallego de La Coruña, nombre en español de la ciudad norteña, y Girona, la denominación catalana de la capital gerundense, que en español se llama Gerona. Esto es así, como las denominaciones London y Londres para la capital británica, en inglés y español, respectivamente; o Seville y Sevilla. Es algo tan elemental, que sólo cabe descripción.

Sin embargo, el escritor habla de “imposición” y de “lo que no es lógico y normal”, curioso teniendo en cuenta que quien habla lo hace desde un sillón de la Academia. Habría que interpretar que para el nuevo académico el gallego y el catalán son dos lenguas impuestas a unos inocentes hablantes de los que no se podría esperar, si no fuese por esas “dictatoriales leyes del Congreso”, a juicio de Marías, “otras palabras que de mi lengua española, que es tan noble que merece ser sabida y entendida de toda la gente cristiana”, como dijo quien lo dijo (Carlos V) cuando lo dijo.

Pero lo más preocupante no es esa supuesta imposición de la que habla el novelista, sino aquello que el considera “lo lógico” y “la manera normal”. Todavía estoy estupefacto. ¿Cuál es la manera normal de llamar a las cosas? Discusión de tontos sería que un londinense se enojase con un madrileño por la denominación de ese ilustre lugar creado para el descanso (bed/cama). Pues ese, pero en un monólogo dialógico, es precisamente el discurso de Javier Marías sobre “la manera lógica y normal” de denominar a ciertas ciudades. Por cierto, eso de lo que es normal o no, nunca lo he entendido, y menos en la lengua. Lo curioso es que Javier Marías ocupa el sillón que en su día correspondió al filólogo y lingüista Fernando Lázaro Carreter, quien opinaba que “la Academia no puede aspirar a imponer modos de hablar y de escribir”, como parece querer Javier Marías.

Incluso una ministra no ha podido librarse del rayo de, quien a modo de dios supremo del Olimpo, no duda en fulminar a los mortales. Expone el escritor que "el otro día oí a una ministra recién nombrada decir lo siguiente: 'estoy muy contenta de asumir este reto en primera persona'". Y se preguntó: "¿Pero cómo que va a asumir algo en primera persona? ¿No va a ser en tercera? Las cosas se viven en persona; en primera persona se cuenta algo, se relata".

En realidad lo que hizo la ministra es utilizar una categoría gramatical y un concepto lingüístico como el de persona de manera inapropiada e innecesaria. Sin embargo, con su reprobación a la “modistilla”, que diría otro intelectual, el escritor cae en un error más grave, pues confunde el concepto gramatical con la realidad misma, además de que se equivoca también a la hora de afirmar que “en primera persona se cuenta algo”. Curioso, porque a su frase le subyace una oración impersonal.

Y esto en un académico, que se lleva las manos a la cabeza a cuenta de la ministra: “Y esto en un político. Por favor, vaya usted a su casa y aprenda a hablar antes de ser ministra y antes de ser casi nada". La educación debería primar en las altas clases españolas. No quiero ser rebuscado, pero ¿por qué siempre son vapuleadas las mujeres del Gobierno y, por el contrario, en contadas ocasiones los hombres? No sé, es curioso, porque solemos “cagarla” en igual de condiciones. Digo yo, si también puede ser casi algo.

Y hasta el Parlamento se lleva tortas. Según Javier Marías, el Congreso de los Diputados "no es nadie para imponer nada en el ámbito de la lengua". Habría que pedirle al nuevo académico de la RAE que tuviese en cuenta a Coseriu, sobre Política y Planificación Lingüística, disciplina de la ciencia lingüística: “la política lingüística puede afirmar y promover una alteridad histórica determinada”. Javier Marías habla desde un desconocimiento de la disciplina y de las acciones que han de llevarse a cabo desde el Estado. Otra cosa es el acierto del Gobierno, cuyas actuaciones son siempre discutibles. Pero deslegitimar a un Parlamento y acusarlo de “dictatorial”, haciendo uso de una demagogia sin precedentes en la institución académica, no puede sino ser fruto de una interesada actuación de quien, conocedor de la repercusión de sus palabras, sabe que lo dicho cala en los hablantes de la lengua que usa. Marías no tiene en cuenta en su discurso que España es un país plurilingüe, y es importante advertir esto, porque no se trata de un mediocre al que se le escapen ciertos detalles. Palabras de gente como Marías alimentan el rechazo a las otras lenguas españolas cooficiales (gallego, euskera y catalán) y eso, unido al desconocimiento sobre lo ajeno, alimentan el odio hacia la cultura (y todo lo que ello implica) del otro; es imposible que España entera pueda ser definida según los parámetros de muchos. Yo mismo, como andaluz, no me reconozco en la España que pintan ciertos españolitos de pro.

En fin, qué malamente empieza el sustituto de letra del insustituible Lázaro Carreter.

*Ígor R. Iglesias es periodista y lingüista.

   http://igoriglesias.wordpress.com

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