31/03/2008
El Plural / Art. Opinión
ART. OPINIÓN
La derecha utiliza a Mari Luz contra el Gobierno
El día que apareció Mari Luz, la niña de cinco años desaparecida en Huelva el 13 de enero, ETA mató a un socialista en el País Vasco. Faltaban dos días para las elecciones. Los actos de condena se pospusieron para el día después del 9-M. Sin embargo, el presidente provincial del PP en Huelva, alcalde de la ciudad y parlamentario andaluz, el retratista Pedro Rodríguez, convocó en la jornada de reflexión, sin consenso alguno con PSOE e IU, una concentración a las puertas del Ayuntamiento, donde el populista leyó un manifiesto del que tampoco sabían nada las otras fuerzas políticas y donde no se invitó a la familia de Mari Luz.
La derecha mediática utiliza el caso de la niña onubense para atacar al Gobierno, algo que si me hubiera puesto a imaginar me hubiera provocado una gran carga de conciencia por lo macabro de tal pensamiento. Pero la realidad siempre nos demuestra que la ficción puede quedarse corta y mis sospechas se han visto multiplicadas por cien. El Mundo exige responsabilidades apuntando al ministro de Justicia, todo un despropósito por parte de Pedro J. Ramírez, ya que con esa petición no está buscando esclarecer qué pasa en nuestro sistema judicial para que un individuo de la calaña de Santiago del Valle, autoproclamado asesino de Mari Luz, estuviera en la calle después de que hubiese sido condenado y se encontrase en busca y captura.
La dimisión del ministro Bermejo no aportaría nada al asunto y la iniciativa de El Mundo parece ser más bien un acto interesado de descrédito de un ejecutivo, el de Zapatero, contra el que vuelve a arremeter la derecha española. Considero que es mejor dejar actuar a la fiscalía y saber dónde empieza y dónde acaba la labor del periodista, que es simplemente eso: periodista (y no abogado ni médico ni filólogo, etcétera, algo de lo que, parece, no todo el mundo es consciente en esta profesión).
Este gran sector político, mediático y social que reclama para sí el nombre de centro (¿por qué les da vergüenza llamarse derecha? Electoralmente queda mejor lo de centro), siempre en busca de la crispación y de su idea de España (la suya, subrayo), no ha dudado en materializar sus más bajos instintos con respecto al caso de la pequeña Mari Luz. Durante la jornada de reflexión, el pasado 8 de marzo, un día después de que apareciese el cadáver de Mari Luz y ETA asesinara a un ex concejal socialista en el País Vasco, el PP, a través de una institución, volvió a demostrar qué carne comerán los buitres cuando se queden sin nada (que gobernar) en desiertos no muy lejanos.
El alcalde de Huelva, presidente del PP en la provincia, parlamentario andaluz y retratista, Pedro Rodríguez, convocó una concentración ante las puertas del Ayuntamiento de la capital por el luto por Mari Luz, sin consensuarlo con el resto de fuerzas políticas con representación en la Corporación (PSOE e IU) y, además, Rodríguez no pudo sustraerse a todo tipo de protagonismo cuando leyó un manifiesto en lo que en principio iba a ser una concentración silenciosa, algo insólito durante una jornada de reflexión y que se quiso respetar por parte del resto de fuerzas políticas, ya que las concentraciones por la última víctima de ETA se pospusieron al 10 de marzo, día después de las elecciones generales y autonómicas andaluzas.
La actitud del alcalde de Huelva, hombre duro y fuerte del PP onubense, no es una anécdota ni ha de pasar desapercibida. Pedro Rodríguez utilizó el dolor por el asesinato de una niña de cinco años para ocupar portada en los informativos locales y no hay que olvidar que este político era el candidato número uno por la provincia de Huelva al Parlamento de Andalucía. Su actitud, al no consensuar la concentración con PSOE e IU y la lectura del manifiesto, escrito a su suerte, suponen un claro acto electoralista que tenía como objetivo influir sobre el voto de los que algunos dan en llamar los votantes indecisos.
Esto, unido a que a la penosa concentración (a la que no acudieron más que un grupo de 30 personas en una ciudad que tiene más de 150.000 habitantes; las prisas y la improvisación del Ayuntamiento explican la poca afluencia de público) no fuera invitado ningún miembro de la familia de Mari Luz, hacen que la actitud del alcalde de la capital onubense me cause naúseas como padre (cualquier niño hubiese podido ser Mari Luz) y como onubense, ya que la actuación del PP vuelve a encuadrarse en la más absolutas de las arbitrariedades políticas, jugando a dictar y sentenciar allí donde debieran consensuar (pero no se le puede pedir peras al olmo) y a aprovechar cualquier suceso para sacarle partido en beneficio propio.
La actuación de la Policía ha sido impecable y muy profesional, sin embargo, la mano derecha del alcalde de la ciudad en la que descansa en paz para siempre Mari Luz, el primer teniente-alcalde, Francisco Moro, quiso anteponer sus intereses de partido al destacar en primer lugar la labor de la Policía Local, Protección Civil y los Bomberos, cuerpos dependientes del Ayuntamiento que gestiona el PP, y dejar en último lugar a la Policía Nacional y a la Guardia Civil, a las que no les puso ningún calificativo, cosa contraria a la que había hecho con los cuerpos municipales.
Que el padre de Mari Luz sea socialista de carné es una anécdota, pero la actitud del PP en este caso no lo es. Yo no creo en Paraíso alguno, pero quien profesa el catolicismo a través del Opus Dei debiera ir pensando en qué manifiesto leerá ante su dios. Juan José Cortés, padre de Mari Luz y pastor de una iglesia evangélica, ya sabe que dirá y qué decir a Dios: paz y perdón celestial, justicia terrenal. A Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César.
De la actitud y la mirada de Cortés, que te fulmina, te atrapa y te hace ver algo divino (tuve la oportunidad de descubrirlo en una entrevista que le realicé cinco días después de la desaparición de la hija y en una búsqueda que hizo con el equipo de fútbol que entrena y en la que estuvimos presentes un fotógrafo y yo, elaborando un reportaje), debiera aprender el PP y la derecha mediática antes de utilizar a Mari Luz para ganar un par de votos y desacreditar a un Gobierno que dio prioridad absoluta y máxima a la desaparición de la pequeña a través de la orden dictada por el mismísimo ministro del Interior, Alfredo Pérez-Rubalcaba.
Ígor R. Iglesias es periodista y lingüista
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