El Defensor del Menor (der.) entregando ayer al presidente del Parlamento su informe sobre acoso escolar.
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Acoso escolar: “No tenía fuerzas ni para suicidarme”

Un informe del Defensor del Menor de Andalucía recoge estremecedores testimonios de alumnos acosados y exige a la Junta que cree un registro de casos

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Mar, 14 Feb 2017

“No encontraba fuerzas para sonreír pero tampoco para suicidarme y lo único que hacía era encerrarme en la habitación y llorar, durante horas, sin poder parar, nada me consolaba”.

Quien habla así es un chico de 14 años, de nombre Luis, que relata en esos términos su experiencia escolar cuando tenía 12 años. Es uno de los escalofriantes testimonios recogidos en el informe sobre acoso escolar que este lunes el Defensor del Menor de Andalucía, Jesús Maeztu, ha entregado al presidente del Parlamento, Juan Pablo Durán.

‘La profesora aplaudió’

Otros testimonios recogidos en la investigación, titulada 'Acoso escolar y ciberacoso. Prevención, detección y recuperación de las víctimas', resultan igualmente estremecedores, como de Esteban, ahora con 16 años: “Los niños del colegio ya se empezaron a meter conmigo. Era un constante agobio saber que en cualquier momento me podían volver a joder. Un día, un compañero que se metía conmigo en clase de lengua, leyó una redacción que había hecho sobre un personaje gordo, refiriéndose a mí, toda la clase se reía, pero la profesora no lo sabía y encima lo aplaudió”.

Contra la opacidad

En opinión de los redactores del informe, "es muy importante poner luz en el tema del acoso" ya que “la escuela, en este ámbito, se limita a reproducir unos esquemas sociales caracterizados por el culto a la violencia y la consagración de la competitividad y la agresividad como claves para el triunfo social y personal. No creemos –añaden– que sea la escuela la que fomenta, crea o enseña la violencia, sino que la misma, como reflejo de la sociedad que es, se limita a reproducir en su seno, y muy a su pesar, la violencia que existe en su entorno”.

Contabilizar los casos

Igualmente, el Defensor del Menor ha reprochado a la Consejería de Educación que no haya sido capaz de contabilizar los casos de acoso o ciberacoso, también los de violencia de género, que se producen en los colegios e institutos andaluces, por lo que ha pedido a la Administración educativa que modifique el actual sistema informático Séneca o cree un registro específico sobre supuestos de acoso escolar y ciberacoso en Andalucía.

También lamenta el informe la "escasa efectividad de las respuestas que se están ofreciendo a nuevas realidades como el ciberacoso, la violencia de género en las aulas, o el incremento de los casos a edades cada vez más tempranas", a lo que hay que sumar el hecho de “no poder conocer la incidencia real de la violencia entre iguales por no contar la Administración educativa con un sistema apropiado de recogida de datos".

Los datos

El Defensor del Menor abrió en 2016 un total de 41 quejas por casos de acoso, lo que supone casi el doble de las de 2015 --un total de 22--, mientras que el año pasado recibió 56 consultas por este mismo tema. En 2012 los expedientes iniciados fueron 25; en 2013, 21; y en 2014, nueve.

Aun así, Maeztu advierte que "no se puede afirmar que en las actualidad la situación de los centros escolares en Andalucía sea alarmante". Eso sí, falta transparencia.

Y no solo por parte de la Administración: "Algunos colegios son reticentes a comunicar oficialmente los supuestos de acoso por lo que ello pueda suponer de desprestigio", una "pasividad o desidia" por parte de los centros que "constituyen uno de los principales motivos de queja de las familias".

Las medidas

Además de un registro específico, estudios epidemiológicos y un plan integral, Maeztu propone hasta 26 medidas preventivas. Entre ellas, las siguientes: promover medidas de formación dirigidas a los profesionales, las familias y el alumnado; incrementar la labor de inspección para asegurar que los responsables de los centros registran en el Séneca, o en el registro que se cree al efecto, toda la información sobre conductas contrarias a la convivencia; promover medidas de sensibilización dirigidas a la sociedad sobre este fenómeno y hacer más campañas publicitarias.