Los Genoveses

Parejas genovesas de conveniencia: Thelma y Louise, las gobernantas de la Puerta del Sol

Cristina Cifuentes y Marisa González no tienen previsto tirarse por un precipicio. Si acaso se retiraran unos metros para que caigan los que viene detrás

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Jue, 6 Ago 2015

Cristina Cifuentes y Marisa González, las Thelma y Louise de la Puerta del Sol.



Continuamos en esta segunda entrega de parejas genovesas con una de las que mejor se complementan entre sí. Está formada por una estrella mediática emergente, charlatana hasta el amanecer y de una ambición probada. Su pareja basa su razón de ser en su profesionalidad, discreción y buen talante.


Se conocieron hace ya más de 25 años aunque han sido los últimos cuatro años cuando realmente han formado su propia Unión Temporal de Empresas (UTE). Corrían los últimos años ochenta. Alianza Popular recientemente transformada en el Partido Popular, dirigida por Manuel Fraga Iribarne, estaba asentada en la Oposición. Y eso mismo sucedía en la mayor parte de las CCAA, incluida Madrid.

Nuestras Thelma & Louise, dos jóvenes genovesas de apenas 23 y 21 años respectivamente, fueron fichadas por un jovencísimo, y ya entonces repelente, Alberto Ruíz Gallardón que por entonces dirigía el GPP en la Asamblea de Madrid. Thelma entró a formar parte de la asesoría jurídica mientras que Louise se la contrató de “esa manera” para integrarse en su Gabinete de Prensa. Sobre sus primeros ingresos económicos os sugerimos que pinchéis en este enlace.

La primera duró poco en ese trabajo tras buscarse la vida como funcionaria en la Universidad Complutense de Madrid (UCM). Simultáneamente decidió apostar por fusionarse durante los siguientes 20 años de su vida como diputada de esa misma Asamblea de Madrid.

Por su parte, Louise optó también por fusionarse pero con el propio Alberto Ruiz Gallardón, al que ha ido acompañándole en todos sus destinos en la Comunidad de Madrid y Ayuntamiento de la capital hasta el año 2011, año en el cual se rompió “cordialmente” y unilateralmente esa relación tras su nombramiento como ministro de Justicia.

Decíamos que Thelma, Cristina Cifuentes Cuencas para nuestros lectores más despistados, desde que siendo niña recuerda su primer izado de bandera en los cuarteles y academias militares en los que su padre ejercía la profesión primero de oficial y luego de jefe, tenía claro que lo suyo era mandar, mandar y mandar, sin matices ni recovecos.

En honor a la verdad para llegar hasta donde ha llegado hay que reconocer que no lo ha tenido fácil máxime siendo consciente como lo es ella de sus propias limitaciones. Ella se queja con razón que desde muy joven alcanzar una meta, aunque sea volante, le cuesta mucho más que a los demás. Pero su instinto de ordeno y mando le han llevado a rodearse de personas útiles que sumadas a sus innegables recursos de simpatía y cercanía a granel, le han facilitado sortear su ausencia de conocimientos hasta lograr que con el paso del tiempo asentar posiciones dentro de los clanes genoveses madrileños.

Por su parte, Louise, es decir Marisa González Casado, a falta de la necesidad de mandar, ha utilizado todos sus recursos profesionales para promocionar a sus jefes que en realidad desde 1989 caben en la parte trasera de un taxi: Ruiz Gallardón y Cifuentes Cuencas.

Al primero, además de domesticarle para que no pareciera más cursi, presuntuoso y pretencioso de lo que en realidad es, logró sobre todo engañar a miles de madrileños haciéndoles creer que su jefe Gallardón era un tipo abierto y tolerante, nada que ver con los cavernícolas clásicos del Partido Popular. Mérito meritorio sin duda. Eso sí, tras dejar de acompañarle y asesorarle, Ruiz Gallardón tardó tres telediarios en convertirse lo que siempre ha sido, un genovés con valores ultras como el que más, cínico y de doble, triple y cuádruple moral, Operación Malaya incluida.

El caso es que en enero del 2012, tras ser nombrada Thelma Cifuentes como nueva delegada del Gobierno en Madrid, su primera decisión, incluso antes de pasar revista a las Unidades de Intervención Policial (UIP), fue nombrar a Louise González como su jefa de Prensa. Desde entonces apenas se han separado. Van juntas a todas las partes. Una pone la cara y el desparpajo mientras que la otra pone las ideas y la sensatez más sensata.

El resultado está a la vista. Una vez más ha funcionado para un sector del electorado la idea de que en realidad Thelma Cifuentes es una genovesa laica, aunque matricule a sus hijos en colegios ultra católicos, es una republicana compulsiva, aunque doble la columna vertebral cuando da la mano a un miembro de la Casa Real y es abierta y tolerante, aunque no se le mueva su cuidado flequillo cuando mandar detener y multar a todo aquel que ose manifestarse sin su permiso y visto bueno.

Incluso, tanto montan montan tanto una como otra, sin inmutarse han rizado el rizo a la hora de intoxicar contra su propio partido. La Delegación de Gobierno y ahora la Presidencia de la Comunidad de Madrid han sido unas plataformas no solo para la promoción personal de Thelma Cifuentes si no también para difundir todo tipo de maledicencias, buena parte de ellas rigurosamente ciertas, contra Ana Botella y Esperanza Aguirre. Y si de lo que se trata es de ser justos, funcionar les ha funcionado.

Vamos acabando. Hoy una y otra son las dueñas y señoras de la Puerta del Sol. Desde sus balcones contemplan su poderío. Saben que corren tiempos difíciles. Y saben también que tiene que hacer de la necesidad su virtud. En ellas están. Pero a diferencia de las protagonistas de la película que hemos utilizado prestada para denominarlas, que aquí nadie se lleve a engaño. Llegado el momento, no tienen previsto tirarse por un precipicio. Si acaso se retiraran unos metros para que caigan los que viene detrás. Ellas son así y lo saben.

Próxima entrega: El ministro de Economía y el preso púnico de Estremera.

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