39167 casas que se han quedado los bancos, sólo en 2012; paraísos fiscales en activo, en los que 33 de las 35 empresas que cotizan en el Ibex se desenvuelven son soltura; rescate a la Banca o, en su defecto, al Estado; negativa del actual gobierno a gestionar en la dirección de que se relajen las imposiciones y que algún recurso se dedique a reactivar la economía y, sobre todo, crear empleo, como ha propuesto la oposición, evidenciando que no está todo dicho, ni acabado, ni los derroteros son únicos; protestas ciudadanas, denunciadas por “molestar” a familiares de los protagonistas, que están tomando las decisiones que afectan, para mal, mientras no se demuestre lo contrario, a todo el mundo, a los que les votaron y a los ingenuos, inocentes y desarbolados ciudadanos, que no se les ocurriría nunca votarles; amenazas por la parte de la educación de dejar un solar, eso sí, en solitario, disparatadamente, como hacen ver los tribunales, por no ser capaces de convencer a nadie, o casi nadie, ni a sus correligionarios; una interminable, larga y tediosa intención de modificar la ley del aborto que, amenaza, eso sí, con afectar severamente a las únicas que debiera respetar, las mujeres; un lenguaje anodino, irrelevante, falsario, que intenta enunciar con sentido contrario a sus intenciones y que al poco tiempo se revela exquisitamente mentiroso, y así seguiríamos por la Industria, la agricultura, la pesca, la zona costera, etc. Finalizo la enumeración, porque solamente enunciando los desatinos, sube un calorcillo hacia la faz que tiñe de rojo.
Afortunadamente, los juzgados, la Justicia, no toda, claro está, que aquí también hay tajo, pero alguna bienintencionada, ponderada y equilibrada, que parece estar por la labor de devolver, en lo que sea posible, la cordura a un país que la está perdiendo a marchas forzadas, se pronuncia contra los disparates o las pretensiones que vulneran el sentido común. Sorprende, ciertamente, cómo es posible mantener en pie la cara, tras haberla expuesto en las pantallas de las ruedas de prensa y al poco, a veces solamente días, verse enmendadas por algún pronunciamiento judicial. No digamos ya, la contestación que están tomando las iniciativas gubernamentales en las calles. El PP hace gala de un sistema contable, el que usa para contar que, por igual, trata a las gentes que se manifiestan, buena parte de los cuales simplemente resultan invisibles para el partido gobernante, del mismo modo que los presuntos e impresentables cobros que los sucesivos tesoreros del partido popular presuntamente regalaban al amparo de una trama, cuyo alcance está intentando, por todos los medios, mantener oculto, pero que, saliendo de los bolsillos de los españoles, ha engordado a amigos y conocidos y, algo ha caído en los bolsillos de estos despabilados. La Justicia tiene una papeleta histórica, por cuanto los ciudadanos confiamos en ella, como tabla de salvación, capaz de desvelar las tramas ocultas, así como poner coto a la sangría en la que hemos vivido por mor de estos presuntos asaltadores de vía estrecha.
En un intento suicida de este PP, acosado por circunstancias tan adversas, el ventilador funciona a todo gas. Las envidias obran así. Si tú no te ves afectado y yo sí, ¡ya te vas a enterar! Ahí estamos. Y los ciudadanos, confundidos, aturdidos, conmocionados e incapaces de distinguir donde está la línea de salida. Los problemas son tan variados que no somos capaces de ponerlos en orden. ¿Qué es primero? ¿Qué es lo más urgente? ¿Qué es lo más necesario resolver? A ver, parémonos: ¿Tenemos claro cuál es el primer problema, de entre la variedad de oferta que nos hace el PP, al que tenemos que destinar nuestros esfuerzos? Siendo todos de alcance, ¿podemos desbrozar y discernir por donde debemos empezar? Porque ¿no será una técnica premeditada del PP el confundirnos con tantos frentes, para que, al final, la teoría del shock de los neoliberales sea la que aquí se está propiciando? Sería tremendo llegar después a la conclusión de que hemos sido colaboradores necesarios de nuestro propio desastre.
En este escenario, se incorpora la cuestión de la monarquía. Indiscutiblemente, en el fondo, el problema es de la misma índole que el que acucia al PP y sus Tesoreros, o a la amnistía fiscal, o a los famosos trajes valencianos, o a las amistades gallegas, o ala trama Gürtel, etc. Es decir, una vulgaridad, tratándose de la Corona. Irrita, de igual modo que todas estas ventanas que invitan al despropósito y al delito. No es casual que emerja este problema ahora, dado que con el fondo del escenario en el que hemos vivido, se confunden actores con el propio fondo. En un entorno como el balear o el valenciano, o el madrileño, en los momentos en los que el consorte de la infanta se desenvolvía, no desentonaba su actuación, evidenciando, solamente, que los criterios de selección del consorte, en su día, fueron tan laxos como para que dándole la oportunidad, picara, como la larga lista de encausados en los otras tramas, ya que todo parece indicar que picó, que hizo bocado. Así que hoy, no es extraño que la Institución monárquica sea objeto de críticas, como lo son las demás Instituciones implicadas: Gobiernos, Parlamento y Asambleas regionales e incluso el propio Poder Judicial. La propia conducta de miembros de la familia real ha suscitado la ruptura del silencio autoimpuesto en tiempo pasado por los medios de comunicación, que se mantenían ajenos a todos los aspectos negativos de la Corona. Hoy, hay una oposición constatable al actual régimen monárquico parlamentario. Algunos mezclan esta cuestión con las anteriormente señaladas, como una más, sin advertir los matices que las actuales circunstancias introducen de forma inquietante: ¿se preguntan los oráculos de la República por quien o quienes, hoy, tienen opciones a presidirla? ¿Remediaría esto, en algo, los problemas que nos afectan, hoy, de forma grave? Si tenemos una contestación clara a estos temas, tampoco es cuestión de que abandonemos las convicciones, ¿por qué íbamos a hacerlo?, solamente hay un indicador razonable que sugiere aplazar para otro momento más propicio la cuestión de la naturaleza del Estado. No todos los momentos son iguales e indistintos para todas las cosas. No nos podemos perder de la dirección en la que está nuestra salida a nuestros actuales problemas: el sistema productivo, el empleo, el bienestar, el reparto de la carga fiscal, la sanidad, etc. son ahora prioritarios. Y sobre todo, por encima, y antes, mucho antes que los citados, la recuperación de los derechos ciudadanos que estamos perdiendo cada día, porque se están yendo por los sumideros del tiempo. Inestabilidades, las justas. Eso sí, cada cosa en su momento, no nos amontonemos, que, probablemente, esa sea la estrategia de un PP acorralado por su propia ineficacia e incapacidad. Cada cosa en su momento, si y sin perder ni ideales, ni principios. Peor es el olvido, que es la forma más sutil del maltrato.
Alberto Requena es Presidente del Partido Socialista de la Región de Murcia
Afortunadamente, los juzgados, la Justicia, no toda, claro está, que aquí también hay tajo, pero alguna bienintencionada, ponderada y equilibrada, que parece estar por la labor de devolver, en lo que sea posible, la cordura a un país que la está perdiendo a marchas forzadas, se pronuncia contra los disparates o las pretensiones que vulneran el sentido común. Sorprende, ciertamente, cómo es posible mantener en pie la cara, tras haberla expuesto en las pantallas de las ruedas de prensa y al poco, a veces solamente días, verse enmendadas por algún pronunciamiento judicial. No digamos ya, la contestación que están tomando las iniciativas gubernamentales en las calles. El PP hace gala de un sistema contable, el que usa para contar que, por igual, trata a las gentes que se manifiestan, buena parte de los cuales simplemente resultan invisibles para el partido gobernante, del mismo modo que los presuntos e impresentables cobros que los sucesivos tesoreros del partido popular presuntamente regalaban al amparo de una trama, cuyo alcance está intentando, por todos los medios, mantener oculto, pero que, saliendo de los bolsillos de los españoles, ha engordado a amigos y conocidos y, algo ha caído en los bolsillos de estos despabilados. La Justicia tiene una papeleta histórica, por cuanto los ciudadanos confiamos en ella, como tabla de salvación, capaz de desvelar las tramas ocultas, así como poner coto a la sangría en la que hemos vivido por mor de estos presuntos asaltadores de vía estrecha.
En un intento suicida de este PP, acosado por circunstancias tan adversas, el ventilador funciona a todo gas. Las envidias obran así. Si tú no te ves afectado y yo sí, ¡ya te vas a enterar! Ahí estamos. Y los ciudadanos, confundidos, aturdidos, conmocionados e incapaces de distinguir donde está la línea de salida. Los problemas son tan variados que no somos capaces de ponerlos en orden. ¿Qué es primero? ¿Qué es lo más urgente? ¿Qué es lo más necesario resolver? A ver, parémonos: ¿Tenemos claro cuál es el primer problema, de entre la variedad de oferta que nos hace el PP, al que tenemos que destinar nuestros esfuerzos? Siendo todos de alcance, ¿podemos desbrozar y discernir por donde debemos empezar? Porque ¿no será una técnica premeditada del PP el confundirnos con tantos frentes, para que, al final, la teoría del shock de los neoliberales sea la que aquí se está propiciando? Sería tremendo llegar después a la conclusión de que hemos sido colaboradores necesarios de nuestro propio desastre.
En este escenario, se incorpora la cuestión de la monarquía. Indiscutiblemente, en el fondo, el problema es de la misma índole que el que acucia al PP y sus Tesoreros, o a la amnistía fiscal, o a los famosos trajes valencianos, o a las amistades gallegas, o ala trama Gürtel, etc. Es decir, una vulgaridad, tratándose de la Corona. Irrita, de igual modo que todas estas ventanas que invitan al despropósito y al delito. No es casual que emerja este problema ahora, dado que con el fondo del escenario en el que hemos vivido, se confunden actores con el propio fondo. En un entorno como el balear o el valenciano, o el madrileño, en los momentos en los que el consorte de la infanta se desenvolvía, no desentonaba su actuación, evidenciando, solamente, que los criterios de selección del consorte, en su día, fueron tan laxos como para que dándole la oportunidad, picara, como la larga lista de encausados en los otras tramas, ya que todo parece indicar que picó, que hizo bocado. Así que hoy, no es extraño que la Institución monárquica sea objeto de críticas, como lo son las demás Instituciones implicadas: Gobiernos, Parlamento y Asambleas regionales e incluso el propio Poder Judicial. La propia conducta de miembros de la familia real ha suscitado la ruptura del silencio autoimpuesto en tiempo pasado por los medios de comunicación, que se mantenían ajenos a todos los aspectos negativos de la Corona. Hoy, hay una oposición constatable al actual régimen monárquico parlamentario. Algunos mezclan esta cuestión con las anteriormente señaladas, como una más, sin advertir los matices que las actuales circunstancias introducen de forma inquietante: ¿se preguntan los oráculos de la República por quien o quienes, hoy, tienen opciones a presidirla? ¿Remediaría esto, en algo, los problemas que nos afectan, hoy, de forma grave? Si tenemos una contestación clara a estos temas, tampoco es cuestión de que abandonemos las convicciones, ¿por qué íbamos a hacerlo?, solamente hay un indicador razonable que sugiere aplazar para otro momento más propicio la cuestión de la naturaleza del Estado. No todos los momentos son iguales e indistintos para todas las cosas. No nos podemos perder de la dirección en la que está nuestra salida a nuestros actuales problemas: el sistema productivo, el empleo, el bienestar, el reparto de la carga fiscal, la sanidad, etc. son ahora prioritarios. Y sobre todo, por encima, y antes, mucho antes que los citados, la recuperación de los derechos ciudadanos que estamos perdiendo cada día, porque se están yendo por los sumideros del tiempo. Inestabilidades, las justas. Eso sí, cada cosa en su momento, no nos amontonemos, que, probablemente, esa sea la estrategia de un PP acorralado por su propia ineficacia e incapacidad. Cada cosa en su momento, si y sin perder ni ideales, ni principios. Peor es el olvido, que es la forma más sutil del maltrato.
Alberto Requena es Presidente del Partido Socialista de la Región de Murcia
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