Desde estas líneas quisiera enviarle mis más sinceros deseos del mejor futuro para Esperanza Aguirre, en lo personal y en lo privado, en su vida pública y en su entorno familiar. Ser adversario político no significa que el juego limpio forme parte tanto de los debates como de las despedidas.
Es difícil encontrar a alguien con una capacidad de comunicación y repentina respuesta sobre cualquier tema ordinario como la presidenta saliente. Animal político, mujer de temperamento, digna adversaria de extraños pero también de propios.
Defensora de una doctrina tan simple como anticuada, el tardoliberalismo, pero defendida, empero, con convicción y pasión. No ha sido, a pesar de su esfuerzo, lo mejor que le ha podido pasar a esta región que alberga con la esperanza en minúscula puesta en un futuro que le abra la puerta al porvenir.
Madrid perdió su oportunidad con gobiernos de derechas, conservadores que se hacían llamar liberales, que perdieron el tiempo en numerosas ocasiones sin ser capaces de alentar las capacidades de sus ciudadanos y hacer aflorar el valor de sus instituciones.
Madrid, en esa desesperanza, parecía servir de trampolín, en vez de rompeolas, de sus dirigentes más señalados. Ahora, atención, tan solo unos meses después de las últimas elecciones autonómicas, ninguno de los números uno, ninguno de los que fueron cartel electoral, ni Alberto Ruíz-Gallardón, ni Esperanza Aguirre, encabezan las dos máximas instituciones regionales. En tan solo unos pocos meses.
Aun respetando la decisión de Aguirre, en menor medida la deserción de Gallardón, no podemos más que hacer de la necesidad virtud, de esta crisis de gobierno una oportunidad para el cambio.
Éste es el primer día de un nuevo futuro, el lunes que se recordará como aquel en el que la política regional dejó de pivotar únicamente en la política de la comunicación y la propaganda. Es tiempo de una nueva estrategia de empleo, una política fiscal coherente, un gobierno que impida los recortes educativos y las excentricidades en las declaraciones, una sanidad que vuelva a ser universal, una región, en suma, moderna y próspera.
No existe sustituto de Aguirre. No hay nadie que pueda sustituirla. La elección de un nuevo presidente por una cámara tan de derechas no es más que un período transitorio que tiene que dejar paso a una nueva orientación política.
La puerta se ha abierto y por ella ha de pasar la alternativa. Un nuevo proyecto que nada tenga que ver con el que se va. Pasamos los madrileños de la Esperanza a la esperanza, del pasado al futuro, del conservadurismo a veces reaccionario a la posibilidad, al menos, de un progreso mejor para todos nosotros.
Repito, le deseo lo mejor en lo personal.
Antonio Miguel Carmona es miembro del Comité Federal del PSOE
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