La voluntad sin optimismo se convierte en un motor de hojalata retrógrada, al que le cuesta prender una chispa en las frías mañanas de enero. Esta falta de esperanza civil en las praxis institucionales, es el veneno suicida que se propaga por los capilares de un organismo enfermo llamado capitalismo. La falta de recetas económicas y la mirada atrás a los males del ahora; sitúan a los problemas presentes en una ecuación mal planteada, donde la comprobación de sus incógnitas termina por erosionar el tiempo malgastado. La España de los cangrejos - como diría Charles Dickens, si levantara la cabeza – ha ido acelerando por la senda de la derecha la marcha atrás hacia las calzadas del conservadurismo.

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