Miércoles, 22 de Mayo de 2013
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José García Abad
Ya no creo en mi banco, ni en el Banco de España. Ni siquiera en el Banco de Inglaterra
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Emo Insights ha publicado una encuesta realizada entre usuarios de bancos, o sea todos nosotros, que muestra lo que ya suponiamos: el deterioro de la confianza que se habia depositado en ellos.

Más allá de los datos concretos de la muestra se detecta algo más profundo que un juicio comercial sobre un sector económico más.

Se observa una decepción profunda por el comportamiento de entidades con las que el ciudadano ha mantenido una relación sagrada subrayada por el secreto de confesión.

Se ha roto entre los ciudadanos algo más profundo que la confianza. Se ha roto la fe.

La cultura financiera se ha elevado últimamente a palos. Se observa un número creciente de ciudadanos que mantiene relaciones con más de un banco y que puede discutir con los empleados en términos de igualdad comercial.

El bancario intenta venderle a uno lo que sus jefes le han mandado colocar en un ansia tremenda por conseguir liquidez  y el cliente escaldado afina lo indecible.

Sin embargo, a pesar de las dolorosas experiencias vividas, la mitad de los consultados siguen casándose con un solo banco y confiando sus dineros a la entidad con la que siempre han trabajado.

Pero es evidente que la desafección crece en buena parte justificada por experiencias amargas respecto al comportamiento bancario que en ocasiones se ha situado en la frontera con la legalidad y más allá de lo que la decencia autoriza.

Van quedando pocas cosas en las que creer cuando ha caído en picado el Banco de España, una de las entidades más prestigiosas del país.

Algún día se sabrá como es posible que una persona inteligente como Miguel Ángel Fernández Ordoñez (MAFO) haya dirigido a nuestro banco central a la miserable situación en que se encuentra.

Parece que optó por no darse por enterado de la burbuja inmobiliaria, siguiendo la línea de conducta su antecesor Jaime Caruana.

El Banco de España es relativamente independiente. Solo relativamente. En realidad sigue siendo fuertemente dependiente del Gobierno y dicho sea en descargo de MAFO y de Caruana no hay Gobierno que se decida a pinchar una burbuja.

Pero Miguel Ángel Fernández Ordoñez fue más lejos que Caruana al no darse por enterado de la información que le proporcionaban los inspectores del Banco sobre la grave situación de las entidades vigiladas.

Y optó para mirar para otro lado con la esperanza de que el Sistema no se le cayera sobre su cabeza.

Asistimos a momentos apocalípticos. Hemos perdido la fe en el Banco de España  pero han caído también torres más altas, nada menos que el Banco de Inglaterra, la catedral  financiera del mundo tras las acusaciones perpetradas por los directivos de Barclays, otra entidad otrora prestigiosa.

Desaparece el mundo antiguo mientras el esperado, el de las instituciones de la Unión Europea y de forma concreta la entidad que vigile a nuestros bancos, les cuesta ver la luz.

José García Abad es periodista y analista político

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