Mientras Obama y Hollande lanzan mensajes a Merkel para que siga las riendas de Keynes. La Canciller continúa anclada en las aguas putrefactas de la austeridad. Las heridas de la II Guerra Mundial – decía un viejo profesor de historia contemporánea - siguen vivas en el orgullo alemán. La vuelta a los tiempos de Marshall significaría – en palabras del pensador – un retroceso a los avances conseguidos en la construcción de un concepto débil llamado Europa. El rescate a occidente por parte de Estados Unidos sería la peor patada que recibiría la posición ventajosa de Alemania en el pueblo de los pobres. La fórmula germana de "cuanto peor le vaya a la periferia mejor para nosotros" ha insuflado el aliento perdido al país de los Mercedes.
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