Viernes, 1 de Agosto de 2014
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Rafael Fernando Navarro
El ministro no tiene peluquera
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Hay palabras como astas de toro. Ingle adentro. Femoral arriba. Hasta incrustar la muerte en los suburbios del corazon. “Usted ha traicionado a los muertos” Rajoy embistiendo en la plaza grande del Parlamento. Brindando a su publico la muerte prefabricada de Jose Luis Rodriguez Zapatero. El Presidente exigiendo que devolviera el insulto a los corrales. Rajoy insistiendo en la cornada. Va por ustedes. Y los cabestros de vuelta. Y el asta atornillada en la sangre, encelada en la herida. Mayor Oreja apuntillando, Castellana arriba hasta Sol. Alcaraz banderillero, recosido el traje. De segunda mano la montera, regalo de Aznar, Aceves, Esperanza. Para rematar faena. Un sabado y otro y otro. Usted, presidente, ha formado una empresa temporal con ETA para entregar el Pais Vasco a los terroristas. Mayor Oreja daba un desplante y se llevaba su toro unico, el dolor ajeno, la desgracia de otros. Se guardaba a ETA en el bolsillo para hablar en Genova, en Callao, en Europa. No sabia de economia, de educacion, de hidrografia. Tampoco de ETA. Pero le tenia carino porque le permitia expandirse en la COPE, en Intereconomia, con Pedro J. o Losantos. El dia en que se acabara el terrorismo pediria una prejubilacion, admitiria un ERE y junto a Isabel San Sebastian o Carmen Gurruchaga podria tomar el sol con un Aznar de vientre tableteado.

El ministro del Interior ha diseñado un plan para una progresiva reinserción de los terroristas. Rajoy lo contradice saboreando su propia mentira. Pero se está acostumbrado a ello. Rosa Díez le ha echado en cara que está haciendo una labor antiterrorista igual a la de Zapatero. Y Rajoy se dice a sí mismo: a lo mejor estoy traicionando a los muertos. Pero mi caso es distinto. Yo soy presidente con mayoría y Zapatero es un exiliado al que puedo culpar de todo, hasta de la herencia genética, de la amputación de educación, sanidad, ley de dependencia y de la “aportación solidaria de todos arrimando unos pocos euros al mes en la medicación, en el traslado en ambulancia, en las tasas universitarias”

Ángeles Pedraza, presidenta de la AVT, fue la primera en reunirse con el ministro y el encuentro, según refiere El País, no fue satisfactorio, al punto que Pedraza advirtió a la salida que estudiarán salir a la calle a manifestarse contra el Gobierno como ya hicieron tantas veces contra el Ejecutivo de Zapatero. Pedraza le dijo claramente al ministro que las víctimas se sentían “traicionadas y engañadas” Y vino la representante de Foro Ermua, Inma García de Cortázar, que ve el plan de reinserción como “una gran victoria de ETA” y “un lamentable error” porque, en su opinión, el Ejecutivo de Rajoy no hace otra cosa que asumir como suyos “los acuerdos del PSOE con la banda”. Está traicionando a los muertos.

Faltaba Mamen Alvarez, esposa del caudillo Alcaraz, heroína de Elnett y Pantén marital, siempre portavoz de sangre ajena, de dolor transferido, de lágrimas crujientes como un tiro en la sien. Y rechazó las razones “humanitarias” expuestas por Fernández Díaz para justificar el plan de reinserción a presos de ETA. “Está traicionando a los muertos” Y el ministro imputándole el alma cubierta de venganza. Y ella exigiendo justicia. Y el ministro tatuado de zapaterismo dialogante. Y ella arrojándole sangre a la cara, como Rajoy a José Luis-presidente.

La memoria es el reencuentro del hombre con su propio corazón. Uno lleva por dentro palabras como embestidas de un monte. “Usted está traicionando a los muertos”, dijo Angeles Pedraza, dijo la mujer del Alcaraz, dijo García de Cortázar. Como un eco de aquella infamia macabra de un aspirante fragmentado en las urnas.

Hijo predilecto de un Aznar dialogante con el movimiento de liberación vasco, avergonzado de su propia historia, arrepentido de la palabra como arma cargada de futuro, humillado ante su propio fracaso. Escondido ahora detrás de su ministro del interior, empujando reinserción, abofeteado por su blasfemia: Usted, señor presidente, ha traicionado a los muertos.

Rajoy tuvo un sueño escalofriante esa noche: Mamen, Angeles, Inma le aplastaban contra una pared perforada de pistolas. Y el grito del odio, de la venganza, del rencor comprensible pero inútil: Usted, señor presidente hoy, aquí, ahora, está traicionando a los muertos.

Rafael Fernando Navarro es filósofo
Blog Marpalabra

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