16 de Mayo de 2012
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Ion Antolín Llorente
Cuestión de orden
La muerte y la sonrisa
Leo la noticia de tu muerte en diario de tirada nacional. Como los grandes. Seguramente jamás imaginaste que tu figura, tan peculiar como incómoda a la vista, pudiese llegar a convertirte en un icono de la televisión de nuestro país. Quiero creer que no lo hiciste, porque tras ese aparataje mediático que te acompañaba en tus apariciones televisivas, habitaba una persona humilde y sincera, que recibía la vida como le llegaba, sin hacerse más preguntas que las relativas a lo que sucedería el día siguiente. Te recuerdo como a un grande, porque así mereces ser recordado.

Se me vienen a la mente las interminables noches de amigos los fines de semana, en las que jamás nos cansábamos de repetir esas frases tuyas, tan tuyas, genuinamente tuyas. Nos reíamos contigo, no de ti, porque en el fondo estábamos agradecidos, y lo seguimos estando, a todos los que como tú nos acompañaban en nuestras evasiones de los sinsabores que traía la semana. “¿Has tirao la fruta?”, decía Toño, encorvado frente a la barra, como tú eras, mientras otro contestaba “¡Amparo!”. Qué homenajes al absurdo imborrables se construyen sobre la base de tan poco, o de tanto. Qué sensaciones de vacío se sienten ante la marcha a mejor vida – espero – de personajes olvidados por el gran público, y como contrastan con la indiferencia con la que se reciben otras partidas de prohombres de la patria. Así recibe cada uno las malas noticias. A su manera. Manolo, Manolito, ayer, al leer las líneas que anunciaban que nos dejabas para siempre, se me hacía complicado sopesar la idea de no volver a verte representando esos papeles de novela rosa en los que conocías todos los diálogos de memoria, aunque jamás los recitases con las mismas palabras.

Pocas veces conocemos la noticia de una muerte, e inmediatamente esbozamos una leve sonrisa en nuestros labios. Ese triunfo sobre la parca sólo está reservado a los elegidos. Manolo Reyes, Pozí, lo era. Los ratones coloraos y las crónicas marcianas lo metieron en nuestra casa, y sus últimos días los pasó con las penalidades que suelen suceder a los éxitos logrados con rapidez inusitada. Pero nada podrá hacernos olvidar tu sonrisa pícara y sincera, ese humor incompresible, esas frases recitabas con tanto sentimiento, y carentes de todo sentido. No tendrás homenajes ni salvas de honor Manolo, y no será porque no los merecías. Nos queda tu legado. Youtube será el santuario al que peregrinaremos tus incondicionales, para volver a ver una vez más tus correrías. Friki, del inglés freak, quiere decir extraño, extravagante, estrafalario. Bendito friki fuiste Manolo, último recuerdo de una televisión que todavía podía mirarse al espejo sin apartar la vista. De humor sano. De sonrisas, hasta en el día de tu muerte. Descansa en paz, Pozí. Distruta, Manolito.

Ion Antolín Llorente es periodista y blogger
En Twitter @ionantolin

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